Twitter versus Buzz, o el elogio de los límites

Ariel Torres
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19 de febrero de 2010  

¿Dónde está el error de Buzz? ¿Acaso es mala la tecnología? ¿La idea? No, todo lo contrario. ¿Por qué entonces fue recibido con más críticas que elogios? La respuesta es bastante sencilla: peca por exceso.

Solemos ver las restricciones como algo malo. Está bien, nuestro lado infantil detesta no poder volar como Superman o tener que esperar hasta terminar el aburrido plato de verduras antes de pasar al inefable flan con crema y dulce de leche. Pero la realidad impone límites por doquier, así que nuestra conciencia no sólo es capaz de lidiar con ellos, sino que los aprovecha. Es una simple adaptación evolutiva.

Con todo, la fantasía de lo ilimitado sigue siendo tentadora. No lleva a ninguna parte, pero es tentadora. Uno puede actuar como si fuera un niño toda la vida, pero eso no cambia para nada la realidad de que ya no lo es. A lo sumo, se trabará en lucha con las restricciones en lugar de descubrir su encanto. Es frente a las limitaciones que nos volvemos creativos. La necesidad es la maestra del hombre, dicen.

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¿Qué tiene Twitter de genial? Precisamente eso, que es simple, y todo lo simple es limitado. Los mensajes no pueden tener más de 140 caracteres (incluidos los espacios entre palabras). El ser conciso es una idea muy fuerte en la historia de las comunicaciones, y viene de mucho antes que existiera Internet. Tuve noticia de esto cuando acompañaba a mi padre sus trasnochadas conexiones de radioaficionado global, antes de que siquiera se hubiera inventado la palabra globalización . La brevedad era particularmente importante en el antediluviano IRC. El mandato podría leerse como: No lances mensajes demasiado extensos . ¿Por qué? Puro imperativo categórico kantiano: si en un entorno de mensajería comunitario, como el IRC o Twitter, todos escribieran mensajes interminables, el sistema se vendría abajo. En otra época, por falta de ancho de banda y recursos de hardware. Hoy, porque somos tantos que nadie podría leer a nadie. Facebook, sin ir más lejos, ya está empezando a sufrir las consecuencias de su falta de frugalidad.

Twitter lo evitó con gracia impecable por medio de su límite de 140 caracteres. La experiencia que traíamos de los SMS -y que los creadores de Twitter se habían puesto como meta al principio- nos vino como anillo al dedo cuando empezamos a explorar las posibilidades del nuevo, simpático, inestable, inseguro e incipiente servicio. Ya habíamos aprendido cómo decir más con menos. Pero no nos quedamos en eso. Redescubrimos los acortadores ( shorteners ) de direcciones Web, que abrevian un largo URL, como por ejemplo www.lanacion.com.ar/nota.asp?nota_id=1233834&pid=8332378&toi=6258 , que tiene 73 caracteres, en algo como http://bit.ly/bFfRFJ . Con Twitpic ( http://twitpic.com ) aprendimos a sortear el límite de los 140 caracteres con la polifónica voz de las fotografías.

Simple y pequeño significó algo más: fue posible portar Twitter a los dispositivos móviles en un santiamén sin perder ninguna de sus funciones. Es más: si tu celular tiene buena pantalla y una cámara de fotos decente, vas a terminar lanzando más tweets desde el móvil que desde la PC. Es más práctico y más ubicuo.

Twitter no sólo impone un límite en el número de caracteres, sino también en el de las herramientas disponibles. No hay cientos. Ni siquiera docenas. Hay cuatro: mensaje público , mensaje público con mención (@), mensaje directo (se lo llama DM, aunque el comando es sólo d seguido del nombre del destinatario) y Retweet (RT). ¿Qué queda? Las hashtags (#), y no mucho más. Pues bien, hacemos toda clase de juegos de palabras, ironías, sutiles bromas o bromas brutales combinando estos pocos recursos. Es la regla del 80/20 puesta en práctica. Una vez más.

Casi todas las cosas que nos gustan de Twitter tienen que ver con algo que, si nos lo preguntan, diremos que nos causa rechazo: los límites, la escasez de herramientas. Y sin embargo, adaptados desde hace cientos de millones de años a pujar contra la restrictiva realidad, hicimos florecer el servicio de los trinos con una desbordante variedad de usos y aplicaciones.

Este es el detalle que Google pasó por alto al crear Buzz. Si tan sólo hubiera puesto en órbita otro Twitter, exactamente igual, sólo que quizá más estable, sin tanta ballena elevada al cielo por solidarios pajaritos, habría acertado. Pero quiso ser más. Hizo de nuevo el Guernica , pero lo hizo a todo color.

¿Debería Google (o cualquier otro gigante) haber comprado Twitter? Sí, pero hace un año. Ahora ya es tarde. Buzz es también una respuesta a ese error estratégico que Google cometió esta vez. Raro, porque en otra época acertaba constantemente con sus adquisiciones: PyraLabs (Blogger), Picasa, Keyhole (Google Earth), YouTube, DoubleClick, y éstas son sólo cinco de las sesenta empresas adquiridas por Google desde 2001. ¿Por qué no Twitter?

