El fin de la era de la PC y otros sofismas

Ariel Torres
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23 de octubre de 2010  

La era posterior a la PC se viene anunciando prácticamente desde... ¡Desde los inicios de la era de la PC!

No tengo muy claro por qué nos pasa esto a los humanos, pero basta que aparezca una tecnología disruptiva para que casi de inmediato nos pongamos a fantasear con su desaparición. Quizás ocurre que sentimos nostalgias al estilo de Séneca, añoramos un mundo donde las cosas eran más claras, más simples, con reglas que no cambiaban cada semana. Un mundo que en rigor fue el producto de alguna otra tecnología disruptiva, pero bueno, no tomamos eso en consideración. Vivimos mejor gracias a la tecnología, pero suscribimos el adagio de que todo tiempo pasado fue mejor.

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La PC es el ejemplo más emblemático, pero no el más agudo. El del iPhone, en cambio, fue casi convulsivo. No habían pasado dos meses cuando los analistas funerarios empezaron a pronosticar los iPhone killers . Todavía los estamos esperando. Pero hay algo más serio: no se daban cuenta de que la única forma de vencer al smartphone de Apple era ofreciendo algo mejor, un iPhone mejor que el iPhone. Eso ya está cerca. Pero lejos de sellar el deceso del celular más mediático del mundo no hace sino ratificar que su idea perdurará.

A la PC, en cambio, le han sellado el acta de defunción una veintena de veces. Recuerdo cuando las set top boxes , unas cajitas que convertían el televisor en limitadas computadoras con torpe acceso a Internet, iban a hacer desaparecer la PC. Ocurrió exactamente lo contrario. Fueron las set top boxes las que fracasaron. Recuerdo la cantidad de precioso tiempo que extravié debatiendo sobre este asunto diez o doce años atrás. No obstante, en aquellas discusiones por lo menos había una cierta lógica. Mucha gente muy asustada por la complejidad, variedad, las opciones y el poderío de la PC e Internet expresaba su deseo de que todo el asunto se simplificara un poco. Al menos las set top boxes no eran computadoras personales, eran casi su opuesto.

Ahora hemos llegado al colmo de la tontería. Pasado en limpio, el argumento es que la PC va a ser desplazada por las tablets y smartphones. Es decir, la PC va a ser desplazada por la PC.

Me explico.

Ida y vuelta a la Luna

El otro día lancé en Twitter la siguiente frase: "Después de 2 horas con la iPad digo: Quiero mi PC de vuelta (PC, notebook, netbook, teclado y libertad para instalar cosas!!!)". Había tocado un nervio sensible, porque muchos la republicaron en sus propias líneas de tiempo (eso que se llama retuitear). Otros me pidieron que ampliara esa idea en un artículo. No, no soy el único que se siente constreñido con una tablet ni que encuentra que todo el debate sobre la desaparición de la PC es una monumental zoncera.

Así que, ¿por qué no hacernos la pregunta que incomoda a los tecno-sepultureros? Es decir: ¿qué es una computadora personal?

La primera definición que me viene a la cabeza es que se trata menos de un dispositivo que de una idea, la de poner en manos de las personas como usted y como yo una forma de poder que durante casi medio siglo nos estuvo vedada: el cómputo informático de propósito general.

Para cuando apareció la PC ya teníamos varias formas de cómputo a nuestro alcance, pero sus aplicaciones eran limitadas. A nadie (salvo a un puñado de visionarios, como Steve Jobs, Philip Don Estridge y Bill Gates) le parecía razonable proveer a las personas comunes de un sistema de cómputo cuyas funciones no estuvieran limitadas a un escueto menú. Es decir, que pudiéramos contar con algo programable. Algo que pudiéramos programar para que hiciera cualquier cosa que se nos diera la gana. Piénselo: para principios de la década del 80 la humanidad había llegado a la Luna, pero en nuestras propias casas lo más avanzado que teníamos para producir contenidos era la máquina de escribir, cuya patente es de 1867. Nuestro mundo privado atrasaba más de un siglo.

Las encarnaciones iniciales de la revolución que se avecinaba fueron las toscas primeras PC. Diminutas en comparación con los centros de cómputo de la época, que ocupaban pisos enteros, e infinitamente menos potentes, hoy nos parecen inmensas si las colocamos al lado de una netbook. Curiosamente, las primeras PC también eran lentas comparadas con las actuales.

