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Cinco museos raros

Pierre Dumas
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1 de diciembre de 2015  

1 Osaka, un culto al ramen instantáneo.

Aunque nació en China, el ramen se considera como uno de los platos más populares de Japón. Entre los 80 y los 90 se difundió a un punto tal que se lo considera japonés en todo el mundo y se consigue por doquier, para comer en casa, en la calle o en los locales de comidas rápidas. También es un aperitivo común en los aviones que viajan a Oriente. En 1958, esta sopa de fideos tuvo su primera versión instantánea, el chicken ramen, fabricada por Momofuku Ando para productos Nissin: ahora, este producto tiene un museo expresamente dedicado en Osaka: el Museo del Ramen Instantáneo, un impresionante establecimiento que haría empalidecer a otras instituciones más famosas dedicadas a la cultura y el arte. Se trata de un "museo de la comida interactivo, donde los visitantes pueden aprender sobre la importancia de los inventos y el descubrimiento", según reza en su Web. Incluye un cine con forma de copa de ramen, una fábrica para preparar su propia sopa de fideos y llevársela a la casa; una sala de degustación y un túnel de chicken ramen con envases y objetos relacionados de todo el mundo.

2 Estambul, por partida doble.

Estambul, según Pamuk
Estambul, según Pamuk

Se trata, probablemente, del único museo del mundo nacido junto con una novela, la obra del turco Orhan Pamuk –Premio Nobel de Literatura 2006– llamada precisamente El museo de la inocencia (Masumiyet Müsezi). El libro y el museo tuvieron concepción simultánea y trazan las historias de dos familias de Estambul entre los años 70 y 2000. Original en su concepto y logrado en su concreción, el museo muestra objetos que los protagonistas de la novela –Kemal, un rico residente de Estambul que se enamora de una prima más pobre– "usaron, oyeron, vieron, coleccionaron y soñaron, cuidadosamente arreglados en cajas y exhibidores". El Museo de la Inocencia –en su versión edilicia– funciona en una casa del siglo XIX situada en la esquina de las calles Çukurcuma y Dalgiç de Estambul, en un barrio de pasajes estrechos y negocios de antigüedades. Según contó el propio novelista, empezó a reunir los objetos que forman la colección del lugar a mediados de los años 90, con la intención de escribir una novela sobre ellos: muchos pertenecían a la familia y amigos, en tanto otros fueron hallados en Estambul y otros lugares del mundo. Pamuk subrayó, además, que la lectura de la novela y la visita al museo son experiencias independientes que no necesitan una de la otra para ser comprendidas.

3 Zagreb, como para decir adiós.

El museo de las Relaciones Rotas en Zagreb
El museo de las Relaciones Rotas en Zagreb

¿En qué otro lugar se podría comprar, en el negocio de recuerdos, una remera con la imagen de un vidrio quebrado, u otra que afirma I Love Break Ups? El Museo de las Relaciones Rotas comenzó como una exhibición itinerante en torno del concepto de la ruptura y el fracaso amoroso, y ahora propone superar la crisis emocional que genera el fin de una pareja mediante un acto creativo: una contribución con la colección del establecimiento, mediante un objeto representativo con una breve descripción de su historia. "Nuestra sociedad –afirma el museo en su Web- nos obliga a matrimonios, funerales y hasta ceremonias de graduación, pero nos niega un reconocimiento formal del fin de una relación, a pesar de su fuerte efecto emocional". Aunque sigue organizando muestras itinerantes, ahora el museo tiene sede en el Palacio Kulmer, un edificio barroco de la parte alta (e histórica) de Zagreb. Allí, además de las remeras, es posible llevarse como souvenir tazas (enteras), señaladores, bolsos, postales... y una goma para "borrar malos recuerdos".

4 Massachusetts, para artistas frustrados.

Para artistas frustrados
Para artistas frustrados

El hasta entonces semidesconocido Ecce Homo de Borja, en España, se hizo célebre en todo el mundo en 2012, después del fallido intento de restauración de Cecilia Giménez, una vecina del pueblo cuyo resultado fue tan dudoso que la comunidad mundial de Internet rebautizó la obra como Ecce Mono. Lo cierto es que el Cristo desfigurado bien podría haber tenido su lugar en el Museum of Bad Art de Dedham, Massachusetts: o MoBA, una sigla bien al estilo de los museos estadounidenses. La institución se dedica a la "colección, preservación, exhibición y celebración del mal arte en todas sus formas". Abrió sus puertas en 1994 y contra toda expectativa fue un éxito perdurable, que hoy funciona en el subsuelo de un cine de 1927: abre todos los días en los horarios habituales en que hay películas (desde la tarde o el mediodía), con entrada libre. Aquí se exhiben toda clase de intentos fallidos de aspirantes a Van Gogh, como para cumplir el lema del museo: "Arte demasiado feo como para ser ignorado". Y por lo visto, hay tanto que la institución tiene una segunda sede, en el Somerville Theater de Somerville, también en Massachusetts.

5 París, auténticamente escalofriante.

Escalofríos en París
Escalofríos en París

Podría estar en Rumania, pero no: es en la Ciudad Luz donde se encuentra el Museo de los Vampiros, justamente los personajes que prefieren la oscuridad… Sobre la callecita de Les Lilas, a las puertas de la capital francesa, el sitio recrea con precisión la atmósfera legendaria que rodea a estos raros semihumanos cuya leyenda no ha dejado de crecer gracias al cine. El fundador del museo, Jacques Sirgent, es un experto en literatura gótica anglosajona, amante de las leyendas y profesor de inglés. Abonado fijo de las guías de lugares bizarros en París, su museo apunta a favorecer reflexión y conocimiento, enriqueciendo a la vez el imaginario de los visitantes a lo largo de sus cinco salas, que incluyen (vampiros aparte) una réplica de los escenarios donde actuó Jack el Destripador. Él mismo se encarga de dar charlas, entre incontables objetos de todo tipo –como un kit antivampiros del siglo XIX– que son las reliquias de sus viajes, sus incursiones en los mercados de pulgas y sus visitas a cementerios como el Père Lachaise.

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