Algunas verdades sobre Pinocho

Horacio de Dios
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15 de febrero de 2015  

La nariz de Pinocho, a fines del siglo XIX, era una prueba como la rinoscopia o el test de alcoholemia de hoy. En las aventuras de la marioneta era difícil sobrevivir y más aún diciendo la verdad. Éste no era, ni es, un mundo de ñatos.

Gepetto, carpintero como San José, quería lo mejor para su hijo de madera imaginado por Carlo Lorenzini (1826-1890), que no era un autor de cuentos para niños sino un periodista comprometido con su época turbulenta.

Para su historia con moraleja se inspiró en el pequeño pueblo de Collodi, donde pasó la niñez junto a su madre cocinera. Por eso, o por problemas políticos, se cambió el apellido (el seudónimo es Carlo Collodi) y quedó para siempre identificado con el Jardín Garzoli donde trabajaban sus abuelos granjeros protegidos por el castillo fortificado que sigue en pie al lado de la estatua colosal de Pinocchio en el parque temático que es otra de las atracciones populares de la Toscana.

Collodi está muy cerca de Lucca, la capital italiana de la historieta y a medio camino de Viareggio con su balcón al mar siguiendo la Vía Regia desde la Edad Media. Por esa costanera desfilan los carros alegóricos de papel maché de su Carnaval, uno de los más concurridos junto con el de Venecia al norte y de Acireale en Sicilia al sur.

La celebración, con su crítica a los poderosos y los bailes para todos, surgió en 1873. Es pariente de la Comedia del Arte y tan contemporáneo como el cine. Por eso este año la figura estrella es el director Paolo Virzi y el humorista Sergio Staino, que no es precisamente políticamente correcto y ganó el premio a la Sátira.

El vecino y compañero de Pinocho es un payaso, Burlamacco, con su disfraz rojo y blanco. El disfraz esta tomado de los paraguas (parasoles) característicos de la ciudad balnearia de 70.000 habitantes a la que concurren turistas de todas partes agotando su capacidad hotelera. Es singular su éxito en invierno, aun cuando no haya nieve, cuando lo habitual es jugar con agua en el verano como en Brasil o el Caribe.

La historia de un burattino, se tituló la obra de Collodi al publicarse en 1882 en la primera publicación infantil (Giornale per i bambini).

Era un largo folletín semanal que destacaba los valores del honor, la virtud y por supuesto la verdad. Otro tiempo, podría decir un cínico, pero las guardamos como reserva en nuestras entretelas morales junto al muñequito del sombrerito.

Recuerdos de Lucca

En Lucca compré varios para regalar y mantengo uno junto a la compu donde tecleo estas líneas. Ahora agrego a Burlamacco para tener la parejita y un paquete de serpentinas recordando los veglioni di colore y las caricaturas de sus políticos para reírse de sí mismos porque gobernantes y gobernados están hechos de los mismos materiales.

Tutto il mondo e un paese. Se me pegan los términos en mi italiano de trattoria y YouTube, donde acabo de ver la película de Luigi Comencini de 1971 sobre Pinocho con Nino Manfredi en el papel de Gepetto. ¡Formidable!

No es la última versión. Roberto Begnini le dedicó otra en 2002 y después lo transformaron en un robot para Pinocho 3000 sin contar sus apariciones en el elenco de Shrek.

Por supuesto recuerdo la película de Walt Disney en 1940 que sigue siendo tan inolvidable como el personaje a quien nos gustaría parecernos y sobrevivir.

Porque Collodi lo exponía a todo tipo de peligros con los estafadores, el zorro y el gato, que querían apartarlo del buen camino. Es una historia para ser contada y oída como decidió Luigi Pirandello, premio Nobel, cuando incorporó a Pinocho como uno de los Seis personajes en busca de un autor. Posiblemente, una de sus obras más representadas en todo el mundo.

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