Medido en millones de instrucciones por segundo, el poder de estas máquinas creció más de 95.000 veces desde entonces. Si los autos hubieran disfrutado de idéntico avance, un sedan familiar marcharía a una velocidad máxima de 15 millones de kilómetros por hora. O sea que podría viajar ida y vuelta a la Luna más de 18 veces en una hora. O darle 375 vueltas a la Tierra en ese mismo plazo.

En rigor, equipos que hoy ya están obsoletos, como el Pentium Pro, eran más de 700 veces más veloces que las primeras PC, que además no tenían ventanas, íconos, mouse o Internet. No reproducían audio ni video ni mostraban fotos en color de 32 bits; sus pantallas eran en blanco y negro (o ámbar o verde), pero eso no era lo realmente malo. El gran paso adelante fueron los adaptadores CGA, que en modo gráfico sólo podían mostrar (espero que esté sentado) ¡cuatro colores simultáneamente!

No obstante, hoy seguimos llamando PC a una bestia cuya pantalla puede mostrar 4200 millones de colores en animaciones fotorrealistas que se proyectan en 3D.

Así que tenemos un pequeño problema de razonamiento aquí. O bien la PC murió hace mucho o bien casi todas sus características técnicas son irrelevantes en el momento de clasificar esta clase de equipos. Es decir, importa poco si tiene pantalla sensible o un teclado que pesa un kilo y medio, si viene con 64 KB de RAM o con 8 GB, si tiene o no disco duro, si usa ventanas y mouse o sólo ofrece la lacónica interfaz negra de antaño, si podemos oír música con calidad de CD y ver películas en Blu-ray o si tan sólo emite lastimeros bips por un parlantito que avergonzaría a la Spica.

Después de darle unas pocas vuelas descubrimos que hemos llamado PC a demasiadas cosas. Pero un solo rasgo ha caracterizado todas esas máquinas y las han convertido en factor de cambios históricos, y ese rasgo está en su nombre: computadora personal. No necesitamos más definición que ésa. Cualquier dispositivo que nos provea una porción significativa de cómputo informático de propósito general sin limitaciones de ninguna índole es una computadora personal. Si el teclado está en una pantalla táctil es por completo secundario. No se trata de cómo hacemos algo con la PC, sino de que no hay límite para lo que podemos hacer, excepto los impuestos por el estado del arte. En 1981 no existía la tecnología para fabricar la iPad o la Galaxy Tab, ni para conectarse a Internet a 3 megabits por segundo desde casa; hoy no existe la tecnología para fabricar lo que veremos dentro de 30 años. Eso es un asunto menor.

¿Qué es una notebook? Una PC portátil. ¿Y una tablet? Una PC con pantalla sensible. ¿Y la netbook? Una PC más portátil todavía. ¿Qué es un smartphone sino una pequeña PC de bolsillo que a veces (pocas veces, cada vez menos) usamos para hablar?

Plantearse seriamente el fin de la era de la PC en rigor es renunciar a un derecho adquirido, una conquista humana tan importante como el libro o la democracia, hija de ambas, por lo demás. Cualquier gobierno autoritario volvería a respirar tranquilo si por fin llegara la era post PC.

Historias con carácter

Fue Steve Jobs quien tuvo la idea de conectar un teclado y una pantalla a las computadoras; así nació la Apple I, y fue una idea devastadora para la competencia. Casi 35 años después parece que el teclado estorba. Claro que estorba, porque refuta el razonamiento de los enterradores de la PC.

El teclado físico convencional de 105 teclas es el mecanismo más perfecto que hemos ideado para producir texto. Y eso que fue diseñado para entorpecer esta tarea. En efecto, la distribución QWERTY se estableció para que los mecanógrafos veloces no trabaran los rústicos mecanismos de las primeras máquinas de escribir. Pese a esto, sigue siendo imbatible para producir texto.

El dictado sigue ausente, primero, por cuestiones técnicas; segundo, porque en un lugar donde mucha gente está escribiendo, como esta Redacción o un cibercafé, sería un caos que todos estuvieran dictando; tercero, porque hay cosas que no queremos dictar, sino mantener privadas, como mails, chat y cosas así.

Las pantallas sensibles han innovado todas las formas de entrada de datos, excepto una: el teclado es una versión reducida del real. Por esto resulta más incómodo, lento y cansador. No hay ningún misterio aquí. Algo semejante ocurre con las netbooks, que al menos ofrecen la ventaja de que las teclas, pese a ser pequeñas y estar demasiado juntas, se mueven. Es un mecanismo que realmente accionamos. Hasta que no encontremos la forma (quizá no falta tanto, pero falta) de transmitir directamente del cerebro a la pantalla textos y cifras, el teclado no tiene igual.

