Chapuzones en Luján al pie de la basílica

La tentadora piscina de un hotel impecable y flamante, a dos cuadras del santuario y a 40 minutos de la City, posibilita escapadas veraniegas como Dios manda
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5 de febrero de 1999  

Las grandes peregrinaciones de enero y febrero, se sabe, tienen destinos playeros, y el santuario de Luján, hay que admitirlo, luego de las grandes convocatorias de diciembre, decrece en las devociones veraniegas. Tampoco es un balneario y nunca tuvo fama hotelera rumbosa.

Pero ahora un pequeño oasis como para soportar la canícula surgió frente a la prolongación de la recova que flanquea la avenida de Nuestra Señora. Está a cien metros de la terminal de ómnibus y a dos cuadras y media de las imponentes torres y las campanas milanesas de la basílica: es el azulado espejo de una piscina del también pulcro y flamante hotel Hoxon de tres plantas, con 45 habitaciones a todo confort.

Resulta un seductor atractivo para escapadas a 40 minutos de Buenos Aires y a 53 ágiles kilómetros desde la ensanchada avenida General Paz, por el Acceso Oeste recientemente liberado de su tramo inconcluso (con dos peajes de 1,50 peso).

Peregrinaje pedal a fondo

El viaje desde la City -casi una exhalación- concluye en el estacionamiento interno de media sombra del hotel (9 de Julio 760), detrás del aún más flamante restaurante. El elegante comedor se inauguró hace tres meses y se llama El Rincón, con puertas al solárium de sombrillas y níveas reposeras junto a las aguas.

La vigente oferta del nuevo hotel precede a otras realidades de un futuro inmediato, en momentos en que se erige un complejo hotelero de línea internacional junto a la todavía deteriorada ruta provincial 6, en proyecto de reconstruirse.

La habilitación del desvío directo de la ruta nacional 7 contribuyó a modernizar la zona, y el hotel Hoxon de Luján es una propuesta jerarquizada para huéspedes acostumbrados al básico confort y a los servicios turísticos que estilan desayunos buffet y room service, por ejemplo.

Las mejores habitaciones de las dos plantas superiores miran a la piscina y cuentan con aire acondicionado individual, frigobar, televisión por cable con 70 canales y telefonía DDN y DDI, además de calefacción central; la doble cuesta 78 pesos, con los desayunos y los impuestos incluidos (la triple, 98 y la single, 54). Las demás habitaciones están tarifadas en 64, 78 y 42 pesos, según sean doble, triple o single y, en todos los casos, se reservan por el nuevo discado 02323-429970.

El servicio de room service está habilitado las 24 horas, mientras que el restaurante El Rincón funciona como snack de la piscina, con servicio a la sombrilla. Todas las noches -menos los lunes- es posible cenar la comida artesanal y a la carta, con toques centroeuropeos que cocina Liliana Castillo, asistida por su hija Verónica, como lo hacían hasta no hace mucho en Los Pinos, de la ruta 8 entre Fátima y Los Robles; costillitas de cerdo ahumadas con puré de manzana, nueve salsas para tres pastas fundamentales, filetes de salmón, aves al ajillo y lomos a la pimienta.

Los almuerzos se sirven únicamente los viernes, sábados y domingos, de manera que los hospedados incursionan en las cercanías con la comida francesa de las monjas de L´Eau Vive, los platos Gourmet de Mil Ochocientos, o la parrilla más reputada de la zona: El Establo.

La novedad en materia de comidas económicas, pero fuera del humeante parrillerío de la costa del río, es Mordisco, un refrigerado y pulcro comedor con mesas y sillas utilitarias del supermercado de 25 de Mayo al 200 (abierto los sábados y domingos), con un gasto promedio de 6 pesos.

Apeada Virgen morena

Además de la clásica visita a la pequeña Virgen morena que encargó, en 1630, un comerciante portugués de Santiago del Estero, y llegó al puerto de Buenos Aires en el navío San Andrés, se puede hacer un buen acopio histórico del lugar. Con alguna bibliografía a mano, el paseo, para permanecer en un hotel de confort con buena lectura, puede dar con algunos datos curiosos.

Varios textos que indagaron sobre los orígenes del oratorio dicen que la carreta que llevaba la imagen de terracota a su destinatario, entre otros objetos embalados, se atascó en la Cañada de la Cruz, es decir, más cerca de Exaltación de la Cruz que de Luján. Anclada para siempre en la región, mucho tiempo después fue mudada a su destino final.

Se sabe que Luján era el apellido de un alistado entre la gente de Pedro de Mendoza al fundar Buenos Aires, y basta dar con Relatos de la conquista del Río de la Plata y el Paraguay, del bávaro Ulrico Schmidel que participó en la expedición, para saber que se trataba de Jorge Luján.

El gran historiador que fue Enrique Udaondo, fundador y director hasta su muerte del Complejo Museográfico de Luján que hoy lleva su nombre, pareció conocer datos precisos sobre este poco conocido personaje y aportó el nombre de quienes habrían sido sus padres: se trataba del hijo de Pedro de Luján y de doña Mencía del Lago .

Según la leyenda, el desdichado Luján fue herido en el conocido combate de Corpus Christi o de la Matanza contra los Querandíes. Su caballo cabalgó hasta orillas del río que evoca al capitán moribundo, que habría saciado su sed, al parecer inútilmente.

Historia aquí a la vuelta

Hospedarse confortablemente, como debe ser el afán de quienes llegan desde las más apartadas ciudades del país o de la región, resulta ideal para desdoblar los cumplimientos religiosos en dos jornadas, como hacer la merecida visita al Complejo Museográfico Enrique Udaondo. Se trata de tres amplios sectores asentados en lo que fue el antiguo Cabildo del lugar, además de la llamada Casa del Virrey, donde se hospedó el marqués de Sobremonte con los caudales con los que huyó durante la Primera Invasión Inglesa.

Estos museos, tradicionalmente cerrados en enero, abrieron al público esta temporada con limitación a algunas salas y la mitad del personal (en vacaciones). Reciben al público, entre las 10.15 y las 18. 30, los sábados, domingos y feriados; cierran los lunes y martes, y reabren de miércoles a viernes, entre 12.15 y 17.30 (entradas, un peso por sector).

Se trata de un acopio de invalorables testimonios de época que lo destacan como uno de los más importantes museos sudamericanos. Está el bastón del Regimiento de Highlanders 71, verdadero trofeo tomado a los invasores ingleses, y el poncho de alpaca de José de San Martín.

Es posible dar con los tinteros de Bernardino Rivadavia, con la cama del último virrey (Cisneros) y el collar de oro de Manuelita Rosas. No falta el poncho y la chaqueta de Leandro N. Alem, el bastón de Manuel Quintana, la carreta que San Martín usó en el Plumerillo, la sopanda sobre la que rodó Belgrano en Tucumán, la lujosa carroza de Sarmiento y la victoria de Julio A. Roca, con la perforación de bala del atentado de 1891.

Lugar de presidio de famosos personajes de la historia, French y Berutti, entre ellos, despachados luego a Chascomús; entre los que pasaron breve temporada Guillermo Carr Beresford y Dennis Pack, antes de tratar de internarlos aún más lejos (oportunidad de la evasión de Beresford).

Luján también puede ser uno de los puntos a tocar en una recorrida evocativa de la patrulla que dejó a prisioneros ingleses en distintas localidades bonaerenses, hoy muy turísticas, con comedores de campo, piletas y estancias.

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