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Calabria desata pasiones

El mar y las montañas impregnan de un aire romántico esta región de cinco provincias, signada por el culto a la familia y con sabores propios
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24 de marzo de 2000  

REGGIO DI CALABRIA, Italia.- Hay quienes aseguran que identificar Milán es sencillo: unos anteojos oscuros, una corbata de seda y un teléfono celular son suficientes. Más fácil aún es Florencia: un cuadro de Botticelli o, simplemente, el rostro de el David . Dicen que la misma simetría inconfundible enlaza a Venecia con las góndolas, y a Roma con el Coliseo.

Pero nada de esto puede aplicarse respecto de la región de Calabria. La más austral de las regiones continentales de Italia es sumamente compleja y ninguna tríada de iconos puede darse el lujo de remitir con tanta simpleza a estas tierras.

Por supuesto, los que con tanta pasión sostienen este enunciado son calabreses y, sin saberlo, están exponiendo uno de esos símbolos que tan bien construyen a su propia identidad. El orgullo en voz alta de haber nacido en Calabria y el gustoso respeto de sus tradiciones se transforman entonces en algo parecido a las góndolas, a las corbatas de seda o a las curvas de los cuadros de Botticcelli.

Cosenza, Catanzaro, Reggio di Calabria, Vibo Valentia y Crotone son sus cinco provincias. Tierras de mar y de montañas. Tierras de historias sobre inmigrantes que dejaron el sur italiano para hacerse la América, pero también de esas que relatan las invasiones normandas, el paso de los turcos y cuando la Magna Grecia brillaba sobre este suelo.

Historias de siglos, que rinden culto a la familia, a la parentela y a la vicinanza (cercanía); a los sabores propios, y a esa manera tan diferente del resto de Europa que tienen los calabreses de contemplar el mundo.

De cara a Sicilia

En el extremo sudoccidental de la península itálica, la región de Calabria nace en el golfo de Policastro y despide al continente en el estrecho de Messina, frente a la Isla Grande de Sicilia.

La autostrada A3, la más importante de las carreteras del sur italiano, es la que se estira como una espiral dorsal a lo largo de su topografía accidentada.

Esa que ofrece tramos con el ondulado colorido de los viñedos, que más tarde logra imponencia en el macizo de la Sila, que sube y baja entre las colinas, y que posee las costas más agrestes del país.

Pero no sólo los contrastes en Calabria son naturales y climáticos. Abundan los culturales y los históricos; esos que con los siglos aportaron las diferentes civilizaciones y que moldearon esta personalidad tan singular.

Hospitalarios, ingeniosos, iracundos, dispuestos a las grandes charlas y convites, los calabreses se presentan con toda su autenticidad.

Hay que recorrer estas tierras de tantos siglos, probar cada uno de sus manjares y escuchar los diferentes dialectos, detenerse en las terrazas que forma el Aspromonte, contemplar el mar e inmiscuirse en las costumbres cotidianas para conocer los grandes encantos de esta región que constituye, en el mapa, la punta de la bota italiana.

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