Chapelco, esquí y deslices fuera de pista

En el centro invernal, próximo a San Martín de los Andes, se destaca su clásico ambiente familiar
Andrea Ventura
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11 de mayo de 2003  

SAN MARTIN DE LOS ANDES.- El centro de esquí Chapelco, ubicado a 19 km de la ciudad de San Martín de los Andes, cuenta con pistas de todos los niveles, cómodos medios de elevación, siete paradores para comer y merendar, la seguridad garantizada y una escuela con profesionales ansiosos por transmitir todos sus conocimientos. Todo está al servicio de los que se acercan a esta estación invernal neuquina, una de los más importantes del país.

Pero Chapelco no sólo está preparado para los que quieren pasarse todo el día subiendo aerosillas y bajando por las pendientes, una rutina perfecta para unos e intrascendente para otros.

Aquí nadie se aburre. Si no se tienen ganas de esquiar o se quiere alternar con otras actividades, el cerro también les da la bienvenida a los llamados peatones, los que eligen no andar sobre tablas. Se puede llegar al cerro en zapatillas, para simplemente pasar unos días en la nieve y combinar con las excursiones clásicas que ofrece la ciudad.

Luego, las raquetas se abrochan bajo las botas para poder caminar por la nieve fácilmente, sin caerse ni resbalarse.

El recorrido dura un poco más de una hora, que se pasa tan rápido como un suspiro. A paso lento y tranquilo, uno empieza a formar parte del paisaje, a caminar por un bosque de lengas solitario y poco explorado. Las pistas están lejos, a esta parte sólo se accede en los trineos y con las raquetas.

Se cruzan ríos sobre puentes congelados, se descubre la flora y fauna característica de la zona y se disfruta de estar cerca de la naturaleza, cargando los pulmones de aire puro y las retinas con imágenes del bosque nevado.

Otra de las propuestas extra esquí que ofrece Chapelco es subirse a una moto de nieve y recorrer la montaña plácidamente.

Eso sí, es sólo un paseo, los que quieran apretar el acelerador a fondo deben abstenerse. Lo mejor es ir a una velocidad moderada, disfrutando del paisaje.

En torno de la plataforma 1600, donde llega la telecabina, gira la vida del centro de esquí. Es algo así como el pulmón de la montaña.

Allí está la escuela, el jardín de nieve, el parador Antulauquen, para comer alguna de las especialidades. También se accede a las aerosillas doble y cuádruple, y en esta zona se contratan los paseos en trineo, motos de nieve y caminatas con raquetas. Aquí cada uno hace lo que tiene ganas: es el punto de encuentro con los instructores, la gente se tira a descansar al sol o se detiene a jugar en la nieve.

También se aprende a dar los primeros pasos, por lo que es común ver principiantes practicando la infaltable cuña o poniéndonse las tablas de sombrero, por culpa de alguna caída.

Bosques, lagos y el volcán Lanín

Sin distinción de pasaporte, locales y extranjeros disfrutan al máximo del inigualable bosque de lengas, la nieve fresca, las vistas del lago Lácar y el volcán Lanín, el símbolo de Neuquén, con su eterna cumbre nevada.

Tampoco hay que olvidarse del plus de esquiar en Chapelco: la proximidad con San Martín de los Andes, una aldea de montaña donde reina la tranquilidad y la seguridad, es algo muy codiciado en estos tiempos violentos.

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