Alerta para los que hacen vuelos largos

Un estudio reciente demostró que son un factor de riesgo de trombosis profunda, conocido como síndrome de la clase turista
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7 de diciembre de 2001  

A la hora de planificar sus vacaciones, la consigna para millones de argentinos es cuanto más lejos, mejor . Para muchos turistas, sin embargo, la consigna debería ser cuanto más lejos, más peligroso . Esto es porque los viajes de larga duración incrementan el riesgo de trombosis, lo que puede llevar a una embolia pulmonar con consecuencias fatales. ¿Cuáles son las causas de la trombosis conocida como síndrome de la clase turista? ¿Hay medidas de prevención? Mallorca en vez de Mar del Plata, Aspen en lugar de Bariloche y Sydney en vez de Río, los viajes de larga distancia están in . Pero al mismo tiempo hay un creciente riesgo de que las vacaciones soñadas terminen en pesadilla. De acuerdo con el recientemente publicado estudio francés Sirius, los viajes aéreos de larga duración aumentan en un factor de 2.35 el riesgo de trombosis. A continuación se transcribe parcialmente el informe de Bayer.

Piernas dobladas

Cuando los pasajeros sienten un súbito dolor en sus piernas durante un vuelo largo, tienden a atribuirlo a un calambre de los músculos de la pantorrilla causado por permanecer casi inmóviles en sus asientos durante muchas horas con las piernas dobladas.

En muchos casos, el dolor realmente está causado por calambres en la pantorrilla. Pero también puede estar provocado por la coagulación de la sangre en las venas profundas de la pierna, las mismas que transportan un 85% de la sangre de vuelta al corazón. Este tipo de trombosis tiende a desarrollarse en lugares en los que a causa de pasar largas horas con las rodillas flexionadas los vasos se angostan, interfiriendo y bloqueando el reflujo de la sangre. La sangre forma un coágulo (trombo) que impide aún más el flujo sanguíneo a través de las piernas, de aquí el dolor. Usualmente, el trombo se disuelve cuando el pasajero pone sus pies en suelo firme y comienza a moverse. Luego de un breve estiramiento de las piernas, el dolor desaparece. Ocasionalmente, sin embargo, el coágulo permanece y sube por la vena cava, a través del lado derecho del corazón hasta los pulmones, donde ocluye las ramas de las arterias pulmonares. Si en su camino a los pulmones se rompe en fragmentos o émbolos, éstos pueden incluso bloquear varios vasos en los pulmones. El resultado puede ser una amenazante embolia pulmonar. Algunas víctimas presentan síntomas parecidos a los de la gripe, como tos y dolor de pecho, que desaparecen cuando el coágulo se disuelve. Otros se quejan de dolor de pecho severo, que usualmente lleva a los médicos a sospechar un ataque cardíaco e iniciar un tratamiento acorde. Si las arterias pulmonares permanecen bloqueadas, surge una situación muy peligrosa. Puede ocurrir un infarto pulmonar, cuyo resultado es frecuentemente fatal.

Pero no son sólo los calambres por la posición los que incrementan el riesgo de trombosis, también las condiciones atmosféricas de la cabina, junto con el consumo excesivo de alcohol. A raíz de que el aire a altitudes de vuelo de entre 10.000 y 12.000 metros sería demasiado liviano, la presión atmosférica de la cabina se establece en un nivel equiparable al que correspondería a los 2500 metros de altura. Cualquiera que caminara por una montaña a esa altitud sin aclimatarse antes se quedaría sin aire enseguida.

En estos niveles de baja presión atmosférica, las venas se dilatan y el flujo sanguíneo se vuelve más lento, condiciones favorables para la trombosis. Es más, el aire en la cabina es más seco que el del desierto: la humedad atmosférica es sólo de alrededor del 3%. Como resultado, el cuerpo pierde líquido y la sangre se pone más densa, otro factor de riesgo para la trombosis. El consumo excesivo de alcohol es un factor importante, porque el alcohol también deshidrata. Estos factores inherentes al transporte aéreo contribuyen de manera importante a la opinión de expertos sobre que los vuelos de larga duración implican un mayor riesgo de trombosis que un viaje en tren u ómnibus de similar duración.

