De Roma a Estambul, el viaje en bicicleta de un chef multifacético

Diego García Tedesco
Diego García Tedesco
Teresa Bausili
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20 de septiembre de 2015  

En 2013 unió París con Copenhague en bicicleta. Algo así como 2000 km en un mes. Este año fue por más: de Roma a Estambul subido a la misma bicicleta, La Chiva, en un viaje de tres meses y otro tirón de kilómetros.

No es ni ciclista profesional ni maratonista aficionado ni nada por el estilo. Diego García Tedesco es ante todo chef. ("Somos cocineros", aclara. "Esa moda del chef tipo rock star me cansa, es una exageración. No vamos a salvar el mundo"). Pero también podría decirse que es un vecino comprometido del Bajo de San Isidro, donde vive hace más de 20 años. O el impulsor de más de un proyecto social que busca capacitar y emplear a personas de bajos recursos, como Cocina para Integrar. De su faceta gastronómica se puede mencionar que es el fundador de Rent a Chef catering, socio de Fabio Alberti en el food truck El puesto de Fabio, creador de la panchería gourmet La Pancha del Bajo o concesionario del Club Austria, entre otros emprendimientos. O también el ideólogo de Bocas Abiertas, el festival de vocación social que el próximo fin de semana va por su tercera edición en el Bajo de San Isidro, desde luego.

Fue justamente su amor por la cocina, combinado con esa mezcla de mirada analítica y curiosidad constante, lo que lo impulsó a pedalear por la mitad de Europa en junio, julio y agosto últimos. Parando en mercados, restaurantes de estrellas Michelin o puestos callejeros. Y comiendo como más le gusta: rico y simple.

"No busco más la felicidad, es agotador. Ahora busco serenidad", asegura este hombre de 49 años, bigotes tipo Dalí y remera estampada con una bicicleta de ruedas cuadradas.

"Me la compré en Estambul, cuando terminé el viaje. La vi y fue todo un símbolo: no pedalear más".

Se entiende. Ya había atravesado Italia, Eslovenia, Croacia, Grecia, Turquía, en un promedio de seis horas por día arriba de la bicicleta. Y con calor, mucho calor. O cuesta arriba en algunos tramos (en Grecia, por ejemplo, subió a 1300 metros de altura, a un centro de esquí muy cerca de Atenas: "Fue la única vez en todo el viaje en que me puse una camperita"). Dos alforjas, una mochilita, la bici y nada más.

"No te podés comprar nada. Todo lo que te comprás lo vas a tener que cargar. No hacerlo te vuelve más liviano. Es una metáfora para aplicar en la vida".

Los verdaderos lujos, claro, estuvieron en la comida. De las galardonadas preparaciones del italiano Massimo Bottura o del japonés Yoji Tokuyoshi a los choclos y pinchos de carne del street food. "Las frutas también me acompañaron durante todo el camino: higos, zarzamora, vid, olivos... Siempre estaban al alcance de la mano".

Hubo algunas decepciones, también. "Sobre todo la Expo Milano 2015, que este año gira en torno de la alimentación y del hambre en el mundo. Yo llamo a esta expo La Gran Estafa. Para darte una idea, en el medio del pabellón está Mc Donald's como uno de los sponsors..."

De "todo lo que te dispara estar arriba de la bici" tomó nota en distintos manuscritos que piensa plasmar en un futuro libro. De hecho, de aquel viaje iniciático en 2013 surgió Bici-it, que le encantaría publicar apenas terminen los tires y aflojes con la editorial.

-¿Qué es entonces lo que te dispara estar arriba de la bici?

-De todo. Pensamientos medio revolucionarios también. Por ejemplo, que estoy harto de todo lo que sea "hecho con amor", de lo vegano, de lo naturista, de todas esas modas. Creo que el ser humano está en vías de extinción y que lo que le resta por hacer es relajarse y disfrutar de lo que nos queda.

-¿Cómo surgió la idea de hacer éste y el viaje anterior?

-Hice el camino de Santiago en cuatro días ("Viví tres años en Compostela"). Y me enamoré de viajar en bici. De entrar en contacto con la naturaleza, de ver el lado B de los lugares: los suburbios, los parques industriales, conocer lo que se produce en el campo...

-¿Pedaleaste siempre solo o te uniste a otros ciclistas en algún tramo?

-Había un japonés con el que me iba encontrando en el camino; él venía desde Lisboa e iba a Tokio: ¡16 mil km en seis meses! Pero los que pedaleamos en solitario lo hacemos en solitario. Eso es lo que más le sorprende a la gente. Me llevo bien conmigo mismo.

