Nueva Orleáns en tranguay , una experiencia inolvidable

Hay que hacer cola para subir, pero vale la pena una vuelta
Hay que hacer cola para subir, pero vale la pena una vuelta
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28 de junio de 2002  

Quise tomar el mismo tranvía que Blanche DuBois (Vivian Leigh) para encontrarme con Stanley Kowalski (Marlon Brando), pero no pasaba más.

En su lugar me subí al ómnibus 82 que también indicaba en el frente que iba a la calle Desire (Deseo). Pero el recorrido no era el mismo. Ya no entraba en la calle Bourbon (por los borbones), la que nunca duerme entre bares de jazz y strip-tease, para llegar más allá del French Quarter (Barrio Francés). Por allí sólo vi la réplica sobre neumáticos de un Street Car (tranvía, no se le ocurra llamarlo trolley porque se denuncia como un visitante despistado). En los años 40, cuando Thomas Lanier Williams todavía no había cambiado su nombre por Tennessee, vivía en la calle Orleáns 710.

Desde la ventana veía pasar al tranvía colorado a espaldas de la catedral, cerca de donde escribió William Faulkner su primera novela ( Soldier´s Pay) . Está en el Pirate Alley ( Pasaje de los piratas ) que recuerda al francés Jean Lafitte, un mito de Nueva Orleáns como Louis Armstrong, su extraordinaria gastronomía, el Mardi Gras (carnaval) o el vudu y los cementerios, las ciudades de los muertos que tienen tantos tours como los de París.

En ese entonces había varias líneas y, en lugar de números o letras como en otras ciudades, llevaban letreros con la calle de destino, en ese caso Desire que era un suburbio cercano al río Mississippi, un faubourg como llaman los franceses a sus arrabales. Las palabras en francés y los nombres de las calles en español son una constante en el Vieux Carré, gran vedette del turismo mundial.

Gracias a la obra de Tennessee Williams ese tranvía se fue convirtiendo en el más famoso del mundo. Lo que no impidió que en 1948, al año de estrenarse en Broadway y luego en el cine, se levantaran las vías en un ataque de modernismo . El mismo pecado que luego se cometió en Buenos Aires y Mar del Plata. Uno de los vehículos que vio el dramaturgo era el coche 952 que todavía está corriendo en San Francisco, en la exitosa nueva línea (F) que fascina a los visitantes tanto como el tradicional cablecar, que le robó el corazón a Tony Bennett.

En Nueva Orleáns construyen una nueva línea sobre la calle Canal, el límite entre el Barrio Francés y el Centro de Negocios y de Arte. Dicho sea de paso la habían suprimido en 1964, cuando sólo quedó la que va por la avenida St. Charles que recorre el Garden District. Esta se inició en 1835 y es la más antigua del mundo en funcionamiento permanente con sus clásicos coches verdes con asientos de madera de caoba, detalles en bronce y nada de plástico. Lo difícil es conseguir un lugar porque hay siempre cola para subir, igual que en San Francisco.

Viaje redondo

Es una experiencia inolvidable por el valor de un boleto: 1,25 dólar de ida y otro tanto de vuelta en un viaje redondo de más de una hora sin desperdicio. Uno pasa por las mansiones más señoriales, cubiertas de vegetación con enormes magnolias, y el clima de misterio que una de sus vecinas, Anne Rice, usó en su entrevista con el vampiro que fue Tom Cruise.

Nueva Orleáns es terreno propicio para escritores porque podemos sumar a Truman Capote o Mark Twain, que pasó como marinero y se quedó. Y otro tanto le pasa a uno que la encuentra tan parecida al viejo Buenos Aires. Lamentando que no tengamos ningún tranguay , salvo el que corre los fines de semana gratuitamente por Caballito (sale de Emilio Mitre y José Bonifacio) gracias a la Asociación Amigos del Tranvía ( http://www.tranvia.org.ar )

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