Curiosidades de un mundo bajo tierra

Parte de la vida cotidiana de las grandes ciudades, muchas de ellas han apostado por construir y mantener trenes y estaciones como íconos culturales
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13 de enero de 2013  

Las redes chinas, interminables

Con 442 km, el metro de Pekín es el más extenso del mundo. Cada día lo utilizan unos 8,5 millones de personas. Tiene 16 líneas, que serán 19 en 2015, y la red llegará a los 1000 km en 2020. Todo se piensa en grande en los subterráneos de China, salvo la tarifa, que se mantiene en 2 yuanes (1,50 pesos argentinos).

Shanghai es la segunda red en longitud del mundo, con 425 km. Esa extensión no contempla el Bund Sightseeing Tunnel, que permite cruzar el río Huangpu en un trencito con vagones transparentes que atraviesa un túnel repleto de luces de colores. Una experiencia kitsch e imperdible.

El portón a un mundo nuevo

En el circuito vienés, tras las huellas de Gustav Klimt aparece la Karlsplatz, o plaza de Carlos, con hermosas construcciones art nouveau. Su estación de metro es un gran ejemplo: la entrada creada en 1900 por Otto Wagner es una de las máximas atracciones de la ciudad. La estación es, además, un pasaje cultural que se inaugurará por completo este año.

El modernismo de París

El arquitecto francés Hector Guimard estuvo a cargo de grandes edificaciones art nouveau, pero la mayoría lo recuerda por los portales del subterráneo parisino. Esas estructuras, retorcidas como plantas trepadores y pintadadas de verde, conforman una de las bellezas más distinguidas de la ciudad. Fueron 141, diseñadas y construidas a comienzos del siglo XX; aún se conservan más de 80.

Divididas en tres grupos, las más típicas tienen un arco de hierro sobre la entrada y la indicación Metropolitain. El segundo tipo, como el de la estación Abbesses –desde donde se accede al funicular de Montmartre–, cuenta con paneles esmaltados y techo de vidrio. Del tercer estilo sólo sobrevive la Porte Dauphine, en la Place des Généraux du Trentinian. Más sofisticada que la anterior, conserva elementos modernistas originales desde su inauguración, en diciembre de 1900. Hay un pórtico de Guimard también en el subte de Montreal, Canadá. La estación es Square-Victoria.

El color vasco del acero

Norman Foster es al metro de Bilbao lo que Guimard fue al de París: un artista innovador. Claro que Foster se encargó de diseñar toda la red, y lo hizo principalmente con acero, cristal y hormigón, para espacios amplios y cómodos. Los accesos vidriados son llamados justamente fosteritos como tributo al arquitecto.

Estaciones de arte en Suecia

El subterráneo de Estocolmo, o Tunnelbana, es considerado un museo en sí mismo, por sus estaciones siempre decoradas. Si Kungsträdgården está ambientada como el Palacio Makalös, Hötorget es ambientada con luces de neón y Medborgarplatsen tiene las columnas más coloridas. La empresa de transporte invierte más de un millón de dólares anuales en la decoración.

City Hall y las estaciones fantasma

Cuando los trenes del subte neoyorquino comenzaron a tener puertas en el centro de cada vagón, la plataforma de la estación City Hall se tornó peligrosa, de manera que decidieron abandonarla. Fue en 1945. Desde entonces, sólo desde las vías se puede observar a, tal vez, la más elegante de las estaciones fantasma del mundo. Arcos de cristales, azulejos, ladrillos a la vista... Era un orgullo de la Gran Manzana, que hasta hace poco se podía conocer en visitas guiadas por el NY Transit Museum. Pero por cuestiones de seguridad, fueron suspendidas y la estación sólo puede verse desde entonces a gran velocidad.

Muchas redes subterráneas del mundo tienen estaciones fantasma, como la Chamberí de Madrid, ahora convertida en el museo Andén 0, que reúne la historia del metro de la ciudad, o las Pasco sur y Alberti norte de la porteña línea A.

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