Y con la bici hay un vínculo especial. En Italia la llevé a bendecir a la patrona de los ciclistas, la Madonna del Ghisallo, un santuario 600 metros por encima del lago de Como. Una vez incluso la metí dentro de mi cama y le saqué una foto. "El vínculo con La Chiva se está enrareciendo", escribí.

Para a ir a Capadocia, en Turquía, me tomé un avión y alquilé una mountain bike allá, pensando todo el tiempo "Que no se entere La Chiva que le estoy siendo infiel".

-¿Rescatás alguna receta o comida en particular de este viaje?

-Me sorprenden ante todo los productos. Los tomates griegos e italianos, por ejemplo. En Europa tenés a los productores muy cerca de las ciudades. Entonces vienen cargando sus melones y damascos y los mercados son una maravilla. En Buenos Aires, por el contrario, no hay un anillo productor cerca. No vas a venir de Corrientes con tus sandías, por ejemplo.

Y me gusta cada cosa en su lugar. Hoy te parás frente a un pueblito de pescadores y de repente ves colgando un salmón noruego. La globalización hace daño. No es lo mismo comerte unas ostras frente al Cantábrico que comerlas en Nueva York.

La cocina otomana también me gustó. Es super antigua. Para que te des una ida, el zapallo en almíbar es otomano, no es de acá.

-Y de los lugares, ¿hay alguno que te haya impactado más?

-Me gustó mucho Eslovenia, donde el 60 % del país es bosque. Son más verdes porque están 2, 3 escalones más abajo en el desarrollo que el resto de Europa. Son lugares menos globalizados. Es un país que se independizó en 1991. Después de vivir tantas penurias, hoy están de fiesta. También la isla de Cres, en Croacia, o las zonas menos turísticas de Grecia. Por otro lado, Delfos me pareció que está sobrevaluado, con un hotel al lado del otro.

-¿En Grecia notaste tensión social?

-Cero tensión social. En ese sentido, tienen un espíritu medio brazuca. Vi una inscripción que resume ese espíritu: No job - no money - no problem (No hay trabajo, no hay plata, no hay problema.)

-¿Dónde parabas a dormir?

-En hoteles. Me deprimen los hoteles malos.

-¿Tuviste algún inconveniente en el viaje? Desde lo climático hasta la seguridad...

-Me llovió un sólo día en tres meses. Y tuve más ayuda de las personas que inconvenientes. Eso sí, preferí evitar países ásperos. Albania me dijeron que estaba medio pesado y no fui. Lo más común era caer en ciertas confusiones lingüísticas. En Eslovenia hay un lugar que se llama Zwolen y otro Zwole. Me fui a uno en lugar del otro y me desvié 50 km. O tenés Krk y Kr. Mi mapa en papel estaba en francés, en el teléfono en español y los carteles en lengua local. Y es un mito aquello de que todo el mundo habla inglés, menos en el interior de un país.

-¿Tu próximo viaje en bicicleta?

-Será en 2017. Islandia, Noruega, Suecia, Finlandia, terminando en San Petersburgo.

-¿Por qué siempre Europa?

-Me gustan ver sociedades que funcionan, me da esperanza de que funcionen las cosas acá.

Igualmente, me gustaría tener alguna experiencia en la Argentina, por ejemplo ir a Catamarca y pedalear durante una semana

-¿Te subiste ahora a la bicicleta desde que volviste al país?

-No. Camino todos los días unos 6, 7 km. Me gusta ver el amanecer en el río.

Bocas Abiertas

Del jueves al domingo próximos se podrá visitar la tercera edición de Bocas Abiertas, el festival gastronómico del cual García Tedesco es uno de sus principales mentores. Con la presencia de 40 restaurantes, célebres chefs, mercado de compras, bandas en vivo, campeonato de chimichurri y demás entretenimientos, lo recaudado será destinado, como siempre, a ayudar a distintas instituciones del barrio, desde comedores de la villa hasta la Escuela Nº 26 o Gallito Ciego (ya llevan 500.000 pesos donados).

"La idea era dejar de ser competencia para ser colegas. Arranqué con ese slogan. Ver qué podíamos hacer juntos para que a todos nos fuera mejor. No somos comerciantes que venimos a hacer negocios al Bajo. Somos vecinos que tenemos nuestros comercios acá, que tenemos un cariño especial por nuestro barrio", sostiene García Tedesco. Esta vez, la idea es que la municipalidad ceda un predio para construir una escuela de capacitación gastronómica.

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