Mitos y leyendas de los espías digitales

Para el spyware sólo somos conejillos de Indias
Ariel Torres
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26 de abril de 2004  

La columna El pronóstico de esta semana pinta el cuadro de situación del spyware en el mundo, con cifras realmente alarmantes. El número de consultas de lectores respecto de los programas espía que se instalan subrepticiamente en sus máquinas muestra que la epidemia avanza y que el tema está lejos de agotarse. No es casual que el Spybot Search & Destroy ( security.kolla.de ), uno de los programas que con mayor frecuencia recomendamos para erradicar los espías en la PC, esté ya quinto en el ranking de www.download.com , con más de medio millón de descargas.

Desprecio y cinismo

El spyware no lo espía a usted. No sabe su nombre ni su número de documento o de tarjeta de crédito. Lo que hace es acumular información estadística y anónima sobre los sitios Web que se visitan usando esa computadora.

Pero esto no lo convierte en benignos; todo lo contrario. El spyware es malo no porque alguien vaya a enterarse de todo lo que hacemos con la PC, sino por algo mucho más grave.

El primer problema del spyware es que invade nuestro espacio, nuestra intimidad, nuestra vida privada. Esta invasión puede disminuir el rendimiento de la PC o secuestrar la página de inicio del Internet Explorer (hijackers). Pero eso no es importante, porque si apaga la PC o la arroja a la basura, se terminó el asunto. La invasión, sin embargo, no se va. Sus pasos por la Web ya han pasado a formar parte de una estadística que se usará, en el mejor de los casos, para dirigir campañas publicitarias.

(A propósito, se me ocurre una pregunta simple: ¿cuánto nos van a pagar por esos datos estadísticos? Si hacen tantos esfuerzos por extraer a hurtadillas esa información de nuestras PC, ha de ser porque vale su peso en oro.)

El principal problema del spyware es, en suma, que nos usa como conejillos de Indias, y se ríe de nosotros. Se sostiene sobre el concepto de las personas como cosas, apenas más valiosas que un cultivo de bacterias cuya actividad se estudia desapasionadamente.

El spyware, como el spam, propone una visión de pesadilla de la sociedad, donde el individuo carece de relevancia, una visión que muchos, desde Orwell, han criticado con ferocidad. En gran parte gracias a esas críticas el año 1984 no fue, finalmente, tan malo como temía el británico.

El spyware y el spam nos han enseñado, sin embargo, que no se puede descansar por mucho tiempo. La misma tecnología que puede ser usada para proteger nuestros derechos es tarde o temprano secuestrada por los que desprecian esos mismos derechos.

No me preocupa si el spam y el spyware le sirven a alguien o si, de forma velada y confusa me avisan que van a espiarme; ni siquiera me quita el sueño que me roben un montón de horas cada año para eliminar mails no solicitados y fisgones digitales. Me asusta su completo desprecio por mi humanidad.

El segundo mito que me interesa derribar es el que sostiene que el software gratis tiene spyware. No, esto no es cierto.

Es triste que una actitud solidaria como la de ofrecer programas sin costo esté sospechada ahora de spyware. De hecho, si un programa gratis viene con spyware no es gratis en absoluto, anote. Dice que es gratis, pero no lo es.

Hay varias formas de asegurarse que un freeware no esconde ningún espía. Si usa una licencia GPL (General Public License) o equivalente, es seguro; nadie que intente espiarnos va a publicar el código fuente, desde luego.

La otra forma es consultar las bases de datos de www.spychecker.com . Si se lo consigna como espía, no lo instale. Le aseguro que siempre podrá encontrar otro programa igual de bueno, igual de gratis y sin espías.

Si algún spyware entra en su equipo, use el Spybot, el Ad-Aware ( www.lavasoftusa.com ) o las herramientas de Spychecker para detectar y erradicar a espías y hijackers.

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