Berlín es mucho más que cerveza, salchicha y chucrut

En esta ciudad no hay muros que tapen la belleza de sus rincones históricos
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14 de diciembre de 2001  

BERLIN (The New York Times).- Cuatro días no son suficientes para deshojar las capas de la historia de una ciudad que me parece cautivante, como un buen libro que no permite abandonar su lectura.

Desde la caída del Muro de Berlín, hace más de diez años, la ciudad atravesó una etapa de grandes transformaciones; tras la reunificación, volvió a ser la capital de Alemania. Y aún siguen lo cambios, así lo demuestra la gran cantidad de grúas de construcción, esas enormes estructuras metálicas que se alzan por toda la ciudad.

Los paseos de rutina en otras capitales europeas consisten en visitar museos durante el día y luego recuperarse de la sobrecarga de arte y cultura, quizá yendo a un café, o caminando por una calle atractiva en un barrio típico.

Si bien Berlín tiene museos maravillosos, la historia fluye de sus calles de un modo espectacular, aunque a veces inquietante. Un recorrido corto por la ciudad puede incluir pasar frente a las construcciones ampulosas de la era nazi, o ante los elegantes departamentos modernistas diseñados por los arquitectos de la Bauhaus, o los bloques agujereados por las balas de la Segunda Guerra Mundial, o el brillo -algunos dirían sin gusto- de los centros de compras con estructuras de vidrio y acero.

Con un plano de la ciudad en la mano, salí a recorrer los barrios cambiantes de la antigua Berlín Este y Oeste hasta donde las piernas me lo permitieron.

Entre los numerosos cambios en la ciudad, hay una buena noticia para el viajero económico: el auge de la industria inmobiliaria en el ex Berlín del Este ha dado lugar a hoteles pequeños y asequibles, entre 60 y 100 dólares la noche. Ninguno de los dos lugares en los que me alojé -el Sorat Art´otel y el Künstlerheim Luise- existían hace cinco años atrás. Los dos me llamaron la atención porque cada uno formaba parte de un concepto novedoso de hotelería que cobra fuerza en Berlín, los llamados hoteles de arte . En Internet y en las guías de viajes encontré varios de este tipo, denominados así porque las habitaciones y salones en común están diseñados por artistas locales. Todas las noches me retiraba a descansar rodeada por obras de arte originales. Esta ciudad europea amerita una visita por el solo hecho pasar un noche en alguno de estos hoteles.

Sin mirar atrás

Por una cuestión de simetría, reservé dos noches en el Sorat Art´otel, frente al Kurfürstendamm (Ku´damm), en el Oeste, y dos noches en el Künstlerheim Luise, en Mitte, en el Este. No hubo ningún motivo en especial para comenzar mi estada en el Oeste, pero, mirando hacia atrás, me alegro de haberlo hecho. El barrio donde está el Sorat, Charlottenburg, era el principal destino turístico de Berlín antes de la caída del Muro. El Ku´damm es un extenso bulevar con veredas amplias y elegantes tiendas, como la avenida Madison en Nueva York.

Recorrer de un lado al otro el entorno familiar del Ku´damm, como hice mi primera tarde, fue una buena manera de entrar en calor a mediados de diciembre y orientarme en la ciudad. También tuve la oportunidad de aprovechar excelentes ofertas en las boutiques de afamados diseñadores.

A la mañana siguiente, después de un suculento desayuno, dejé el hotel decidida a remontar la rampa en espiral del espectacular y flamante Reichstagskuppel, el agregado en vidrio y acero en lo alto del Capitolio de Alemania diseñado por sir Norman Foster, desde donde se obtiene una vista maravillosa de la ciudad, y la imagen de los demás turistas reflejada en la pieza central de la estructura, una especie de embudo hecho con trozos de espejos.

Hice un alto en la cafetería del último piso donde pedí una taza de café y una porción de torta de manzana. Mientras descendía a la planta baja no podía salir de mi asombro al ver que había estado casi tres horas en el Domo, símbolo del nuevo Berlín.

Datos útiles

Cómo llegar

El pasaje aéreo, de ida y vuelta, hasta Berlín cuesta 1050 dólares, con tasas e impuestos.

Traslados

Desde el aeropuerto Tegel, hasta el centro, en ómnibus, cuesta 1,85 dólares. En taxi, 12 dólares.

  • La red de transporte berlinesa ( http://www.bfg.de ) es muy práctica. El ticket diario o tageskarte , que sirve para las líneas U-Bahn (metro), S-Bahn (tren urbano) y de colectivos dentro del centro de la ciudad cuesta 4 dólares.
  • Alojamiento

    Una habitación doble en un hotel de cinco estrellas cuesta alrededor de 200 dólares; en uno de cuatro, cerca de 100 y en uno de tres, 80.

    Gastronomía

    Los restaurantes están repletos desde las 18 hasta el cierre.

  • Una comida económica cuesta 10 dólares por persona. En un restaurante mejor, alrededor de 25.
  • Museos: el Museum Haus am Checkpoinnt Charlie, Friedrichstrasse 43-45; http://museum-am.checkpoinntcharlie.org . Abierto de 9 a 22, todos los días, valor de la entrada: 5,60 dólares.

  • Museo Judío, en Lindenstrasse 9-14, (49-30) 2839 7444, http://www.jmberlin.de
  • Reichstagskuppel (el Domo del Reichstag), Platz der Republik 1, entrada libre.
  • El Bröhan Museum, Schloss-strasse 1A, (49-30) 32690600, http://www.broehan-museum.de , es la joya del lugar, repleto de extraordinarios ejemplos de art déco holandés, francés y alemán. Entrada: 3,70.
  • Más información

    Embajada de Alemania, Villanueva 1055 (4778-2500). Atención de lunes a viernes, de 8.30 a 11.30.

    En Internet:

    http://www.berlin-info.de

    http://www.berlin-landmarks.com

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