Los 30 años del celular

Entrevistamos a Martin Cooper, que hizo la primera llamada desde un teléfono celular el 3 de abril de 1973
Ricardo Sametband
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31 de marzo de 2003  

El 3 de abril de 1973, Martin Cooper caminaba por las calles de Nueva York. Se dirigía a una demostración pública de su prototipo de teléfono celular, en el que venía trabajando desde hacía meses, y decidió que lo testearía una vez más.

Se paró en una esquina cercana al hotel Manhattan Hilton (donde tenía que dar la conferencia de prensa, para mostrar el equipo que había diseñado para Motorola) y decidió hacer una llamada, desde la calle, a un teléfono común. Hasta ese entonces, el prototipo se había usado sólo en pruebas de laboratorio.

Pensó a quién podía llamar, y al instante lo supo: a Joel Engel, jefe de investigación en Bell Labs, el brazo científico de AT&T. Bell competía con Motorola para construir el primer teléfono celular. Pero Cooper le ganó de mano: discó el número, dejó que sonara, y cuando Engel atendió, le contó que lo llamaba desde un celular, parado en medio de la calle.

"Del otro lado sólo hubo un silencio asombrado", explicó Martin Cooper a LA NACION, en una entrevista telefónica.

Cooper ganó la carrera, y su diseño hizo historia: el mundo tenía en sus manos un dispositivo que cambiaría la forma en que nuestra sociedad se comunica.

La tecnología necesaria llegó recién en la década del 60, de la mano, justamente, de Engel y su gente en Bell Labs. Durante los años 70, tanto en Estados Unidos como en Europa y Japón comenzaron a construirse los primeros prototipos, pero fue Cooper el que realizó la primera llamada en una red pública desde un celular.

"Pero estaban todos equivocados. El principal motor, para Bell, era desarrollar teléfonos para autos. Y en Motorola no creíamos que eso estuviera bien. Para nosotros, la gente no quería hablar con un auto o con un escritorio, sino con personas -recordó Cooper-. Para demostrar esto construimos el primer celular. El concepto no era un teléfono para el auto, sino un número de teléfono que estuviera unido a una persona, sin importar dónde estuviera."

- ¿Qué reacción hubo entre la gente tras esa demostración?

-Fue extraordinario, todo el mundo estaba encantado. Pero mientras hacíamos los testeos la gente nos paraba en la calle, no entendían qué hacíamos... Hay que tener en cuenta que en ese entonces no había teléfonos inalámbricos de ningún tipo.

- Pero la telefonía celular no estaba lista.

-No. Pasaron diez años, de 1973 a 1983, para que pudiéramos dar el servicio en Chicago, mi ciudad natal, aunque construir el primer prototipo nos llevó apenas unos meses.

-Japón, en 1979, y Dinamarca, Finlandia, Noruega y Suecia, en 1981, lanzaron sus servicios comerciales de telefonía celular. ¿Por qué tanta espera en EE.UU.?

-Primero, por una cuestión técnica del gobierno (había que asignar parte del espectro de radio a un operador, etcétera), y además nosotros queríamos seguir desarrollando la tecnología. El primer teléfono, el que usé para esa llamada inicial, pesaba dos kilos y medio. Era enorme. Para 1983, después de gastar 100 millones de dólares en investigación y desarrollo, teníamos una quinta generación de equipos, que pesaba 800 gramos: los Motorola DynaTAC. Mi teléfono actual pesa 80 gramos.

- Ese celular costaba 3995 dólares. ¿Qué expectativas de venta tenían de algo de ese precio?

-Nuestro sueño era que reemplazaría al teléfono de base (el tradicional). Que algún día no tendría sentido para la gente ir hasta el escritorio para hacer una llamada. Que un número de teléfono estaría identificado con una persona, que no estaríamos atados a un escritorio, o que no tendríamos que quedarnos en casa esperando una llamada, porque contaríamos con un teléfono móvil. Pero claro, bajar eso a la realidad de un teléfono con ese precio requería mucha imaginación ( se ríe ). Así que calculábamos que tomaría unos 20 años.

"Todavía no llegamos a ese estado, pero nos estamos acercando; mucha gente en todo el mundo está dando de baja sus líneas fijas para quedarse sólo con la del móvil. Dentro de 10 años va a ser muy raro encontrar a alguien para el que su línea principal sea la de un teléfono fijo."

Cooper, hoy de 74 años, llegó a Motorola en 1954, con un doctorado en Ingeniería. "Siempre supe, desde chico, que era lo mío. En casa desarmaba todo lo que había cerca de mí, tratando de ver cómo funcionaba", recordó. Su primer trabajo fue desarrollar radios portátiles (tipo handy ) para policías y personal de aeropuertos. "Ahí descubrí lo importante que era para la gente poder comunicarse con alguien, no hablarle a un escritorio o una pared -afirmó-. En esa época, en la compañía nuestro slogan era Hacerlo más chico, más liviano . Para mí que eso había que aplicarlo también a los celulares."

- ¿Qué opina de los celulares actuales? Ofrecen muchas más herramientas (fotografía, música).

-Sí, y está muy bien, son muy útiles, pero creo que se está haciendo mal las cosas. La tecnología celular siempre estuvo pensada para transmitir voz, no datos. Y seguimos con un modelo de negocios anticuado, en el que la compañía de teléfonos le dice a la gente qué es lo que necesita, trata de imponer una herramienta, en vez de sondear los requerimientos de los usuarios. ¿La gente quiere acceder a Internet desde cualquier lado? Fenomenal, busquemos una manera de ofrecerlo, pero un browser metido en el teléfono no es la respuesta. No es cómodo, no es eficiente. Si uno diseña un aparato que hace mil cosas, el resultado será que, al final, no hará ninguna realmente bien. Hay que optimizar el servicio para la aplicación, y no al revés, sobre todo con los cambios que se vienen en cuanto al uso de estos dispositivos.

