Candonga da algunas campanadas de historia aborigen y colonial

La capilla es la gran atracción del lugar
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11 de mayo de 2003  

CORDOBA.- El paseo vale por dos: tiene historia y entretienen sus paisajes, porque la pequeña capilla de Candonga forma parte de los orígenes coloniales en las sierras cordobesas. Desde 1941 tiene la categoría de Monumento Histórico Nacional, pero su popularidad creció a partir de la decada del 70, cuando fue utilizada para una publicidad de cigarrillos.

El templo se encuentra a unos cincuenta kilómetros de la capital cordobesa y a siete de la localidad de El Manzano, por el camino que conduce a la ciudad de Río Ceballos.

Con influencia jesuítica

Construida a partir de 1730 en los terrenos que pertenecían a la antigua estancia de El Rosario de Santa Gertrudis, la historia cuenta que fue levantada con la mano de obra de los indígenas que trabajaban en el establecimiento, y bajo la influencia arquitectónica de los hermanos jesuitas.

Candoga es el resultado del buen gusto. La capilla ha quedado integrada armónicamente al entorno, envuelta por el paisaje de las llamadas Sierras Chicas.

Desde el punto de vista arquitectónico, la visita a la capilla mostrará cómo su belleza queda destacada por las sencillas líneas de su construcción, en la que predominan las paredes de calicanto de más de un metro de espesor, mientras que su nave tiene apenas cinco metros de ancho por quince de largo, con una bóveda construida en piedra. El atrio está protegido por un arco, y la capilla tiene un campanario y una diminuta cúpula cuya luz ilumina la imagen de Nuestra Señora del Rosario. Para acceder a su interior hay que transponer una pesada puerta de algarrobo labrado con hachuela pudiéndose observar adentro antiguas tallas indígenas.

El templo fue restaurado por el arquitecto Mario Buschiazzo, que logró mantener la gracia española de las tejas rojas en contraste con el blanco de su mampostería. El descuido de otras épocas permitió que fuera robada la más importante de las dos campanas del templo, que tenía grabada la dedicatoria a la Virgen del Rosario.

Para quienes quieran pasar el día, a unos 500 metros de la iglesia corre el río San Vicente, un sitio ideal para acampar o hacer picnic debajo de una frondosa arboleda. Nadie volverá defraudado después de conocer la capilla de Candonga, cuya campana suele escucharse a distancia gracias al silencio que habita este impecable rincón serrano.

Las mulas, parte del pasado

A la belleza de la capilla se suman algunos testimonios de la vida aborígen y colonial. La estancia fue, en su momento, una de las principales postas del Camino Real al Alto Perú mientras era su propietario el entonces capitán español José Moyano Oscariz. Su mayor importancia residía en la cría de mulas que eran exportadas a Chile y Bolivia. Estos animales de gran resistencia (hoy casi desaparecidos en buena parte del país) eran entonces los más rendidores para el traslado de viajeros, alimentos y -por sobre todo- para cargar la plata extraída del Cerro Rico, de Potosí, Bolivia.

Datos útiles

Gastronomía

Frente a la Capilla se encuentra la hostería Candonga, que brinda servicios de comida, salón de té e instalaciones al aire libre.

Excursiones

Se puede conocer el antiguo molino que abastecía a la estancia, con sus piedras de molienda originales; hay una huerta ecológica y también realizar cabalgatas por los alrededores. Hay ponies para diversión de los más chicos.

En Internet

www.candonga.com.ar

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