Nadie los invita y no se van más

A pedido de los lectores, las medidas básicas para evitar ser víctima del spam (publicidad no solicitada que llega por e-mail) o darle batalla cuando nuestra dirección sale del círculo íntimo
A pedido de los lectores, las medidas básicas para evitar ser víctima del spam (publicidad no solicitada que llega por e-mail) o darle batalla cuando nuestra dirección sale del círculo íntimo
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27 de marzo de 2000  

Hace algo así como un año publicamos una nota sobre la publicidad no solicitada que llega por correo electrónico, conocida en la jerga informática como spam . Vaticinábamos por entonces que a medida que la Red hiciera pie en el país y el número de navegantes creciera, este flagelo iría en aumento. Aquella columna no generó, hasta donde recuerdo, más que una o dos cartas de lectores que se hacían eco del tema, habiendo sufrido en casilla propia el ataque del spam.

Hace dos semanas, en este espacio, mencioné el daño que el abuso había provocado a los servidores de cuentas anónimas de correo. Esta vez, la respuesta fue numerosa. El vaticinio, por desgracia, está cumpliéndose y una gran cantidad de lectores se quejaron del tiempo y el dinero que estos convidados de piedra les causan.

A pedido de muchos de ellos, aquí van algunos consejos para evitar la publicidad no solicitada y, eventualmente, batallar contra ella.

Para aquellos que se perdieron la columna de la edición 204 de Informática, una breve explicación. Usted es víctima del spam si de pronto comienza a recibir promociones, catálogos, invitaciones a sitios y una vasta variedad de avisos que llegan por e-mail. En principio, no parece demasiado malo. Pero lo es, por dos razones. Por un lado, es una invasión a la privacidad de su casilla de correo. Por otro, usted paga por el ancho de banda y por la conexión telefónica. El que le manda avisos de publicidad que usted no solicitó gana dinero a su costa.

Uno o dos mensajes por semana no matan a nadie. El problema es que el flagelo crece a la gran carrera. En mi propia casilla personal, que es relativamente conocida, recibo una cantidad de spam que preocupa. De todo. Desde artículos de tocador para damas hasta CD-ROM con direcciones de correo electrónico y herramientas para hacer spam. Paradójico y circular, hay que decirlo.

Bajo siete llaves

Como cualquier enfermedad, lo primero es evitarla. Por eso, mantenga su dirección de e-mail lo más privada posible. No la coloque en su página de Web, si tiene una;no la pase a gente poco conocida, no la haga conocer en su ficha del chat ni en la del Netmeeting o cualquier otra herramienta de videoconferencia, así como tampoco en los grupos de noticias de Usenet o en los foros basados en Web. Cuando es obligatorio colocar una dirección de correo electrónico, los sitios responsables le dan la opción de no hacerla pública.

Puede confiar en que ni los sitios serios de Web ni su proveedor de Internet darán a conocer su dirección electrónica. Los sitios de Web, porque pueden sufrir un papelón público. Su ISP, porque es uno de los grandes perjudicados por el spam. En todo el mundo, el ancho de banda es un bien escaso y en la Argentina lo es todavía más.

La segunda medida es no contestar esos mensajes que usted recibe de no sabe quién -con alguna promoción, claro- y donde se le dice que para no seguir recibiéndolos usted debe responderlo solicitando que no se lo envíen más. En la mayoría de los casos, al contestarlo usted sólo le ratifica al emisor que su dirección existe.

¿Cómo funciona? Simple. Existen programas que crean direcciones factibles sobre dominios conocidos (por ejemplo, el del diario es lanacion.com.ar ); la cosa se simplifica, si tiene los nombres y los apellidos. El emisor no sabe si la dirección que ha empleado es correcta, así que, si usted responde, muchas veces sólo le resuelve la duda y automáticamente es agregado a una lista.

Otro mecanismo es el de las cadenas, sobre todo aquellas que le prometen dinero. Usted la envía a un amigo y así las direcciones se van sumando. Muy pronto se ha creado una gran colección de direcciones, miles literalmente. Justo lo que el spammer quiere.

Hay variantes que apelan a nuestra solidaridad, las que anuncian virus inexistentes, etcétera.

Muchas personas necesitan usar listas de correo, de hecho es uno de las funciones más cómodas del correo electrónico. Lo malo es que así nuestras direcciones se hacen rápidamente públicas. Solicite, siempre que pueda, que esas listas sean ocultas ( Blind Carbon Copy o BCC , en la jerga).

Como me señalaba el lector (y programador de Java) Ignacio Merani, muchas veces es posible enviar un mensaje al administrador de la red utilizada por el remitente del spam. Basta tomar el dominio y probar con el subdominio postmaster , admin o abuse , entre otros. Por ejemplo, si el mensaje vino de parte de spamred.com.ar , use http://www.adminred.com.ar , http://www.postmasterred.com.ar o http://www.abusered.com.ar . Los ISP suelen poner esta dirección precisamente para que las víctimas de la publicidad no solicitada den parte de los ataques.

Si el mal ya está hecho y su casilla de correo empieza a cargarse de mensajes que usted no pidió, una de las soluciones es cambiar la dirección. Engorroso, pero efectivo. Y luego seguir los lineamientos bocetados arriba.

Hay programas, como el Phoenix Mail o el E-Spy , que le permiten revisar los encabezados de los mensajes en el servidor de su proveedor de Internet y borrar los que no quiere bajar . En casi todos los casos se hace más rápido que bajarlos y borrarlos de nuestro rígido. Revise sitios como http://www.shareware.com o http://www.winfiles.com y pruebe las herramientas que allí se ofrecen, en muchos casos en forma gratuita. La palabra clave para encontrar esos programas es antispam o antispamming .

Hablando de sitios, Merani también me pasó esta dirección Web que parece interesante:

http://www.junkbusters.com

Para terminar, dos reflexiones. Primero, una de Eduardo Suárez, administrador de la red de la Facultad de Ciencias Astronómicas y Geofísicas de la Universidad de La Plata, que me decía, charlando por e-mail sobre este tema, que mientras que no haya legislación, poco se podrá hacer. Sobre el punto,Suárez me remite una dirección llena de datos:

http://www.tigerden.com/junkmail/laws.html

Segunda: el spam es una práctica marginal, poco seria. Creo que aun con legislación no podríamos deshacernos completamente de este flagelo. Una medida quizá más eficaz, mientras llega una ley, es no responder a esos mensajes, no ir a los sitios adonde se nos invita, no comprar esos productos que se nos ofrecen. Si el spam deja de ser rentable, pasará a mejor vida.

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