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Al calor de Las Leñas

Para los amantes del aire libre no hay nada mejor que estar en este lugar de los Andes para hacer trekking, rafting y otras actividades; los requisitos fundamentales son tener equilibrio, piernas fuertes y ganas de divertirse
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31 de marzo de 2000  

LAS LEÑAS, Mendoza.- Aunque el inicio de clases parecería marcar el fin del verano, en muchos rincones del país la temporada no termina; sobre todo, si se trata de aventurarse en la cordillera de los Andes, en sus ríos con caudal a pleno por el deshielo (aunque el año último no ayudó a que éste sea óptimo), lagunas y formaciones geológicas del tipo dolinas y valles limpios de nieve y cubiertos de la vegetación de alta montaña que les da su nombre.

Y, para esto, aún resta tiempo, ya que la garantía de sol casi todo el año -condición meteorológica reflejada en el logo que identifica a Las Leñas- da cuenta del clima por disfrutar, hasta más allá de Semana Santa.

A poco más de 200 kilómetros de San Rafael, los valles de Los Molles, Las Leñas y Hermoso y, camino a ellos, el cañón del Atuel y Valle Grande son el escenario ideal para escalar, cabalgar, hacer rafting, trekking, andar en bicicleta por sinuosos senderos de montaña, remar o deslizarse por nieves eternas.

Las propuestas son tantas como las ganas de disfrutar del reparador clima del valle. Es que Las Leñas existe más allá de la práctica del esquí.

De todas las actividades, hay algunas que resultan imperdibles o, más bien, accesibles hasta para cualquier neófito o novicio, independientemente de su edad, ya que pueden participar personas de cuatro años en adelante.

Dentro este amplio espectro, algunas de las principales propuestas son escalar las paredes del cerro Los Mogotes o bajarlas a rápel, cruzar con tirolesa el río Salado y navegar haciendo rafting por los rápidos del curso inferior del río Atuel.

Descubriendo caprichos

Como precalentamiento para la actividad o aclimatación se puede comenzar por un mixture de avistamiento y trekking. Para esto, el cañón del Atuel -a 1300 metros sobre el nivel del mar- es la mejor galería de la zona.

Sentarse en el Sillón de Rivadavia, rogar junto a una procesión de Monjes, pedir cual Mendigo, detenerse ante la mirada de un Búho, estar al sol como un Lagarto, sumergirse en El Submarino o arrugarse como Los Viejos. Bien podrían ser las opciones, aunque sólo son algunos de los nombres de las formaciones rocosas que se divisan desde la ruta provincial 173, que atraviesa el cañón del Atuel, esculpido en la Sierra Pintada.

El río Atuel se abre paso entre las montañas y talla un cañón que no sólo lleva su nombre, sino la forma que sus aguas se empeñaron en darle a través de los siglos. El natural capricho del viento también deja su marca en rocas, cual mil hojas, curiosamente estratificadas, junto a otras llamadas de huayquerías; todas muestran infinitas figuras, tantas como la imaginación descubra.

A la obra de la naturaleza se suma la del hombre, que ha sabido transformar un medio ambiente árido y hostil en otro más beneficioso y fértil. Las presas embalsan las aguas del río para regular su caudal con el fin de disponer de agua para el riego de los viñedos; este cultivo es uno de los principales recursos de la zona.

La generación de energía eléctrica, mediante saltos de agua que activan usinas, es otro de los fines de esta imponente obra de ingeniería. La estación hidroeléctrica Los Nihuiles con sus cuatro centrales, los diques y túneles, además de los embalses, están instalados en el cañón formando un imponente conjunto panorámico. El tramo principal se encuentra a partir del embalse Valle Grande, los siguientes 46 kilómetros aguas arriba -se asciende de 800 a 1252 metros-, que llegan hasta El Nihuil.

Este último, con sus 9600 hectáreas, es el mayor de los embalses de la región de Cuyo y uno de los mejores para realizar windsurf; práctica que organiza el Club de Pescadores local.

Propuestas en cauce

En las inmediaciones del embalse Valle Grande -un espejo de agua de 508 hectáreas, en el kilómetro 38 de la ruta 173- se encuentran numerosos restaurantes, campings, cabañas y hoteles, desde donde parten excursiones de kayak, pesca de salmónidos, truchas y percas, y de rafting.

El Atuel es considerado un río escuela para el aprendizaje y práctica del descenso en balsa en ríos normalmente de montaña. Sus rápidos cortos y grandes remansos hacen que su grado de dificultad sea de clases I y II; esto es, apto para cualquier persona mayor de 4 años, con o sin experiencia.

Puede hacerse rafting en varios ríos de la zona: en el Mendoza, el Diamante y en el curso superior del Atuel, especiales para los más experimentados y osados; en el Salado, cuando el caudal de agua es lo suficientemente generoso, el tramo inferior del Atuel es el más divertido para los turistas en general. Sus largos remansos permiten la realización de juegos entre balsas y hasta saltar a nadar sin mayores escalofríos. A esta altura, sus aguas pasaron por cuatro embalses y son más cálidas.

A los botes

Una malla, un par de sandalias de goma con abrojos o, simplemente, descalzo, antes que unas ojotas, forman el equipo necesario para subir a los botes. El casco, un salvavidas y el imprescindible remo son provistos a la hora de embarcarse. "El motor del bote somos nosotros, más bien nuestras ganas, acompañadas por la firmeza con la que debemos agarrar la empuñadura del remo, con una mano, y el cabo, con la otra, el cual debe ingresar al agua formando un ángulo de 90º con el bote", explica Roli, guía de Saint Joseph, una de las tantas empresas de turismo de aventura que se asientan a la vera del Atuel, en Valle Grande.

Con los pies debidamente trabados o apretados contra los cilindros o pontón del hypalon (bote) no hay más que seguir las indicaciones del guía. Aunque su nombre lo indique, no habrá llantos. El Atuel o Latuel leufú , palabras de origen mapuche que significa río de lamentos , está lejos de provocarlos.

Por el contrario, el entusiasmo crece con La Tabla de Lavar y Los Claveles del Aire, dos de los rápidos que junto con el de la Virgen y su salto, además del llamado Parque de Diversiones, hacen de esta travesía una divertida experiencia para los principiantes de rafting. A este corto recorrido de 45 minutos se suman otros dos más extensos, de una y una hora y media.

Animas benditas

Es un pukio legendario, laguna purísima para los aborígenes, donde algunos creen que depositaban a sus muertos. El Pozo de las Animas, a 6 kilómetros de Los Molles, es una de las dolinas más grandes de la zona.

Se trata de dos lagos en el fondo de una depresión geológica. Tienen una dimensión de 265 y 300 metros de diámetro cada uno, magnificados por el colorido conferido por el piso aluvional que los rodea; los taludes de los bordes alcanzan una altura de hasta 130 metros.

Las dolinas son formaciones producidas por la erosión de aguas subterráneas en el interior de terrenos blandos en este caso, de yeso. La cavidad, escondida al principio, se abre luego a la superficie por el hundimiento de las capas de tierra que la cubrían. La profundidad del Pozo de las Animas alcanza los 21 metros.

Buen Tiempo

  • En Las Leñas hay sol casi todo el año, son pocos los días nublados. A pesar de la gran amplitud térmica, 15ºC promedio durante el día y 4ºC de noche, la temperatura es agradable, más allá de Semana Santa, cuando se realizan las actividades de montaña propuestas. En estos meses, hay menos viento.
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