S.O.S. petróleo. La vida marina en peligro

Los accidentes y derrames intencionales provocan grandes desastres que afectan la fauna y flora de vastas extenciones de mares y costas
Gabriel Tomich
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20 de marzo de 2000  

El 18 de marzo de 1978, el superpetrolero de bandera liberiana Amoco Cádiz, en ruta desde el Golfo Pérsico hasta El Havre, se estrelló contra las costas de Bretaña, Francia, luego de que una falla en sus motores lo dejara inerme frente a las tumultuosas correntadas marinas. El resultado: más de 1.619.000 barriles de petróleo (casi 257 millones y medio de litros) causaron un desastre ecológico en más de 160 kilómetros de playas y costas.

Lamentablemente no fue el primero y tampoco el último de los grandes derrames de petróleo en el mar.

Algunos años antes, en 1967, y por casualidad también un 18 de marzo, otro buque cisterna de gran porte, el Torrey Canyon, se hundió cerca del Land´s End en la costa de Gran Bretaña, constituyéndose en uno de los primeros hundimientos de los enormes supertanques petroleros. Junto con él, el océano y 300 kilómetros de costas en Inglaterra y Francia se cubrieron con 860.000 barriles (más de 136 millones de litros) de crudo proveniente de Kuwait.

Esta catástrofe ambiental fue el grito que comenzó a despertar la conciencia sobre el peligro que entraña el transporte de petróleo. Y el problema no son sólo los barcos.

En 1991, al invadir Kuwait, las tropas iraquíes destruyeron tanques de almacenamiento, equipos y terminales portuarias, dejando fluir hacia el mar el petróleo de los oleoductos. Se desconoce cuánto crudo fue derramado (según la National Oceanic and Atmospheric Administration -NOAA- de los Estados Unidos fueron 900 millones de barriles), pero, sin duda, es el mayor de la historia.

El que le sigue en magnitud tampoco tiene que ver con barcos, sino con una plataforma de exploración en el golfo de México. El 3 de junio de 1979, la semisumergible Ixtoc I estalló en la bahía de Campeche, México, provocando que se vertieran más de 3.500.000 barriles de petróleo en el mar.

Vida marina en riesgo

Excepto el ataque iraquí, los otros sucesos fueron accidentales. Sin embargo, la vida marina corre otros riesgos por la irresponsabilidad en el transporte de petróleo: la limpieza de los tanques de los barcos petroleros. Tras descargar su valioso contenido y regresar vacíos, los tripulantes alijan los depósitos de los barcos, desechando en el mar residuos altamente tóxicos.

Ya sea por una causa u otra, los efectos sobre la ecología son vastos: miles de pájaros, peces, plancton y flora tanto en alta mar como en las costas mueren a causa de este tipo de polución.

Un caso paradigmático en este aspecto fue el del Exxon Valdez, un superpetrolero que encalló el 24 de marzo de 1989 en Prince William Sound, cerca de Valdez, una de las bahías más ricas en vida silvestre de Alaska. El derrame (240.500 barriles) mató entre 90.000 y 270.000 aves, mientras que desastres como el del Torrey Canyon o el Amoco Cádiz provocaron la muerte de unas 50.000.

La problemática originó el desarrollo de defensas como barreras de contención, productos dispersantes y agentes biodegradantes, entre los más comunes; pero el riesgo está siempre latente. En Internet se encuentra abundante información sobre el tema destacándose, fundamentalmente, la página de la mencionada NOAA ( http://www.nwn.noaa.gov ), con exhaustivos informes, análisis y fotos de cada incidente petrolero en el mar.

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