A la sombra de Don Segundo

La Porteña, donde se inspiró Ricardo Güiraldes, es ideal para el descanso
(0)
20 de octubre de 2000  

El sábado 8 se cumplió un aniversario más del nacimiento (en 1886) del autor de Don Segundo Sombra , Ricardo Güiraldes, que se había inspirado en el gaucho santafecino Segundo Ramírez, aquerenciado en los pagos de Areco, elegido protagonista de aquel libro.

Una parte de la obra fue escrita en la sala contigua al dormitorio del autor, una especie de mirador encaramado en la planta alta del viejo casco de la estancia La Porteña, a 115 kilómetros de Buenos Aires -a 12 de San Antonio de Areco- y a cuyas ventanas suele llegar en esta época el perfume de una glicina trepadora.

La estancia, una de la primeras que se enrolaron en el turismo rural y que conduce uno de los familiares del autor, Manuel José Güiraldes -asistido por su esposa-, brinda en hospedaje ese dormitorio y la contigua sala de trabajo del escritor. Es una de las cuatro habitaciones exclusivas para los que reservan por el 0236-45770, pero suele ser la más requerida por los turistas que pasan el fin de semana.

Aunque en La Porteña prevalece su origen histórico, los hospedados encaran también paseos de a pie o de a caballo hasta el río de Areco, y otros requieren los servicios de Manuel que -con reserva anticipada y tarifa adicional- ofrece clases de polo, el deporte de reyes que aporta coloridos a la cancha avistable a través de las viejas ventanas desde la que el escritor escrutaba la llanura.

La memoria literaria -como está visto- no resulta ajena a los detalles por tener en cuenta para hospedarse en uno de los destinos predilectos de este creciente tipo de turismo. No siempre la inspiración es lo procurado por los huéspedes que requieren la célebre habitación.

Sin perjuicio de los motivos adicionales, dormir en el mismo habitáculo en el que lo hizo un personaje de importancia cumple con una pretensión comprensible del visitante: resulta beneficiario de ese valor agregado al hospedaje -contra el simple dormitorio despojado de historias- ya que sirve para experimentar alguna emoción inesperada y seguramente para alhajar el anecdotario personal del pasajero o hasta sospechar que los fantasmas intelectuales son una buena compañía.

La habitación de Ricardo Güiraldes y la sala de trabajo dominan parte del parque. Aun se conserva la doble hilera de frondosos árboles que fue la avenida de entrada primitiva al campo, cuando su pertenencia eran nada menos que unas 6500 hectáreas.

Bosque y aljibe

De esa extensión sobreviven sólo doscientas hectáreas, aunque no quedó marginado el espeso bosque diseñado -cuando no- por el talentoso Charles Thays. Se lo cruza por diversos senderos, y con acopio de trinos diversos si se lo hace durante el crepúsculo.

Un viejo palomar resulta un hito tan importante como el aljibe, al que la leyenda le atribuye haber sido depositario de los escritos que el propio Güiraldes arrojó en prueba de su sentido autocrítico.

Los anfitriones suelen aprovisionar de relatos del pasado de la estancia. Muy cerca están lo corrales donde el mismísimo Segundo Sombra concretó su visitas y hasta los homenajes que allí se hicieron cuando, en 1926, apareció el libro.

Cuando llega el verano, la piscina impone una tregua aliviadora contra los sofocones y las cabalgatas. La comida de la cena es casera y los asados están precedidos por empanadas, mientras que el dulce de leche casero interviene en el preparado de los postres.

Los hospedados en base doble pagan 125 pesos por cada uno, con cuatro comidas y el uso de todas las instalación más la práctica de las actividades, que también incluye la observación de pájaros y de tareas rurales. Hay paseos adicionales hasta los talleres de plateros y hasta se puede jugar golf en un campo de 9 hoyos a 8 kilómetros del casco. Se puede pasar el día de campo por 75 pesos, Se puede viajar en ómnibus desde Retiro y combinar con la estancia el traslado desde San Antonio de Areco, o bien llegar al aeroclub del cruce de las rutas provinciales 41 y 31 (esta última sin asfalto).

En automóvil desde Buenos Aires se toma el Acceso Norte y ramal a Pilar de la Panamericana (con peaje de 1,50 peso) y se sigue por la ruta nacional 8, con peaje en Solís (3,10 pesos) y hasta el cruce con la ruta 41, que se toma a la derecha por tres kilómetros hasta que aparece el acceso de otros cuatro kilómetros no asfaltados hasta la estancia.

ADEMÁS

MÁS leídas ahora

Esta nota se encuentra cerrada a comentarios

Descargá la aplicación de LA NACION. Es rápida y liviana.