El arte de inventar, una pasión vocacional

Tienen entre 16 y 25 años, y prefieren buscarle soluciones a problemas de ingeniería que salir a bailar. Ya han ganado concursos, sueñan con fundar sus propias empresas e imaginan un futuro en el que se mezclen creatividad y practicidad
Tienen entre 16 y 25 años, y prefieren buscarle soluciones a problemas de ingeniería que salir a bailar. Ya han ganado concursos, sueñan con fundar sus propias empresas e imaginan un futuro en el que se mezclen creatividad y practicidad
Cintia Perazo
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10 de noviembre de 2012  

Suele creerse que la adolescencia es una etapa de diversión, donde sólo se estudia para aprobar las materias y cumplir con el mandato paterno. Pero existen jóvenes que se interesan realmente por lo que aprenden y sueñan con aportar creaciones valiosas para la sociedad.

Lucas Ruiz Díaz, por ejemplo, tiene 25 años y estudia Ingeniería en Electrónica en el Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA). "La carrera que elegí no es sencilla. Paso muchas horas estudiando, investigando y probando. Suelo sacrificar salidas con amigos, la práctica de un deporte y horas de sueño, pero la emoción que se siente al ver que lo que uno se imaginó y planificó termina siendo algo que funciona y que se puede usar es indescriptible", asegura.

Su vocación nació a muy temprana edad. "Desde el día en el que me regalaron mi primer Lego no paré de armar y crear. Siempre supe que quería trabajar haciendo cosas útiles y tenía intriga por saber cómo funcionan los aparatos que usamos cotidianamente", relata.

En su facultad, Lucas desarrolló una máquina que, controlada por computadora, hace las perforaciones en las plaquetas de circuitos impresos que se utilizan en equipos electrónicos. Asegura que no quiere dejar de estudiar cuando egrese. "Mi sueño es hacer un posgrado en el exterior. Siempre digo que si te gusta realmente lo que hacés nunca parás de estudiar." Es cierto.

Tecnología + ecología

A pesar de no haber concurrido a un colegio técnico, Martín Churuvija, de 25 años, empezó a experimentar con circuitos desde que tenía 10. Aunque no sabía nada del tema, había conseguido prender una lamparita o un motor con una pila. "Eso era suficiente para hacer juegos de preguntas con múltiples opciones, en los que solamente la respuesta correcta prendía la lamparita, o autos con dirección controlable. Incluso mi proyecto final en el colegio fue un auto que funcionaba con paneles solares", recuerda.

La vocación también surgió en su caso cuando era niño. "De chico tenía gran interés por entender cómo funcionaban las cosas, para desgracia del control remoto, el teléfono y el secador de pelo."

Martín Tenenbaum tiene un proyecto de rehabilitación motriz
Martín Tenenbaum tiene un proyecto de rehabilitación motriz Crédito: Diego Spivacow Y Martín Felipe / AFV

Martín también eligió la carrera de Ingeniería en Electrónica, pero con orientación mecanotrónica. "La electrónica siempre me fascinó. Es flexible, adaptable, evoluciona y tiene la particularidad de que, de la mano de la mecánica, te permite encontrar soluciones a incontables problemas cotidianos", dice.

Lo interesante es que el otro gran amor de Churuvija es la ecología y logró unir sus dos pasiones en un solo invento. "Mi proyecto final de estudios es un control automático de ambiente y de riego para pequeños invernaderos, de bajo costo", comenta.

"Para hacer este sistema sacrifiqué vacaciones, fines de semana y salidas con amigos. Pero por otra parte, para suerte de mis amigos, mis conocimientos me ayudan a detectar fallas en circuitos y, de este modo, pude arreglar la pedalera de la guitarra eléctrica de un amigo y el control de los relojes de la cancha de básquet", dice con una sonrisa pícara.

Actualmente Martín forma parte de un emprendimiento familiar que desarrolla máquinas para frutihorticultura. "De chico tenía curiosidad por la electrónica y gusto por la naturaleza; ahora hago estas máquinas, que son exactamente lo que me gusta hacer."

De pequeño, Martín Tenenbaum se sintió atraído por los juegos de ingenio, de estrategia y de lógica. Siempre le gustaron las actividades que lo obligaran a buscar distintos caminos para llegar a un mismo objetivo. Este chico de 18 años, que cursa el último año de la Escuela Técnica ORT, acaba de terminar su proyecto final: un sistema de rehabilitación motriz. "Tiene como objetivo poder corregir el movimiento de un paciente con problemas motrices, sin que sea necesaria la presencia del kinesiólogo. Guía al paciente para que haga un tratamiento de la forma más eficiente posible y el kinesiólogo sólo deberá supervisar el proceso de rehabilitación", explica.

