Balcón al mar

La silueta de Calabria, definida por el Tirreno y el Jónico, seduce con sus playas y con la vida de los pescadores
La silueta de Calabria, definida por el Tirreno y el Jónico, seduce con sus playas y con la vida de los pescadores
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24 de marzo de 2000  

CAPO VATICANO.- Terraza sul mare ; así llaman en dialecto los habitantes costeros de Calabria a sus pueblos. Terraza sobre el mar; una metáfora sencilla que define casi literalmente la imagen de las casas de piedra que se montan en lo alto de los peñascos. Esas que datan de principios del 1900 y que dejan entrar por las ventanas el viento marino que, según dicen, todo lo limpia.

Alrededor de 800 kilómetros de costa, moldeada por el trabajo milenario del mar, bañan la escarpada silueta calabresa encerrada entre el mar Tirreno y el mar Jónico. La península se embriaga con el ambiente de los pescadores armando sus redes o vendiendo por unidad las piezas recién salidas del agua. Se mezcla entonces entre la cotidianidad pueblerina, un perfil turístico algo diferente al de otros centros de veraneo más desarrollados como Capri o la costa amalfitana.

La ruta 18, que acompaña al Tirreno hasta el fin del golfo de Santa Eufemia, inaugura la región con Praia a Mare, una pequeña bahía transparente que luce su espuma entre arcos de piedra y grutas tiñendo el sol que se refleja en el azul del agua. Junto a ella, San Nicola Arcella conserva, con su oleaje suave, los cañones del siglo XVI que tenían los barcos piratas que hasta allí llegaban.

Arenas doradas

Antes de Santa Eufemia, vale la pena visitar Amantea y desde allí, navegar hasta Scogli d´Isca, una pequeña isla que ostenta la más variada vida submarina. Ya en el golfo, Pizzo y la Marina de Zambrone son los destinos más visitados.

A unos kilómetros de comenzado el golfo de Gioia, los pueblos de Briatico, Tropea y Capo Vaticano encierran en 20 kilómetros tres de los más imponentes destinos de playa de Calabria. Burgos medievales trepados a los morros, con torres añejas y construcciones varias veces centenarias componen el circuito por el camino costero N522.

El paese de Tropea, siendo el más poblado, representa el icono del Tirreno sur viendo nacer desde el agua la iglesia de Santa Maria dell´ Isola como una imagen milagrosa. A poco de allí, Capo Vaticano es el lugar del gran desfile de la naturaleza, con calles de ripio, nopales a borbotones y extensiones solitarias de arena a los pies de cerros cubiertos en verde.

Cercano al estrecho de Messina, el promontorio de Scilla muestra al atardecer el sugestivo escenario de los pescadores artesanales, y más allá el mar, demostrando por qué la zona es conocida con el nombre de la costa violeta. El continente está por llegar a su fin y lejana se divisa la isla de Sicilia.La ruta 106 que nace en Reggio di Calabria es la que conecta las localidades del Oeste, hiladas sobre la orilla del mar Jónico. En la zona sur, bajo la imponencia del Aspromonte, las playas se estiran desiertas alternando, de a ratos, algunas villas poco pobladas que viven de la pesca y la agricultura. Vale la pena parar en estos poblados, aunque sea para recorrer la feria y sentir aún más el genuino ambiente de los pequeños puertos calabreses.

Junto al golfo de Squillace, en Riace Marina, las historias ancestrales se hicieron más comunes desde 1972, cuando se encontraron en las profundidades del mar dos estatuas tamaño natural de bronce, que reproducen una dupla de guerreros del siglo V antes de Cristo.

Velas al viento

A escasos kilómetros, Soverato y Lido de Caminia fueron creciendo desde la década del 70, cuando se los descubrió turísticamente. Hoy, sus aguas calmas totalmente cristalinas son la debilidad para los amantes de los deportes náuticos, especialmente cuando de velas se trata. Pegada, la costa de Copanello es considerada la más elegante de Calabria.

Hacia el Norte, siempre por la ruta 106, se encuentra la reserva natural marina de Capo Rizzuto. Se trata de una península vecina a la ciudad de Crotone, con playas de arena dorada y fina, que dan paso a un variado despliegue de algas y corales.

Todavía resta en dirección a la Basilicata visitar Gabella Grande o Capo Spùlico; son casi 100 kilómetros más de orillas saladas, en los que se mezclan las bellezas naturales con el folklore local.

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