A paso de tortuga por la cintura del planeta

Las exóticas islas ecuatorianas asombran porque muestran buena parte de la vida animal y vegetal del mundo, y una geografía inigualable
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7 de diciembre de 2001  

PUERTO AYORA, Galápagos (Ecuador).- Eran tan sólo un nombre en el libro de geografía, un remoto lugar en el mapa al lado de la pizarra del colegio; pertenecían al mundo de los deseos como otros lugares. Ahora no es tan difícil conocer el archipiélago de Galápagos, un escenario que podría ser ideal para hacer una película sobre la creación de la Tierra.

Pero las islas dan para mucho más que eso. Puede uno buscarles similitudes, decir que parecen las del Caribe sin playas de arenas blanca, pero sus señas de identidad son únicas y tienen que ver con el interés científico que despiertan. Por eso se transformaron en la meta del turismo ecológico mundial. Sin lugar a dudas, aquí se puede lograr un contacto con la naturaleza, como pocas partes en el mundo. El fuego sagrado del turismo ecológico está encendido.

A primera vista, desde el avión, se advierte que las Galápagos -recibe su nombre de las gigantes tortugas que la habitan- son islas e islotes volcánicos que parecen adornos del Pacífico. El paisaje se muestra rocoso, árido y desolado; después, manifiestan su belleza serena y sutil con el verdor de su vegetación. Curiosamente, no hay ningún indicio de turismo playero.

Cuando se aterriza en el aeropuerto de la isla Baltra, el sol da la bienvenida con un abrazo implacable y el calor se empieza a sentir agobiante, pero la brisa del Pacífico alivia. Típico clima tropical que antes del verano parecería encender con más furia. Un viajero insaciable no puede dejar de pisar estas exóticas tierras -declaradas Patrimonio Natural de la Humanidad por la Unesco-, donde permanentemente asombra la riqueza de su fauna y flora.

Las islas están a mil kilómetros al oeste de América del Sur y constituyen una provincia más del Ecuador. Cobraron notoriedad gracias al naturalista inglés Charles Darwin, que llegó a bordo del Beagle, que atracó en 1835, en la isla Santa Cruz, y después de dos años de meditar sobre sus observaciones escribió el libro Origen de las especies. Y éstas abundan. Los animales son acuáticos o terrestres, y muchos de ellos -asombra saberlo- son propios del archipiélago y no se encuentran en ninguna parte del planeta.

Una teoría sostiene que debido a la enorme distancia que separa las islas del continente, los animales y las plantas no pudieron viajar para reproducirse en otra parte y quedaron aislados.

Durante millones de años las corrientes de agua frente a la costa occidental de América del Sur determinaron que el viaje de animales y plantas hacia las islas fuera en un solo sentido.

Invadidas de turistas en cualquier época del año -alrededor de 65.000-, son un lugar de culto para los amantes de la biología y, obviamente, la fotografía. El guía desliza datos que cuestan creer: viven allí cerca de un 90 por ciento de los reptiles, el 50 por ciento de las aves, el 32 por ciento de las plantas, el 25 por ciento de los peces y el 46 por ciento de los insectos. Esto parece un gran zoológico sin rejas.

Ninguna se parece a las Ninja

Uno siempre está expuesto al asombro. Las tortugas son gigantes, llegan a pesar más de 200 kilos. Hay unas 14 sub-especies reconocidas; eso sí, ninguna similar a las Ninja. Una buena parte de ellas se las puede apreciar en la estación científica Charles Darwin, en la isla Santa Cruz. Lo más curioso es que estos animales, incluidas aves exóticas, no le temen al hombre como tampoco el resto de las especies migratorias que pasan cada temporada por esta tierra.

Las islas y el mar que las rodea tienen también otras características: hay cráteres de volcanes sumergidos en el agua transparente y extensas playas formadas por derrames de lava. Quienes recorran algunas de las islas tienen que estar dispuestos a observar un espectáculo único en el mundo y no tienen tiempo para trasnochadas.

Por eso, para aprovechar las jornadas, es esencial levantarse antes de que salga el sol y desayunar a bordo de algunos de los cruceros, prácticamente el único medio para visitar las islas. En rigor, el movimiento en éstas es prácticamente por mar pues escasean los caminos.

En embarcaciones chicas conocidas como pangas se llega a los cruceros, cuya mayoría espera en la rada de Puerto Ayora, en Santa Cruz, pueblo cabecera del archipiélago -10.000 habitantes- y donde están los servicios públicos, el comercio y algunos hoteles en sus alrededores. Son numerosos los barcos que llevan a los distintos atractivos de Galápagos y muchos de ellos hacen directamente las veces de hotel. La organización es muy buena. Todo está pensado de antemano. Hasta para los desembarques en los que hay que mojarse los pies hay toallas para secarlos.

No se pueden realizar excursiones por las islas sin la compañía de guías. En general, se efectúan caminatas al borde de la playa o sobre un acantilado. Conviene saber que habrá que caminar sin cesar por senderos rocosos, para lo cual es indispensable calzado adecuado, y muchas veces bajo el sol intenso. Una variante en las excursiones es el buceo en aguas translúcidas, bastante frías, en medio de una clase de de tiburón que no ataca al hombre.

En Galápagos todo es excesivo. Nadie puede abarcar desde el barco la portentosa realidad que tiene al alcance de la mano. Por eso darse una vuelta por estas islas, como dicen aquí, es como dar la vuelta al mundo por el camino más corto.

Jorge, protagonista de una triste historia

  • Una de las alternativas para los turistas es visitar la isla Santa Cruz, donde funciona la estación científica Charles Darwin, para ver las tortugas que se hallan en cautiverio para asegurar su supervivencia. Allí se puede apreciar cómo transcurre apaciblemente la vida de las tortugas, muchas de ellas de gran tamaño. La vedette es el Solitario Jorge, un ejemplar de triste historia pues es el último sobreviviente de una raza desaparecida. Resultaron infructuosos los esfuerzos por cruzarlo con otras clases de tortugas, y por eso Jorge es objeto de bromas por parte de los turistas cuando toman conocimiento de su vida sexual.
  • Datos útiles

    Cómo llegar

    En avión US$ 1050

    Desde Buenos Aires hasta Galápagos por LanChile, vía Santiago y Quito o Guayaquil, ida y vuelta, con impuestos. Los tramos por Ecuador se realizan por la compañía TAME. El precio indicado rige para estos días.

    Paquetes turísticos

    Una semana US$ 1800

    Cuesta alrededor de este precio, base doble por persona (esta cantidad incluye tarifas aéreas, impuestos, ingreso en las islas, tasas, y tres noches de alojamiento en un hotel 4 estrellas de Quito, con desayuno, traslados y excursiones por la ciudad, y 3 noches de alojamiento en un hotel en las islas, con pensión completa, más el transporte en crucero. Hay otras variantes.

    Más información

    LanChile: 4378-2222

    Atalaya Turismo: 4312-5784

    Espíndola Viajes: 4311-8861

    En Internet

    Metropolitan Touring (pioneros del turismo organizado en Galápagos)

    http://www.metropolitan-touring.com

    LanChile

    http://www.lanchile.com

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