Caviahue: no es cuestión de vender humo

Neuquén. Una temporada que dura hasta fines de septiembre, nieve de calidad premium y la compañía del silencio y del volcán Copahue son algunos de los rasgos de este emergente centro
Aníbal Mendoza
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26 de julio de 2014  

CAVIAHUE.– Más allá de los malabares que pueda concebir el marketing, los centros de esquí de alta rotación suelen compartir el mismo libro de estilo, de Ushuaia a los Alpes, con escala en Colorado. Pistas con fantasías para trapecistas, otras con recaudos para iniciados, medios de elevación que se superan a sí mismos cada año. Los servicios, por lo general, suelen estar a la altura de las posibilidades del usuario: gastronomía de fonda o de autor, cobertura ad hoc y todo lo que se le puede exigir al sentido común o a los caprichos del derroche. Lo que suele singularizarlas es el entorno que los hospeda. La intimidad de su vínculo con la naturaleza.

Aun así, el centro de esquí de Caviahue tiene ventajas estratégicas sobre muchos de sus competidores. Con una veintena de pistas, sin tanta fila en el poma ni en la aerosilla, el visitante puede acumular millas a la marchanta. Hasta volverse un as por prepotencia de cuñas y libre dispendio de bajadas.

Mientras tanto, el pueblo va sobrado de paisaje. El volcán que lo gobierna inscribe su firma cada día en forma de volutas de humo en el firmamento. Le imprime, incluso, el vértigo de su combustión a fuego lento, que a veces histeriquea hasta llamar la atención de los vecinos, pero que al menos en los últimos dos siglos, como tantos pregoneros del fútbol lírico, sólo vende humo. Pervive en su siesta milenaria. Escupir lava no es lo suyo.

Eso sí: las excursiones a la boca del cráter siempre están sujetas al cúmulo de nieve que allane el camino a su encuentro. Si las tormentas no son suficientes, las viejas y movedizas orugas que lo circundan se las arreglarán para eludir su perímetro y promover otros itinerarios y sus goces, que los hay a paladas.

Pero vamos por partes. Llegar a Caviahue tiene lo suyo. Del aeropuerto de Neuquén al centro del poblado hay unas cuatro horas y media de camino por una estepa patagónica frugal en su oferta de entretenimiento. Como si fuera el diezmo que paga el viajero por el acceso a su remota exclusividad. Una vez sorteada la Cordillera, quien pretenda nieve con banda sonora de bombo en negra y pasarela de celebrities a sueldo que baraje otras alternativas.

En Caviahue, la niña bonita del Parque Provincial Copahue campa el silencio y ese es uno de sus tantos méritos. El pueblo no sobrepasa los 600 habitantes, cada uno con una coartada sobre la mesa. Exiliados de la urbe, aventureros de vuelta de todo, la mayoría parece convenir en acostarse temprano. La única comparsa, de este lado del mapa, es la nieve y sus múltiples reverberaciones.

Si uno llega a la villa agarrotado por el trayecto puede acudir al Spa Termal que alberga el predio del hotel Caviahue. Allí se puede someter a un hidromasaje con aguas volcánicas que lo dejan a uno listo para conquistar Roma en camiseta. El complejo también ofrece fangoterapia e inhalaciones, en una suerte de franquicia de las aguas termales de la villa de Copahue.

Nuestro Dakar

La Cascada Congelada en moto de nieve de 100 caballos de fuerza es la primera excursión que aparece en el fixture a la mañana siguiente de la llegada. El sol pone a la nieve en punto frozen y una partida de seis rodados sale a barrenarla como un helado de crema americana. Hay que comprender el entusiasmo de los adultos. A esta altura, las probabilidades de epopeya, a diferencia del siglo XX, se limitan a la vida en pareja, escuchar jazz y ser freelance. La oportunidad de manejar un rodado por un bosque en falsa escuadra se ofrece como un rally de campeonato.

Me toca el papel de copiloto y arengo al volante a sacar al Valentino Rossi que lleva adentro. Por fortuna es un cordobés aplomado, con sentido común. De los que caminan en cuero por los barrios chungos. Para que le teman a él. Aquí lo que cuenta es el viaje, no la velocidad, que nunca sobrepasa los 40 kilómetros por hora.

