Una dosis de agua y verde

El Parque Nacional Pre-Delta, en Entre Ríos, es uno de los menos visitados
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29 de noviembre de 2002  

PARANA.- Desde la ciudad entrerriana de Paraná sólo hay que andar media hora por la ruta 11 hacia el Sur y 5 kilómetros después de Diamante está el único portón de acceso permitido al Parque Nacional Pre-Delta, denominado Paraje La Jaula.

Casi desconocido para la mayoría de los habitantes de la Argentina, este vasto ambiente se forma por retorcidos meandros en los que el río Paraná se va multiplicando en miles de ramales que, gradualmente, se ensanchan y configuran un gigantesco sistema conocido como delta.

Inexorablemente, todos los cursos de agua, grandes o pequeños, terminan su recorrido sobre el río Uruguay o en el tramo superior del Río de la Plata. De esa compleja geometría surgen infinidad de islas, todas ellas producto de la decantación de las arcillas y arenas que el Paraná aporta sin solución de continuidad.

Entre espinillos y vizcachas

Creado por ley hace apenas 10 años, cubre una superficie de un 1.260.000 hectáreas, dentro de las cuales tres grandes islas (Del Barro, Ceibo y Las Mangas) albergan una indescriptible zoofauna que nace, se alimenta y se ampara en su complejo sistema vegetal.

En la zona entrerriana, más alta y algo barrancosa, hay guayabos, canelones, laureles y tembetaries. También, montes de timbó blanco y colorado, laurel y espinillo. En los cursos de los múltiples arroyos asoman repollitos de agua, pajonales, camalotes y espectaculares irupés.

La lista de mamíferos y roedores que habita este ambiente silvestre, que el hombre aún no ha cambiado, es extensa y, necesariamente, incompleta. Hay gatos monteses, carpinchos (incluyendo, dentro de sus subespecies, la variedad de mayor tamaño en el mundo), coipos, lobitos de río y vizcachas. Las aguas albergan dorados, bagres blancos y amarillos, tarariras, patíes, surubíes, manduvíes, armados, bogas y sábalos.

El reino alado está representado por más de 190 especies de aves. Entre ellas, chajás, diversos patos, garzas blancas y moras, al menos tres variedades de martín pescador y gallaretas.

Dentro de este parque nacional es posible hacer un recorrido en lancha o una caminata que incluye la visita a una rareza vegetal de la cual hay escasas réplicas en el mundo, el bosque de ombúes. Es sabido que esta especie suele crecer en forma aislada y en lugares bastante alejados entre sí.

Con aire pueblerino

Con su inconfundible estampa pueblerina, Diamante merece una detenida visita. Hay un balneario municipal con un lago artificial y pesqueros en los muelles del Puerto Nuevo o en las costas como Paraje Alvear y Las Cuevas.

También la población de Victoria tiene atractivos que puedan interesarle al viajero. Un ejemplo es la abadía benedictina del Niño Dios. Allí los monjes, siguiendo la mejor tradición de sus ancestros del sur de Francia, han construido un refugio para peregrinos y durante la misa entonan a capella cánticos gregorianos.

En el Centro Cívico de Victoria, en torno de la plaza San Martín, se destaca el templo parroquial, donde se venera a la patrona de la ciudad, Nuestra Señora de Aránzazu. En el interior se aprecian las pinturas de Augusto Fusilier, en las que es notable el predominio de tonalidades amarillas y doradas.

Vale la pena disponer de un fin de semana para visitar el Pre-Delta que, junto con El Palmar, son los dos parques nacionales más cercanos y, sorprendentemente, menos visitados.

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