Cruzar a caballo, como San Martín

A tranco lento, pasar al otro lado de la Cordillera es un desafío sólo para intrépidos
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28 de diciembre de 2001  

MENDOZA.- Desde los tiempos de la Colonia y hasta principios del siglo XX, el Paso del Portillo fue uno de los más transitados para mantener contactos económicos y políticos entre la Argentina y Chile. Los jesuitas lo emplearon para atender sus estancias en los valles, y el general San Martín lo utilizó en su regreso de la campaña al Alto Perú. Ahora, este paso puede ser recorrido también por los turistas más intrépidos que, con la guía de baquianos, se aventuran a cruzar la cordillera de los Andes de la misma forma que lo hizo San Martín.

La travesía empieza en el último refugio de montaña al que puede accederse en un vehículo. Le dicen Mula Muerta, y un cartel en su interior sintetiza sus señas particulares: Refugio Dr. Scarabelli. Altura: 3100 m. Radio transmisor: Ref. A. Portinari (4 km quebrada abajo). Teléfono: hotel Samay Husai (12 km quebrada abajo).

En los alrededores se yergue un reino solitario y silencioso donde habitan pumas y guanacos, y el cielo enciende estrellas insospechadas. ¿La civilización? Sin rastros a la vista.

"Muchas historias se han contado sobre el cruce de la Cordillera. Yo no sé que habrá de cierto en todas ellas, pero mi experiencia de muchos años al menos me enseñó esto: si uno se propone llegar al otro lado, debe ser muy respetuoso y andar con extrema cautela", advierte uno de los baquianos guía de la travesía.

Al día siguiente, después de ensillar, los primeros pasos por la Cordillera sirvieron para tantear el terreno y medir las propias fuerzas. En una hilera de más de 20 mulas, con provisiones para siete días y el aire fresco de la mañana, el grupo se encaminó tras la huella sanmartiniana por un paisaje árido.

El Portillo Argentino es el paso más alto de todo el trayecto, un corredor escalofriante a 4600 metros de altura que, por las condiciones tan inestables del tiempo, aconsejan cruzar "lo antes posible".

Al ascenso empinado y abrupto le sigue un descenso no menos escabroso, por lo cual es imprescindible andar a un ritmo sostenido antes de que la noche lo sorprenda a uno en mitad de la montaña. Apenas si existen paradas, el tiempo indispensable para animar el cuerpo -y también el espíritu-, con un sorbo de pisco, y de vuelta a paso de mula.

Intentos fallidos

En dos oportunidades se iniciaron obras viales para convertir el Paso del Portillo en un camino transitable para vehículos. El primer ensayo se realizó en 1943. En 1960, el segundo intento protagonizado por el pueblo de Tunuyán volvió a fracasar por falta de presupuesto. Después, el intercambio de ganado empezó a declinar y, a mediados de la década del 60, la actividad se suspendió definitivamente.

A partir de acá, la mejor parte del trayecto transcurre en momentos críticos para la travesía. Justo allí, refugiada entre las piedras del corredor, hay entronizada a una Virgen, y los baquianos no dudaron en ofrendarle un pañuelo antes de seguir adelante.

Al otro lado, el descenso es abrupto, y los caballos empiezan a dar las primeras señales de cansancio. Hay que aferrarse de pies y manos para mantener el equilibrio, y estar muy atentos para no salirse de una huella impía, serpenteante y apenas discernible en la nevisca. Finalmente, el viento empezó a calmarse y después de dos horas a paso cansino, el refugio Real de la Cruz apareció como un milagro en el horizonte. La primera etapa había terminado.

El refugio Real de la Cruz se transformó en la nueva base de operaciones. Al día siguiente los caballos tuvieron su descanso y al tercero, se inició el tramo final hasta la frontera.

Un final inesperado

Amaneció encapotado, con garrotilla. Los baquianos comenzaron a ensillar las mulas y a media mañana la cuadrilla se encaminó en dirección oeste, hacia el Portillo Chileno. La idea original era cruzar el río Tunuyán, dejar la carga en un refugio natural al aire libre y seguir viaje hasta Chile. Pero en apenas 20 minutos se desató un temporal de agua nieve, y los baquianos decidieron postergar el programa para el día siguiente.

Empapados, volvimos a cruzar el río y regresamos al Real de la Cruz. Al cuarto día los baquianos salieron a la montaña a ensillar los animales. Tardaron en llegar más de la cuenta, y más tarde aparecieron con los ojos fuera de órbita. Las mulas se habían escapado, seguramente de regreso al Portillo Argentino; sin disimular su preocupación, incitaron al grupo a emprender la retirada.

El viaje de vuelta transcurrió sin sobresaltos. El Portillo Argentino estaba más sereno. Casi al final del camino, el resto de las mulas pastaba impasible sobre el valle. La aventura había quedado atrás y, por alguna terca razón, nunca cruzamos la frontera.

Datos útiles

Rutas desde Mendoza

Acceso sur (ruta 40) hasta Ugarteche, ruta provincial 86 hasta Tupungato (70 km). Tomar el camino que pasa por el Manzano histórico (102 km) hasta la estancia El Puerto, en Los Alamos. Desde aquí sale una combi rumbo al refugio Scarabelli, donde comienza.

Cabalgata

La travesía de 7 días por la Cordillera cuesta $ 1150. Se realiza durante el verano. Incluye traslados desde Mendoza hasta Scarabelli, comidas, alojamiento en refugios de montaña, caballos y equipos.

Más información

ISC Viajes. (0261) 4259259. E-mail: iscviajes@arnet.com.ar .

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