En el sinuoso paisaje nos salen al cruce cientos de araucarias que nos preceden por milenios. De fondo, las paredes de basalto bajan a la superficie travestida de tortas leicaj. El viento cambia las coordenadas y le otorga un plus de adrenalina a la travesía. El vértigo sólo lo imaginamos, básicamente porque los riesgos no existen. Si la moto se traba, allí se apersona el jefe de la escudería, Mariano Padua, para socorrernos. Porteño de Ramos Mejía, el Pelado es el responsable oficial de las excursiones del centro de esquí. Adentrados en la maraña del bosque apagamos los motores y salimos de caminata por el valle de Jara. Tras cruzar un arroyo nos espera nuestro objetivo, un salto de agua petrificado por el frío en el invierno y cuya caída asume las formas de cientos de estalactitas a punto de estallar, como en una escenografía de Broadway, al son de un acorde.

Siempre hay algún valiente que pretende quebrarla para jugar de espadachín y Mariano está allí para advertirle las cuatro verdades. Si se cae la formación es una tonelada de hielo en punta. Si se mantiene, pero queda renga, los próximos visitantes se perderán el espectáculo de contemplarla en toda su dimensión, inquiere el guía. Retomamos el camino con las motos. La vuelta al llano siempre se tiñe de la melancolía que sucede a toda proeza. Los guerreros también descansan.

La dimensión desconocida

Al día siguiente, el programa continúa con una excursión hasta la Villa Termal Copahue. Esta vez, a bordo de un vehículo oruga, una bestia de carga de 250 caballos que mantiene la misma lógica mecánica de sus pares que atronaron Pearl Harbor. Mariano reincide como guía y su voluntad es contagiosa. La del hombre dispuesto a cualquier empresa munido de una horma de cuartirolo y un machete.

Desde la cabina trasera del vehículo oteamos las irregularidades del relieve en los 17 kilómetros del paseo. Hay pendientes pronunciadas que la nave solventa con entereza, mayor que la de los ocupantes que se agarran a lo primero que encuentran.

Una vez que empieza el viaje, cada parada es un mirador. Del pueblo, del lago en forma de herradura. De la Cordillera en toda su dimensión. De las lagunas Mellizas tapizadas por la nieve. No es un paisaje al uso. La realidad la devuelven algunos refugios de Gendarmería y algún cartel salido de la nada. Por lo demás es un desierto de nieve surcado por fumarolas, vapores que huelen a azufre provenientes del volcán. El plató de una película de ciencia ficción sin añadidos de utilería.

La sensación de extrañamiento se multiplica cuando se divisa la villa de Copahue. En esta época del año, rodeada de blanco y sin gente, se perfila hacia el fondo, por efecto de sus aguas termales, como una civilización perdida entre los rescoldos humeantes del pasado.

Bajamos como eternautas en procura de rastros de humanidad. De cerca, el complejo reasume su silueta, la que en verano cobijará a miles de visitantes. Respiramos sus aguas curativas, provenientes de piletas que parecen un guiso de feijoada. Algunos se mojan los pies, otros comemos unos tentempiés y todos emprendemos la vuelta.

Como la grilla de actividades siempre está sujeta a las condiciones climáticas y la disponibilidad de los Hagglund, no nos tocó en suerte la visita al volcán ni la travesía de alta montaña hasta la frontera con Chile. Lo que no mermó fue el espíritu de aventura, esta vez en caminata.

Sin la comparecencia, esta vez, de ningún medio de locomoción que no sean los adminículos bautizados como raquetas, calzados a nuestros pies. Especialmente diseñados para escalar la pendiente de la montaña en zancadas dignas de chacareros bajados del caballo. El bosque andino patagónico, por estas latitudes, sirve de campo de entrenamiento para los contingentes que se preparan para bajar a la Antártida. Por eso, lo que en principio se establece como un picnic de domingo, más tarde adopta la forma de un safari de juguete que nos hace emular las expediciones de Amundsen y Scott por el Polo Sur, pero con alfajores y vuelta garantizada. Lo puede hacer cualquiera, doy fe.

A las omniscientes araucarias se les adosan piedras de basalto de otro mundo. Hay bosque y desierto intercalados. Aunque ninguna ribera lo anuncie, en algún momento caminamos por la laguna Escondida, un espejo de agua congelado para la época que nos toca sortear.

Más hacia adentro, el esfuerzo de la cuesta viene con recompensa. Accedemos a un mirador de 1700 metros, con el paisaje del pueblo en súper pullman. La huella nos marca el camino de regreso, más canchero y expeditivo. En poco menos de una hora divisamos la base del cerro y la silueta del hotel y spa que se va a inaugurar en 2015. Saciado nuestro apetito de épica vislumbramos el confort de la planicie a nuestros pies.