Cuando piensa en su futuro, Tenenbaum se imagina trabajando en una empresa de desarrollo de sistemas o de juegos. En el corto plazo quiere ingresar en la Universidad Tecnológica Nacional, donde piensa recibirse de ingeniero en sistemas. "Pensando más a futuro me encantaría poder tener mi propia empresa de desarrollo informático. Pero para eso primero debo recorrer un largo camino."

Trabajo en equipo

Lien Tori, de 26 años, y Kai Yang, de 25, estudian Ingeniería en Electrónica en el ITBA. Ellos dos se unieron con tres compañeros (Mathias Angélico Engelhardt, Lucas Cassano y Manuel Rodrigues Lima) e hicieron un desarrollo de un piloto automático para embarcaciones de motor. "Está compuesto por un microprocesador, un módulo GPS y un módulo Zigbee, para comunicación inalámbrica. Al utilizarlo se fija un recorrido de la PC a la embarcación. La lancha obtiene información de la posición y la velocidad en la que se mueve, y la utiliza para de manera autónoma corregir el rumbo. Por otro lado, utilizando el módulo Zigbee la embarcación transmite el camino realizado y la velocidad adquirida en tiempo real a una computadora para su visualización en Google Maps. La implementación se hizo en un modelo a escala", explica Lien.

En el futuro, a Lien le gustaría ingresar en una compañía y realizar allí tareas orientadas a la electrónica industrial. "Quisiera trabajar en una empresa sólo por un tiempo, luego me gustaría independizarme, tener mi propio emprendimiento. Ya estoy trabajando para poder lograrlo." Kai, por su parte, tiene el sueño de trabajar en Japón. "Fui hace dos años y me encantó. También me gustaría ingresar en una empresa relacionada con la domótica o empezar algún emprendimiento propio."

Pasión por los desafíos

Brian Bokser y Martín Goffan, de 16 años, son compañeros del secundario en la escuela ORT.

Martín Goffan estudia en el secundario y ya se siente un inventor
Martín Goffan estudia en el secundario y ya se siente un inventor Crédito: Diego Spivacow Y Martín Felipe / AFV

Como la mayoría de los chicos de su edad, les encanta la música, salir con amigos y jugar al fútbol, pero su gusto por la tecnología y su obsesión por lograr que les haga más fácil la vida a las personas los obliga a dedicar más tiempo al estudio y la investigación que sus amigos. "De niño siempre me interesó entender cómo funcionan las cosas y era bastante curioso -recuerda Brian, que sueña con trabajar en una empresa de tecnología como Google o Facebook-. Creo que en estas compañías se vive un ambiente que incentiva la creatividad, el trabajo en equipo y el progreso personal, a través del aprendizaje", resume.

Goffan recuerda claramente cómo le atraían los juegos donde había que buscar alternativas para cumplir un objetivo. Nunca dejaba que lo ayudaran a solucionar problemas de ingenio.

Hoy le gusta lo que hace y confiesa sentirse un inventor. "En el colegio tenemos que desarrollar proyectos que nosotros mismos definimos y los profesores son nuestros tutores, por eso creo que los alumnos de TIC somos inventores."

En septiembre, Brokser y Goffan decidieron participar del evento Facebook World Hack. Junto con dos diseñadores que asistieron al evento tuvieron que hacer una aplicación basada en la red social. Allí presentaron un juego que incentiva las relaciones en el mundo físico por medio de una plataforma virtual.

"El objetivo es juntar puntos al conocer gente en el mundo físico, a partir de la foto del perfil del Facebook. Esta aplicación te induce a contactar gente y solicitarle un código que permite comprobar que realmente se conocieron. Esta idea, que hicimos sólo en seis horas, resultó la ganadora", dice con orgullo Brokser.

Al preguntarle sobre su futuro, Goffan piensa un momento y aunque asegura que aún es muy temprano para planear su vida, reconoce que el camino que va a elegir no será el que le resulte más fácil. "Me encantan los retos, especialmente aquellos que involucran algún tipo de solución ingeniosa. Creo que los desafíos abundan y no sólo en las innovaciones, también están allí, en cosas existentes. Sólo es necesario mirarlas de otra manera, darles otro enfoque", reflexiona.

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