De la selva al mar, el paseo es una monada

Mucha vegetación y arenas blancas
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18 de mayo de 2003  

Al norte del país, la provincia de Guanacaste es un mundo de sorpresas. Tierra adentro hay una extensa cadena montañosa y una selva espectacular habitada por monos, pájaros, iguanas, pumas y otros felinos. Parece impenetrable, sin embargo en el Parque Nacional Rincón de la Vieja hay un hotel donde los insaciables pueden alquilar caballos para penetrar en la selva. En las comunidades de Cañas y Guardia, verdaderos cowboys (sabaneros) hacen destrezas sobre sus caballos. Y sobre el Pacífico, un sinfín de playas asoma con arena blanca, gris o dorada, en todos los tamaños y formas, entre ensenadas, puertos, acantilados, golfos y bahías. Algunas están pobladas de hoteles, cabañas y camping. Otras son solitarias y el resto tiene una mata verde que se desboca hasta los pies del mar y sólo es accesible en barco. Las más conocidas son Flamingo, Coco, Conchal y Tamarindo. Son típicas playas tropicales, con palmeras, almendros, vendedores de hamacas y jugo de coco.

Islas paradisíacas

Del golfo de Nicoya, cerca del puerto de Puntarenas, salen embarcaciones que recorren el golfo demorándose en varias islas paradisíacas. Más al Sur, en la región del Pacífico central, agende el nombre de Playa Manuel Antonio, a 15 km de la ciudad de Quepos. Es un edén de cuatro playas de arena blanca, agua cristalina, peces de colores, islotes y hasta un parque nacional.

Las playas del Caribe tienen menor infraestructura turística, pero una nutrida historia. En 1502, Colón pisó la costa de Limón y bautizó estas tierras como Costa Rica, por la cantidad de oro que exhibían los indígenas. Esa ciudad sigue siendo el puerto más activo del país.

Allí vive una cultura negra autóctona, con comidas, música y danzas propias. Una de las mayores atracciones está en los canales de Tortuguero. Entre agosto y noviembre, tortugas gigantes que pesan hasta 100 kg lelgan a desovar.

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