Quizás, aunque es poco probable, no le vieron potencial. Casi seguramente decidieron esperar un poco más. Y en el camino Twitter explotó. Hoy la intervención de Google, al revés que cuando se quedó con YouTube, no aportaría casi nada y los usuarios sentirían que su querida red social de microblogging ha sido invadida por un todopoderoso. Políticamente, sería un error. Y feo.

Buzz no es un error político, es un error de concepto. Al revés que Wave, que es una joya pero está mal implementado y, por lo tanto, se mueve a paso de tortuga, Buzz está bien instrumentado, se integra a Gmail, permite toda clase de adjuntos, de fotos a videos, de forma nativa. Promete. Pero falla en varias cosas que Twitter hizo bien de entrada.

Primero, ¿por qué Buzz tomó la decisión de convertirme en seguidor de diez personas? Oh, sí, porque son con las que más chateo. Esta lógica tiene dos problemas que sólo alguien que jamás participó de una red social pasaría por alto.

A) La decisión de seguir a alguien es siempre del usuario, sin excepción. Lo social es algo voluntario, o es coerción.

B) Que haya chateado mucho con alguien no significa que me caiga bien; quizás estuve peleando el divorcio con mi futura ex esposa... ¿Cómo se tomaría ella el que de pronto empiece a seguirla en Buzz? Las posibilidades van de tragicómicas a escalofriantes.

Segunda falla: el único aporte de Buzz es que no hay límites y se pueden poner fotos y videos más fácilmente que en Twitter. Sobre las bondades del límite de 140 caracteres ya dije suficiente. Quienes ahora están inundados de largos mensajes que no tienen tiempo de leer en Buzz saben de qué hablo. En cuanto a las fotos, clientes de Escritorio como TweetDeck , Twhirl y una docena más resuelven el tema con un par de clics. ¿Nos gustaría poner videos en Twitter? ¡Lo hacemos todo el tiempo!

Quizás el único aporte sólido de Buzz, fuera de integrar varias redes sociales, cosa que no es de ninguna manera nueva, está en que no hay una restricción en el número de llamadas que los programas cliente pueden hacer por hora, al revés que en Twitter, que permite 150 y nada más. Esto se llama Rate Limit o, para abreviar, API, aunque la API es algo más complejo; las siglas vienen de Application Programming Interface y es la interfaz que un software expone para que otros programas interactúen con él.

De nuevo, la falta de restricciones aquí no añade nada, porque si Twitter a veces nos satura con mensajes a pesar de su techo operacional, no quiero imaginarme qué ocurriría si tal limitación no existiera.

La invasión a la privacidad está siendo mejorado por Google. Ahora ya no hay seguidores automáticos . Pero fue un inexplicable blooper del estreno. ¿Hay algún motivo para que a los grandes siempre les haya resultado tan complicado entender las redes sociales? Seguramente, sí, pero es un asunto lo bastante meduloso para dedicarle otra columna, más adelante.

Antes de cerrar, sin embargo, una idea que se me ocurrió en estos días, y que quiero compartir con todos los que hoy tuitean, publican en sus blogs, hacen, en suma, su propia comunicación social, su aporte a la voz global. El siguiente decálogo, que en otra era hubiera quedado encerrado entre las paredes de la Redacción, hoy puede ser de utilidad para buena parte de los lectores. Ahí va:

10 cosas fundamentales que Twitter nos enseña a los periodistas

1. A pensar dos veces lo que vas a escribir (para no agotar tu API y la de los demás)

2. Que siempre se puede decir lo mismo con menos palabras (disponés sólo de 140 caracteres)

3. Que si sos arrogante y no lees a tus lectores, de todas maneras te responderán, pero no en privado ( DM ), sino en público ( @ )

4. Que tus lectores pueden ayudarte activamente a llegar a más lectores ( RT, #FF ). O no hacerlo.

5. Que lo difícil no es ganar seguidores, sino conservarlos (el unfollow está a un clic)

6. Que aunque una foto valga más que 140 caracteres, texto e imagen nos son intercambiables

7. Que siempre hay que citar la fuente ( @, vía ).

8. Que la buena presencia ayuda (el avatar no es un accesorio inútil).

9. Que opinar se valora más que informar, pero que nadie quiere a los que todo el tiempo opinan sobre todo

10. Que si alguien comparte lo que has escrito (RT) entonces acertaste

A propósito, cada uno de los puntos anteriores tiene menos de 140 caracteres. No por casualidad: si esperás que tus mensajes lleguen lejos, acostumbrate a usar menos (sí, menos) de 140 caracteres, para que cuando tus seguidores hagan un Retweet (que agregará tu username y el comando RT ), la oración no quede truncada. Un pequeño truco del oficio.

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