La difícil relación entre los músicos y la música digital

Taylor Swift retiró su catálogo de Spotify y reabrió el debate sobre las regalías que pagan los servicios de streaming
Taylor Swift retiró su catálogo de Spotify y reabrió el debate sobre las regalías que pagan los servicios de streaming Fuente: Reuters
Algunos artistas no terminan de sentirse cómodos con plataformas como Spotify, que vio cómo Taylor Swift se sumó al grupo de intérpretes que decidieron retirar sus discos; un recorrido por los conflictos más destacados desde la irrupción de la pelea entre Napster y Metallica
Guillermo Tomoyose
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17 de noviembre de 2014  • 00:35

La evolución de la música digital en los últimos años estuvo liderada por Spotify, una plataforma de streaming de música que logró posicionarse con un catálogo compuesto por más de 20 millones de canciones. Como si fuera un tenedor libre, los usuarios pueden elegir a gusto qué temas o álbumes reproducir desde sus computadoras o dispositivos móviles bajo la modalidad de streaming, pero también mediante una función offline cuando no está disponible la conexión a Internet.

Para algunos artistas fue el trampolín perfecto para alcanzar a una mayor audiencia, como le pasó a Lorde, que a fuerza de reproducciones en Spotify logró trascender más allá de las fronteras en su país natal, Nueva Zelanda.

Sin embargo, no todas son flores en la expansión global del servicio sueco de streaming. Después de irrumpir con un pegadizo tema pop, Taylor Swift le declaró la guerra a Spotify. Para la cantante country devenida en estrella pop los millones de reproducciones on line no reflejan los ingresos económicos que podrían darle la venta de discos compactos o las descargas digitales en iTunes.

Swift, que vendió 1,3 millones de copias por su disco 1989 en su primera semana de lanzamiento, una de las mejores salidas al mercado de la industria discográfica en más de una década. Sin embargo, el retiro de su catálogo de Spotify es una respuesta a los 0,6 centavos de dólar por reproducción on line en la plataforma, una cifra que considera que no compensa de forma justa a los artistas.

Daniel Ek, CEO de Spotify, respondió que la plataforma pagó 2000 millones de dólares a la industria musical desde 2008
Daniel Ek, CEO de Spotify, respondió que la plataforma pagó 2000 millones de dólares a la industria musical desde 2008 Fuente: AP

Para tener una referencia, sitios como YouTube aportan regalías de $ 0,000225 por visita, y un músico cuyo video superó unas 20.000 vistas en la plataforma de videos on line de Google debería recibir unos 4,5 pesos argentinos, de acuerdo al tarifario de pago de regalías establecido por Sociedad Argentina de Autores y Compositores (SADAIC), como lo detalló LA NACION en una nota publicada el pasado año.

Daniel Ek, CEO de Spotify, salió al cruce y dijo que la compañía pagó 2000 millones de dólares a la industria discográfica desde 2008. "Una artista como Taylor Swift recibe un pago de unos 6 millones de dólares al año", agregó el ejecutivo. "Ella retiró su catálogo de Spotify, que pagó la licencia para tener sus canciones, pero sus canciones están gratis en sitios como YouTube y Soundcloud, y hasta en sitios piratas como Grooveshark. Ni hablar de The Pirate Bay, cuyo disco más descargado fue 1989", señaló Ek en el comunicado.

Más allá del cruce de un lado y del otro, el caso de Swift contra Spotify es uno más en el capítulo de los músicos contra los servicios de transmisión de música por Internet, un modelo de negocio que evolucionó de las descargas de canciones mediante tiendas digitales de Apple y Amazon, pero que aún están lejos de conformar a los artistas.

Un camino digital lleno de conflictos

Para Metallica, el conflicto con Napster quedó en el pasado, y fue sólo una historia de verano
Para Metallica, el conflicto con Napster quedó en el pasado, y fue sólo una historia de verano Fuente: Reuters

A comienzos de 2000, los miembros de Metallica emprendieron una dura batalla legal contra Napster, la primera gran plataforma digital que trastocó la industria musical de la mano de su servicio de descarga no autorizada de contenidos multimedia.

"Para alguna gente, Napster y Metallica van de la mano; para mí, es algo mínimo que sucedió hace años. Fue un verano y cobró su propia vida", dijo Lars Ulrich en una entrevista con Rolling Stone en 2010.

Del conflicto Metallica versus Napster tuvieron que pasar un par de años para encontrar una propuesta superadora de la mano de Steve Jobs, que presentó una modalidad de venta de canciones por Internet a 99 centavos de dólar.

Así nació iTunes, el catálogo musical de Apple que superó las 25.000 millones de canciones descargadas y vendidas desde su lanzamiento en 2003.

Al calor de las descargas de canciones nació Spotify, una plataforma basada en un modelo de transmisión on line bajo demanda de música. El acceso sin costo a su catálogo de 20 millones de canciones está costeado por patrocinadores, mientras que los planes premium suman más prestaciones en los dispositivos móviles y sin avisos publicitarios.

Radiohead fue uno de los primeros grupos en retirar su catálogo de Spotify, y desde entonces, su líder Thom Yorke experimentó con diversos modelos de comercialización y distribución de contenidos. Su último álbum, Tomorrow Modern's Boxes, fue lanzado a través de la plataforma de descargas BitTorrent y logró un millón de descargas en sus primeros seis días del lanzamiento.

"El tema Get Lucky de Daft Punk tuvo más de 100 millones de reproducciones en Spotify, y por eso los dos músicos habrán recibido unos 13.000 dólares cada uno. No está mal, pero es una canción de un disco, y es una suma que no representa la principal fuente de ingresos. ¿Pero qué ocurre con el resto de las bandas que no tienen un hit de verano?", plantea el músico David Byrne en una columna en The Guardian.

No todo se limita al streaming: a comienzos de este año Prince demandó por un millón de dólares a 22 usuarios de Internet por compartir grabaciones de sus shows en vivo por la Red.

Más allá de los encontronazos entre Internet y los artistas, el panorama actual del streaming, un recurso que se presentó como la respuesta ante la piratería y otros desafíos no resueltos por la descarga de canciones, revela que el modelo de comercialización aún debe debe recorrer un largo camino no exento de conflictos.

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