Según la American Heart Association (AHA), alrededor de dos millones de personas son víctimas de trombosis venosa profunda (o TVP) cada año, sólo en los Estados Unidos. Alrededor de 600.000 de ellas desarrollan posteriormente una embolia pulmonar. Una de diez personas muere a causa de las consecuencias: en otras palabras, alrededor de 60.000 por año. De acuerdo a Jack Hirsh, de la AHA: "Esta cifra excede por mucho el número de mujeres americanas que muere por cáncer de mama cada año".

No se sabe realmente cuántos casos de trombosis venosa profunda pueden ser atribuidos a los vuelos de larga duración. Especialmente, dado que muchas de las víctimas ni siquiera hacen la conexión entre su trombosis y recientes viajes aéreos.

De todos modos ésta fue la conclusión a la que llegó el cardiólogo francés, doctor Emite Ferrari, en un estudio del viaje como factor de riesgo de trombosis venosa profunda. El hecho de que en muchos casos los síntomas relevantes no se desarrollan durante el vuelo o inmediatamente después, sino sólo días o hasta semanas más tarde, despista a muchos médicos.

Cifras para tener en cuenta

El experto en viajes aéreos Farrol Kahn, director del Instituto Británico de Salud de la Aviación, comprometido en la investigación y educación de la gente sobre los riesgos asociados con volar, estima que en Gran Bretaña solamente, cerca de 30.000 pasajeros son víctimas del síndrome de la clase turista cada año, y decenas de ellos mueren como resultado.

Incluso las mismas aerolíneas reconocieron que los vuelos de larga duración están asociados con un mayor riesgo de trombosis, principal resultado de una audiencia científica realizada por la Organización Mundial de la Salud (WHO) en Génova, en marzo de 2001. Esta es la razón por la cual la OMS quiere que se investigue científicamente la influencia de varios factores en el desarrollo de la trombosis, en cooperación con organizaciones de viajes aéreos y aerolíneas en un estudio con más de 100.000 pasajeros entrevistados.

Hasta que se conozcan los resultados de este estudio y la información que de ellos se obtenga se haya puesto en práctica en los vuelos, muchos millones de pasajeros seguirán corriendo el riesgo de desarrollar el síndrome de la clase turista. Cada turista debería tomar la iniciativa e implementar su programa de prevención.

Una de las medidas preventivas recomendadas por Farrol Kahn es la administración preventiva de aspirina, siempre que el pasajero no tenga alergia al ácido acetilsalicílico ni sufra trastornos estomacales u otras contraindicaciones. "Tomando una aspirina a la mañana del día de su vuelo y los dos o tres días siguientes, se está reduciendo el riesgo de síndrome de la clase turista en por lo menos un tercio".

Cómo prevenir la trombosis

  • Reserve en la aerolínea que le ofrezca los asientos más confortables y elija un asiento del lado del pasillo, que le permita más libertad de movimiento.
  • Vístase lo más cómodamente posible para el vuelo. La ropa ajustada puede interferir con su circulación y promover la trombosis. En el vuelo debería aflojar su cinturón y usar medias.
  • Por la baja presión atmosférica de la cabina se pierde mucho líquido y la sangre se pone más densa, incrementando el riesgo de trombosis. Tomar la mayor cantidad de agua posible, incluso antes del vuelo.
  • No se siente con las piernas cruzadas, porque interfiere con el flujo de la sangre. El flujo sanguíneo a través de las venas de la pierna es hasta 2 tercios más lento en posición de sentado que de parado. Cruzar las piernas lo empeora.
  • Haga este ejercicio la mayor cantidad de veces posible: con sus talones apoyados en el piso levante los dedos de los pies lo más que pueda hacia las rodillas. Retenga esta posición por tres segundos, relájese y luego apoye sus dedos y levante los talones. Mantenga por otros tres segundos. Se debería poder notar la tensión de sus músculos.
  • Salga de su asiento en intervalos regulares y camine de un extremo al otro del pasillo, en puntas de pie si es posible, o si no, apoyando completamente cada pie, desde el talón hasta los dedos, en cada paso.
  • Si desea dormir durante el vuelo, asegúrese de que sus piernas y la parte inferior de su cuerpo estén relajados y estirados, no flexionados.
  • Según el doctor Farrol Kahn: "Tomando una aspirina la mañana del día del vuelo y en los dos o tres días posteriores, se reduce el riesgo de este síndorome, por lo menos en un tercio".
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