Oh, sí, hay mucho de Hollywood en todo esto. Desde Minority Report hasta Iron Man , las interfaces donde manipulamos los objetos virtuales como si fueran reales nos hacen fantasear con lo que vendrá. Pero no sé si alguna vez lo notó: nunca se ve a nadie escribiendo largos textos. O editando extensas planillas de cálculo.

Entiéndase bien, no estoy diciendo que el teclado nunca vaya a ser superado ni que sea lo mejor para todo. En estos dos videos que me pasó por Twitter @ar_jorge1987 se ve a Jordan Rudess, tecladista de Dream Theater y Liquid Tension Experiment, haciendo gran música con una iPad; en uno de los casos, acompañado por John Petrucci, guitarrista de Dream Theater:

www.youtube.com/watch?v=np7t3t449cE

www.youtube.com/watch?v=8OI46zvcmWo

Es más: ya existen instrumentos musicales que ni Stradivarius ni Cristofori pudieron soñar. Pero producir >texto, escribir software, ajustar el código de una página Web e ingresar número en planillas, entre otras cosas, son actividades que requieren tipear caracteres uno por uno. De momento, no tenemos forma de negociar eso. El texto, el código fuente, el código de una página, las cifras, son hileras de caracteres.

Es verdad, mucho del código hoy puede reciclarse, gran parte del diseño Web se hace visualmente con el mouse (o con una pantalla táctil), pero en un punto siempre hace falta escribir. Para los periodistas, no hay otra forma de hacer el trabajo que ingresar todos los caracteres, uno por uno. El teclado real sigue a años luz de cualquier otra cosa en ese aspecto. Y no sólo por la parte de tipear.

Estuve probando Pages en la iPad, por ejemplo. Es muy lindo, pero a los 5 minutos, antes siquiera de ponerme a tipear, ya estaba rogando por un teclado real. ¿Por qué? Porque además de escribir editamos. Moverse por páginas, párrafos, oraciones y palabras se vuelve una segunda naturaleza con el teclado real. Es casi instantáneo. Ctrl+Flecha arriba y saltás al inicio del párrafo. Ctrl+Flecha a la izquierda y viajás de a una palabra por vez en esa dirección; con la derecha, en la opuesta. Usando a la vez Mayúsculas , seleccionás. Podés cortar, copiar y pegar fragmentos fácil y cómodamente, cambiar un formato completo o sólo pasar a negrita, cursiva o versales, todo con atajos. Nada de eso puede hacerse así en una pantalla táctil; para editar texto constituye un retroceso. O, para ser más justo, una concesión.

En junio, Jobs comparó la PC tradicional con los camiones, en el sentido de que van a seguir entre nosotros, pero "sólo una de cada x personas va a necesitar una" ( http://news.cnet.com/8301-13860_3-20006526-56.html ). Aunque dudo de que la desaparición del teclado en un mundo que se mueve gracias al texto y las cifras escritas sea tan rápida y simple como vaticina Jobs, su comparación pone las cosas en una perspectiva algo más realista. Las iPad también son PC, pero no tradicionales. Y de la misma forma que en un sedan no podemos cargar 9 toneladas de soja, un camión no entrará en la cochera del edificio. La PC no puede llevarse de aquí para allá; para eso tenemos la notebook o la netbook. Pero éstas son innecesariamente grandes, o complejas o ambas cosas si lo que buscamos es visitar sitios Web, leer libros, ver un video o responder unos pocos tweets.

Pero la sola idea de editar mi blog usando una tablet y la aplicación que corre en la nube me causa escalofríos. Con la netbook ya se complica. Una pantalla pequeña, un teclado pequeño, las aplicaciones en la nube, que tardan en responder... No quiero imaginarme si, además, tengo que hacer todo usando los dedos sobre la pantalla. Si con Pages me dio mucho trabajo, imagínese usar Wordpress o Blogger.

Sí, tal vez sea demasiado impaciente, pero para producir texto y código, deme la computadora más rápida del mercado, con una gran pantalla de alta resolución y el mejor teclado físico disponible. Para viajar, sin duda, me llevo una tablet, de ser posible pequeña. Salvo que tenga que mandar notas largas, en ese caso preferiré una netbook.

No, claramente no es el fin de la era de la PC. Es exactamente al revés. Es el principio de la era de la PC.

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