Datos útiles

Cómo llegar. En avión: de Buenos Aires a Neuquén por Lan, pasaje de ida y vuelta, desde $ 1518, con impuestos incluidos (tres vuelos diarios). De Neuquén a Caviahue (360 kilómetros): en ómnibus. Todos los días, tres frecuencias. Informes: 4342-8115

www.caviahuetours.com

Excursiones

. En moto de nieve: visita guiada a la laguna Escondida y mirador Caviahue. Duración, 40 minutos. El conductor: $ 350; acompañante, 50% de descuento.

En vehículo oruga: visita a la Villa Termal Copahue. Duración, cuatro horas. $ 560. Cupo mínimo, seis pasajeros.

Las excursiones a la boca del volcán Copahue están supeditadas a la cantidad de nieve acumulada en el camino. Precio: $ 1400 en vehículo oruga. www.caviahue.com; caviahueadventure@gmail.com

En trineo, $ 350 por persona; menores de 12 años, 280. La Huella. Contacto: www.facebook.com/lahuellacaviahue

Esquí

. Este año, el centro de esquí inaugura un telesquí en la base del cerro con 2 pistas, para esquiadores intermedios y avanzados. Cuenta además con 12 medios de elevación con una capacidad para 7800 personas por hora, lo que genera tiempo de espera cero, 22 pistas de esquí y múltiples itinerarios fuera de pista.

Paquete nuevos esquiadores:

Pases por tres días, con clases colectivas y alquiler de equipos. De domingo a martes, de 10 a 12 y 14 a 16. Mayores: $ 2355; menores: 1936.

Por pases y alquiler de equipos: ventas@caviahue.com; 4313-6375.

Snow Kite Wind Experience: esta temporada se suma a la escuela de Snow Kite Wind Experience durante julio, agosto y septiembre.

Recomendación: durante este mes más agosto, los pases y servicios en general son más baratos, con todo a disposición y el mismo clima de julio.

Termas y relax

. En el Spa Termal Caviahue: baños de inmersión: $ 45; hidromasaje: 50; fangoterapia, 100 pesos.

Dónde dormir

. Hotel Nevado: habitaciones cálidas y confortables, precio por persona en habitación doble y con desayuno incluido: 566 pesos;www.hotelnevado.com.ar

Cabañas

. Pueblo: $ 1800 (para ocho personas); cerro: 2535 (hasta seis). Patagonia Village: desde 1796 (para cuatro personas) a 2060 (para seis); Village Premium: (para seis) 2559 pesos.

Como en Siberia

El nombre de Javier Álvarez quedó impregnado de leyenda en las crónicas de Caviahue por ser el único habitante que no quiso ser evacuado ante la amenaza de erupción del volcán Copahue, el año último. Debía cuidar a sus 34 perros. Mientras su esposa, Josefina, llevaba a la prole a San Martín de los Andes, él se quedó a compartir su suerte con los animales, pero no se jacta de heroísmo ni se cuelga las medallas. Dice que actuó por responsabilidad, porque no tenía opciones y había que proteger a los bichos. Lo cierto es que la amenaza cedió pronto y todos comieron perdices.

Junto a su pareja son los responsables del Criadero de Perros de Trineo La Huella, que se encarga de realizar travesías en la aldea de montaña neuquina. El bungalow que los cobija es custodiado por dos siberianos echados al sol. Están retirados, en pleno derecho de una jubilación dorada luego de tirar del carro en sus años mozos.

Dentro de una cerca se avistan los superiores jerárquicos de la generación, una manada de greyster deseosos de salir al ruedo, su mandato natural allá en los montes Urales. Pero no hay ni asomo de los rigores de la estepa.

El Messi de la pandilla se llama Zen; el Agüero es Odín. Son perros encantadores, mestizos, que a la primera de cambio aúllan en coro para que Javier, Josefina o sus niños los pongan en fila india para salir al monte y vadear los valles.

Los trineos pueden llevar a dos pasajeros amuchados y a uno de los responsables en las riendas. Una vez que los perros reciben la orden de largada salen a las chapas en silencio. Sólo se escucha la voz de sus dueños, prestos para mantener la línea y relojear el horizonte para poder prevenir la aparición de otros ejemplares domésticos o algún conejo que les despierte el instinto cazador. Nosotros optamos por el viaje corto, por aquello de la tiranía del tiempo, y nos quedamos con ganas de más.

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