- ¿Por ejemplo?

-La fotografía en los próximos diez años va a cambiar dramáticamente. Si pudiera tener un dispositivo que tomara una foto y la mostrara en un segundo en la televisión, sin que tuviera que conectar cables ni hacer cosas complicadas, sería una revolución. Lo mismo para la música; el punto no es darme un disco de plástico para ponerlo en un reproductor, sino que yo, cuando quiera, pueda pedir escuchar mi música y la reciba sin importar dónde esté, y sin tener que esperar un siglo. Los fabricantes están tratando de meter todo eso en los teléfonos celulares nuevos, pero no es práctico.

"Si yo quiero ver una foto, pero de alta calidad, no una miniatura, un celular no sirve. Y lo mismo con la música, bajar un tema de buena calidad es lento y caro. Hay gente que compra cualquier cosa que sale al mercado (yo soy uno de ellos), pero el consumidor promedio busca algo que se adapte a su estilo de vida, sus necesidades, y eso casi nunca combina con un dispositivo multifunción.

- ¿Qué sucederá, entonces?

-Para mí, van a surgir montones de aparatitos especializados, todos inalámbricos y capaces de comunicarse entre sí. Cámaras, reproductores de audio, etcétera. Por ejemplo, si uno tuviera un accidente de auto, sería posible tener un sistema en el que el auto reportara el choque, sin que el conductor tuviera que hacer nada. Esto solo justificaría construir un sistema nuevo, especializado.

"Somos capaces de medir virtualmente todas las características vitales de un cuerpo humano, y a bajo costo. Supongamos que pudiéramos enviar todo eso al doctor, pero no cuando tenemos una cita, sino en cualquier momento, apenas nos sentimos mal... Un sistema inalámbrico para esto revolucionaría la medicina. Porque un médico nos podría diagnosticar en el momento exacto en que nos enfermamos y darnos una cura, recetarnos un remedio con mucha precisión. Lo único que se requiere es que aprovechemos el espectro de radio correctamente, algo que trato de hacer en mi compañía ( ver recuadro ).

El trabajo de Cooper y otros alrededor de la telefonía móvil en estas tres décadas trajo un cambio cultural importante. Hoy, 1300 millones de personas en todo el mundo tienen un teléfono celular al que usan para hablar, revisar el e-mail, mandar mensajes cortos de texto, navegar por la Web, anotar las citas del día, jugar, sacar fotos y escuchar música. El problema es que muchos insisten en hacerlo en cualquier lugar, incluso cuando podrían molestar a otros, como en cines, teatros y restaurantes.

- ¿Qué reacción le genera esto?

-La verdad, me molesta tanto como a cualquier otro. Pero también me parece justo marcar que la gente no necesita un teléfono móvil para ser maleducada. Y si son corteses, también desarrollarán una cortesía alrededor del celular, como lo hicieron con todo lo demás. Pero es una cuestión de adaptación; es algo muy nuevo, mucha gente está entrando en el mundo de la telefonía móvil.

- Es un cambio cultural.

-Exacto. Y lo que hay que pensar es que cualquier cambio que se pueda haber generado en estos años no será nada comparado con lo que se viene. Lo que suceda de aquí en más producirá cambios mucho más profundos, que tendrán mucho más impacto en nuestra sociedad que el que tuvo el desarrollo del celular.

"Lo bueno es que en el futuro tendremos una base común para generar nuevas herramientas, que será tener la libertad de poder ir a cualquier parte del mundo y aun así estar conectados. Y para cualquier cosa que se nos ocurra: no solamente para hablar por teléfono."

En su empresa, Internet sin cables

Después de liderar equipos de investigación en Motorola por casi 30 años, Cooper abandonó la compañía para fundar una empresa que se ocupaba de procesar la facturación de consumo de los usuarios de teléfonos móviles.

Era un negocio redondo: para 1987 ya había, sólo en Estados Unidos, 1,6 millón de líneas de celulares.

Sin embargo, en 1992 vendió su empresa y fundó Arraycomm ( www.arraycomm.com ), compañía que todavía dirige.

Allí se dedica a desarrollar sistemas de acceso inalámbrico a Internet de bajo costo usando redes de telefonía celular.

Tiene decenas de millones de usuarios en China y Japón.

La más conocida es i-Burst, una tecnología de conexión muy barata, que están instalando en Australia y testeando en Corea y los Estados Unidos.

La idea es poder ofrecer banda ancha (desde 1 hasta 40 Megabit por segundo) a un precio similar al de una conexión dial-up, algo que estaría listo en septiembre.

Sin descanso

En una industria muy orientada a los jóvenes, el septuagenario Cooper todavía cree que puede aportar cosas.

"Voy a seguir en esto hasta que me muera. Cuando la gente nueva me ve en alguna reunión piensan que soy simplemente una figurita, pero no es así. Sigo trabajando todos los días -afirmó Cooper-. Ahora, sin embargo, voy a cambiar un poco. Como CEO ( Chief Executive Officer ) de la compañía tengo que atender a mucha gente, estar en reuniones de planificación medio burocráticas...

"Creo que es tiempo de contratar a alguien para que se ocupe de todo eso, y me deje el tiempo libre para trabajar en las cosas que me gustan de la compañía. Yo sigo inventando aparatos, desarrollando ideas. Eso es lo que me gusta hacer."

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