El Marriott Plaza Hotel festeja sus primeros cien años con un libro, un tour gratuito por el edificio y hasta un vino de edición especial
Hace 100 años, cuando la ciudad se preparaba para los festejos del Centenario de la Revolución de Mayo, el 15 de julio abrió sus puertas el tradicional Plaza Hotel. Entonces, en una zona casi periférica de una Buenos Aires por donde todavía circulaban carruajes. Todavía no se había terminado la plaza San Martín ni existían los palacios que actualmente la rodean.
Diseñado por el arquitecto alemán Alfredo Zucker, con 14 pisos se convirtió en el edificio más alto de la ciudad y en el primer hotel de lujo, acorde con la próspera Argentina que se empezaba a construir a imagen de París.
En estos 100 años se le hicieron modificaciones en la fachada, remodelaciones en las habitaciones, grandes ampliaciones y hasta cambió el nombre por el gerenciamiento de Marriott, pero siguió y sigue, en forma ininterrumpida, recibiendo huéspedes y ofreciendo el distinguido servicio de siempre. Ahora adaptado a las nuevas necesidades, con plasma y Wi-Fi en las habitaciones.
El hotel decide festejar el primer siglo con una vuelta al pasado, que remonta a la primera década del siglo XX. Para eso encargó la redacción de un libro que recopila historia y anécdotas, se organizan visitas guiadas por las instalaciones y el restaurante ofrece un menú Belle époque, con platos de aquellos tiempos.
"Ernesto Torquinst, el dueño, que murió un año antes de la inauguración, identifica las necesidades de servicios en un momento muy especial del país, que está en plena transformación y le da a la ciudad un establecimiento que no existía", cuenta Ricardo Watson, historiador a cargo de la edición del libro.
"El edificio era muy moderno para la época, con un esqueleto de acero, que le permitió crecer en altura, con una mezcla de tradición europea con toda la lógica norteamericana", agrega.
Entre los servicios innovadores para la época se destaca la cocina a cargo de un chef francés, los ascensores y la atención de los empleados.
Como es de esperar de un hotel cinco estrellas, durante años recibió personalidades que quedaron en la memoria de los empleados, con anécdotas que de alguna manera se transmiten de generación en generación.
Que Luciano Pavarotti, en una estada prolongada, pidió que se le arme una cocina en la suite para prepararse él mismo la pasta o que Louis Armstrong tocó un miniconcierto desde una de las ventanas una madrugada ante el pedido del público están entre las historias preferidas.
También todos recuerdan que se pintaron habitaciones turquesa, color preferido de Farah Diva, cuando se alojó junto con el sha de Persia, y que Nat King Cole cantó a capela durante casi una hora en el restaurante, a pedido de los mozos.
Como el ADN
Durante las visitas guiadas gratuitas (con reserva previa), que se realizan todos los miércoles y ahora también los jueves por la demanda, se hace un paseo por el hotel y por el tiempo. El sitio clave es el Plaza Grill, el restaurante, uno de los pocos lugares que se mantiene prácticamente igual que en 1909.
"El Grill es como el ADN del Plaza, único lugar que ha permanecido tal como entonces, salvo algunos detalles como el aire acondicionado, las dicroicas y la alfombra", cuenta Eduardo Masllorens, encargado del recorrido frente a una veintena de visitantes.
Todo se mantiene: la decoración con azulejos de Delf, la vajilla de porcelana, los techos bajos, el menú criollo y hasta una prensa de patos, que se utilizaba para un plato original.
Era un restaurante eminentemente masculino, por donde pasaron políticos, empresarios, famosos y hasta, dicen, donde se empezó a conversar para resolver el conflicto del Beagle en 1978.
El menú Belle époque, que se ofrece durante todo el año, incluye un clásico de los viejos tiempos: huevos Po Parisky, aunque no se sabe el porqué del nombre (canasta de pan tostado con dos huevos poché y una salsa con pavita, jamón y champiñones, maridado con una copa de Alma 4 Bonard).
La bodega Catena Zapata creó el Vino Centenario, especial para el Marriott Plaza. Porque después de todo, 100 años merecen un buen brindis.
Visita histórica
Los tours guiados gratuitos son los miércoles y jueves. Con reserva previa, por el 4318-3060. Florida 1005.
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