Silicon Valley no encuentra maestros de escuela

Los bajos salarios que ofrece, sumados a los altos costos de vida, dejan a la meca de la tecnología sin docentes de primaria
Rosa Jiménez Cano
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1 de septiembre de 2015  • 11:45

Replantearse todo es una máxima en Silicon Valley. Desde cómo se come hasta la forma de dormir es objeto de modificaciones constantes. Hay sensores y aplicaciones para ello. La educación, como parte fundamental de la formación del ser humano, también está bajo la lupa. No solo a través de cursos online, sino también con nuevas fórmulas para adaptarse a un mundo hipercompetitivo. Tanto en el centro de San Francisco como en ambas orillas de la bahía se multiplican las academias que prometen convertir a casi cualquiera en programador, el oficio más pedido.

Tan pronto se supo que Larry Page y Sergey Brin, fundadores de Google, tuvieron una infancia marcada por el método Montessori, los centros se quedaron sin plazas. Incluso se reservaban por adelantado, sin importar que la cuota mensual supere los 1500 dólares.

Mark Zuckerberg, que pronto será padre, ha mostrado su interés en ayudar a la formación con una donación a AltSchool, una startup sin ánimo de lucro que pretende rediseñar la forma en que se adquieren los conocimientos en primaria.

A pesar del interés y las buenas intenciones, se ha encendido una luz de alerta. La parte más básica del sistema está fuera de la ecuación. Con el final de agosto los alumnos vuelven a las aulas, pero muchos colegios, tanto públicos como privados, no encuentran maestros de primaria dispuestos a aceptar el cargo porque los salarios no cubren sus necesidades.

El alza de los precios en los alquileres y el elevado coste de la vida en este edén tecnológico han traído una inesperada consecuencia que deja al descubierto las muchas carencias de este boom sin control. Los salarios ofrecidos a los docentes oscilan entre 45.000 y 70.000 dólares anuales. Muy lejos de los más de 100.000 que cobran los desarrolladores de media.

En el condado de Santa Clara han dado con una fórmula que solventa el problema: complementan el sueldo con una vivienda de alquiler subvencionado en La Casa del Maestro, pero solo durante siete años. Entonces, los maestros abandonan Silicon Valley.

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