Arqueología, queso feta y atardeceres en el Peloponeso

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7 de diciembre de 2014  

A nivel familiar siempre nos ha entusiasmado la historia de Grecia y motivados por estos intereses decidimos recorrer el Peloponeso y algunas otras bellezas culturales de sus alrededores. Hicimos pie en Nafplio, que fue la primera capital griega, y como tal mantiene su allure de gran ciudad, su identidad ancestral, su cálida receptividad y una variada y tentadora oferta gastronómica local. Elegimos Nafplio por su emplazamiento: era ideal para realizar nuestros recorridos turísticos, a la vez que podíamos regresar y disfrutar de los atardeceres enmarcados por las aguas del golfo de la Argólida, y en lo alto, por la Fortaleza Palamidi, contundente muestra arquitectónica del poder y la importancia estratégica de Naufplio durante siglos.

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Estimulados por el atractivo de sitios por recorrer y teniendo al sol radiante como mejor aliado, partíamos en auto por las rutas sinuosas que ofrece el Peloponeso, subiendo y bajando colinas, mezclándonos entre olivares, naranjos y limoneros que, como compañeros de ruta inclaudicables, daban testimonio de los frutos de aquella tierra. Así nuestro primer recorrido incluyó los renombrados sitios arqueológicos de Epidauro y Mycenas. Bellos por sus emplazamientos y por la cuidada preservación de sus legados arquitectónicos, Epidauro muestra orgulloso, a metros del santuario de Asclepio, su gran tesoro, el teatro mejor conservado de Grecia. Mycenas impacta por su emplazamiento y la majestuosa recepción de la Puerta de los Leones; también la cercana tumba de Agamenón resulta de un atractivo inusual y merece una visita.

Un poco más lejos, a unos 120 kilómetros de Naufplio, se encuentra Mystras, una joya bizantina que vale la pena recorrer. Sus monasterios son un deleite visual; albergan en su interior pequeñas gemas bizantinas con frescos soberbios, algunos mejor conservados que otros. Vale la pena pasar el día y almorzar en algunas de las cantinas cercanas una refrescante ensalada griega con delicioso queso feta y, para los más arriesgados, si el calor no agobia, un rico moussaka con algún bocado almibarado, como el kadaifi o el baklava, o bien aceptar unas rodajas de sandía y melón que ofrecen como gentileza de la casa.

Ya de salida del Peloponeso fuimos a recorrer el sitio arqueológico de Corinto y Acrocorinto (la acrópolis de la antigua Corinto). Este último tiene vistas increíbles al golfo de Corinto y si bien está menos conservado que el de la ciudad misma, sus vistas panorámicas dejan sin aliento. Al salir o llegar de Corinto es visita obligada pasar por el canal e ir rumbeando hacia el Norte y llegar a la ciudad de Delphi al atarceder, momento del día que augura una receptividad casi solitaria y una iluminación especial, en un enclave único. Recomiendo visitar el templo de Atenea Pronae y caminar por el sitio, y de paso estar alertas a los vaticinios de la famosa Pitia. De Delphi y de regreso hacia Atenas no quisimos perdernos el monasterio de Ossios Loukas, declarado Patrimonio Mundial de la Humanidad por la Unesco. Su diseño arquitectónico lo vale y aún más sus cuidados mosaicos que recrean en pequeño los más delicados de San Vitale en Ravenna.

Los días pasaban y aún nos quedaba Atenas, con sus memorables y mundialmente conocidos emblemas de la Grecia Antigua y, sobre todo, la visita al cabo Sunion. Para llegar es recomendable tomar la ruta costera que bordea el mar Egeo, y hacer un alto y zambullirse en las aguas de alguna de las bellas calas que se descubren en el camino. Llegar al atardecer al cabo Sunion es también el mejor regalo: ver el templo de Poseidón iluminado por la tenue luz del sol y contemplar ese momento del día que amalgama lo mejor del mundo terrenal y la grandilocuencia del mundo celestial, donde hombres y dioses griegos a la par nos revelan su legado más preciado. ¡Experiencia inolvidable!

Por Daniela Kutyn

¡ No se pierdan!

Los glow worms de Waitomo

Hay maravillas de la naturaleza tan pequeñas que casi pasan desapercibidas. Aunque éste podría haber sido el caso de los gusanos brillantes, no lo fue gracias a dos exploradores (uno maorí y otro inglés) que en 1887 se adentraron en las misteriosas cuevas de Waitomo.

A las cuevas se accede ahora por un moderno centro de información. Por dentro son de piedra caliza que se formó hace 30 millones de años debajo del mar. Sus paredes muestran vetas de diferentes colores e incluso contienen restos fósiles de peces, moluscos y corales. Cuando los movimientos de las placas tectónicas comenzaron a empujar la tierra por esta zona de Nueva Zelanda, las cuevas salieron a la superficie. Con el paso del tiempo, el agua de lluvia se empezó a colar dentro y a gastar la piedra para crear curiosas estructuras llamadas estalactitas y estalagmitas.

Y el agua sigue goteando por todos los rincones, tanto es así que hay ríos y lagos subterráneos. Por ellos se puede andar en pequeños barquitos que navegan en la oscuridad para no asustar a los más ilustres habitantes de estas cuevas: los gusanos brillantes (glowworms).

Nos sumergimos en la profundidad de la cueva bajando por unas escaleras hasta llegar a un río. Aleccionados sobre la imposibilidad de hacer fotos o hacer ruido, nos subimos a un minúsculo barquito en la oscuridad. Todo tuvo sentido cuando miramos hacia arriba? Nos deslizábamos por este río subterráneo con algo similar a una galaxia brillando por encima de nuestras cabezas. Estas pequeñas lucecitas en la oscuridad no eran más que una especie de mosquitos y sus hijos: las larvas. Estos insectos producen un efecto único en el mundo (literalmente, porque sólo existen en Nueva Zelanda): prendidos al techo de las cuevas desprenden unas lucecitas verdes y azules, como luciérnagas, pero de otro color. Hay tal cantidad en los techos de Waitomo que se ve como un cielo estrellado. ¡Es algo alucinante!

Por Cintia A. Morrow

Compañeros de ruta

América Central o Caribe. Busco compañera mayor de 55 años para viajar a Costa Rica y Panamá, o Aruba y Curaçao, a convenir, en febrero de 2015. Requisito: buena predisposición y ganas de conocer y disfrutar. Escribir a morenorosita46@gmail.com

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