No existen tecnologías viejas

Un ejemplo histórico puede servir para no estar tan pendientes de lo nuevo
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30 de octubre de 2000  

Hace unos 14 años, Microsoft publicó un libro llamado CD-ROM: The New Papyrus (CD-ROM: el nuevo papiro). Era una época en la que el 80386 revolucionaba el campo de los microprocesadores (con su modo protegido y virtualización de memoria), una época en la que muchas máquinas venían sin disco rígido y un disco de 40 MB costaba más de 400 dólares; por entonces, el OS/2 todavía era un desarrollo conjunto de IBM y Microsoft ("el sistema operativo del futuro", se decía) y una computadora podía fracasar si sólo traía lectora de diskettes de 3,5 pulgadas, ya que cerca del 100% de la oferta de programas venía en los floppy de 5,25 pulgadas.

En ese contexto, el CD-ROM aparecía como una novedad deslumbrante: 650 MB de espacio, fácil y barato de producir, digital por naturaleza, inviolable, muy duradero, liviano, inmune a campos magnéticos, golpes y sacudones. Sin duda, uno estaba tentado de llamarlo el nuevo papiro .

Sin embargo, los hechos demostraron que aquel título había sido excesivamente ambicioso y hoy el CD-ROM no es sino el medio de almacenamiento que ha reemplazado al diskette. Aunque las grabadoras ópticas ( CD-burners o quemadoras , en la jerga) todavía parecen caras, son más baratas que una diskettera en los inicios de la computación personal. Los discos ópticos regrabables son sólo un poco más grandes que los diskettes o los Zip, pero almacenan cientos de veces más información y resultan sumamente confiables. Cuestan mucho menos que los flópticos, y operan mucho más rápidamente que cualquiera de los dos soportes mencionados.

Pero de papiro, nada. Sólo han venido a reemplazar, y eso era previsible, un soporte que cada día le quedaba más chico a los volúmenes de datos que se manejaban en la vertiginosa y adolescente informática personal.

De papel somos

Aquel enamoramiento de la industria con el CD-ROM es comprensible (dicho sea de paso, Steve Jobs fue un pionero al incorporar una lectora de ópticos en sus NeXT); pero hay una pregunta encerrada en todo esto: ¿por qué falló el pronóstico implícito en el título de aquel libro de Microsoft? Era un título atractivo y tenía gancho porque plasmaba la percepción de una época. ¿Por qué fue, esta percepción, tan corta de vista?

La explicación está en que solemos dar por sentado que todas las tecnologías evolucionan de la misma forma, y que por lo tanto es válido trazar analogías. Así, el televisor iba a causar la extinción de la radio, y la computadora aniquilaría al libro. Era evidente.

Respecto del CD-ROM, la primera conclusión a la que uno llega es que el avance técnico es demasiado rápido y no hay modo de vaticinar con cierto grado de éxito. Le echamos la culpa a la velocidad.

Pero las cosas no iban tan rápido cuando surgió la TV, y sin embargo también hubo augurios increíblemente equivocados. ¿Cuántas veces hemos dado por muerto al libro? Cada década, lo matamos. Y cada vez se imprime y se consume más papel.

No, no se trata de velocidad, sino de lo que en buen criollo llamamos paño para cortar . Me explicaré.

Tome la tecnología del papel y la impresión de diarios, revistas y libros. Ha habido muchas mejoras desde Gutenberg, pero la capacidad del papel ya estaba plenamente expresada por entonces. No íbamos a imprimir con una calidad miles de millones de veces mejor, ni íbamos a poder poner billones de palabras más en una cara del papel. Tecnológicamente, el papel ya era lo que es hoy, quinientos años después.

Otro ejemplo, la radiofonía. Su gran acierto, que nos permite hacer otras cosas mientras la oímos, ya estaba en sus orígenes. Nadie lo vio cuando se presagió su óbito, porque en lugar de mirar lo que una tecnología hace bien nos obsesionamos por todo aquello que no hace. La radio no tiene imagen; la TV sí; por lo tanto, la radio morirá. Falso.

Un tercer ingrediente es el de creer que hay tecnologías viejas.Esto es simplemente insano. La rueda y el fuego son las dos tecnologías más antiguas del mundo, y no iríamos a ninguna parte sin ellas en la actualidad.

El CD-ROM ha evolucionado en el DVD y el 80386 hoy parece ridículamente viejo comparado con el Pentium 4. Sabemos que después de los discos vendrán, por ejemplo, los cubos que almacenan bits en su estructura molecular y que podremos guardar terabytes en el espacio de un terrón de azúcar. El Pentium 4, dentro de 13 años, nos hará sentir nostalgia, pero desde la vitrina de un museo. Así, la exageración con el CD-ROM se basó sobre estas tres confusiones, que no permitieron ver lo obvio: el CD-ROM no era el nuevo papiro, sino el nuevo vinilo.

Pero tomemos un ejemplo todavía más cercano a la informática: la misma PC, nuestra computadora personal. Ya hay voces que anuncian su final, dicen que será reemplazada por dispositivos equivalentes a la TV, pero con conexión a Internet y demás. Será más fácil, nos dicen, tan fáciles de usar como un microondas o la tele.

Pero tendrá menos opciones; y los seres humanos somos adictos a las opciones. La PC es otro ejemplo de un sistema casi completamente expresado, como el papel y la radio. No hay mucho más para agregarle. La podemos hacer más rápida, en todo caso con más opciones y otros periféricos.

Pero de nuevo no vemos dos cosas: primero, que son pocas las tecnologías que alcanzan este nivel de expresión, y cuando lo hacen es porque hay algo que logran hacer extraordinariamente bien.

Es otra vez la misma historia: nos enfocamos en sus defectos en lugar de ver lo que tiene de irreemplazable. ¿Qué tiene de irreemplazable? El increíble poder de hacer y decidir que pone en manos de la gente común a un costo irrisorio.

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