Diez años de viajes compartidos

Anécdotas buenas, malas, graciosas y hasta de amor de lectores que se contactaron por medio de Compañeros de ruta, que se publica desde hace una década en este suplemento
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23 de noviembre de 2008  

Busco compañera de aventuras para el noroeste argentino, preferentemente sin compromiso de tiempo, y que le guste la música de los Panchos, los Beatles y Smith y sus Pelirrojos. Dispongo de auto y eventualmente de carpa.

Búsquedas amplias o bien específicas, con tono serio, divertido o informal, los pedidos de compañeros de ruta se publican cada semana en este suplemento hace diez años. A fines de 1998, se inauguraba esta sección (ver página 15) con mensajes de lectores que tenían un objetivo en común: compartir sus recorridos, para conocer gente, reducir gastos y disfrutar de experiencias comunes.

Eran tiempos en los que el e-mail comenzaba a popularizarse, pero la mayoría se contactaba por teléfono, de manera que las solicitudes incluían el número del hogar o el trabajo; el celular no estaba tan difundido. Otros incluían el código de radiollamadas, e incluso su dirección de BBS (por Bulletin Board System, sistema de tablón de anuncios), herramienta anterior al correo electrónico que usaban los más tecnologizados.

Diez años después, la sección se ha convertido en el punto de partida de cientos de historias, amistades y también curiosidades, como la de un grupo llamado Ruteros y Ruteras, con más de 50 personas, que empezó a reunirse a partir de un mensaje publicado o el nacimiento de Tomás: "En el invierno de 2007 publiqué un aviso para viajar en temporada de esquí al Sur. Así formamos un grupo de tres flacos y tres chicas de treinta y pico y hasta hoy nos seguimos viendo y divirtiendo juntos. En ese viaje se formó una pareja que hoy tiene un nene muy lindo, Tomasito, de dos meses", cuenta Sergio González.

De unos 50 lectores consultados, que habían enviado sus anuncios a la edacción, una veintena respondió el mail y contó su experiencia. odos obtuvieron respuestas a sus solicitudes y casi la mitad logró oncretar sus viajes, en algunos casos más de una vez.

"Ha sido muy interesante y divertida esta experiencia. Suelo enviar el anuncio seis meses antes de la probable fecha y me contestan alrededor de 25 o 30 personas. Les respondo a todas. Luego se va decantando en la comunicación por mail: afinidades, deseos y real decisión de emprender ese viaje", cuenta Leonor, que ha tenido tres experiencias con compañeras encontradas en la sección. "Mi primer anuncio fue en 2006, para España. Fui con una excelente persona, con quien, entusiasmadas con la situación, al año siguiente viajamos al sur de Italia y a algunas islas griegas".

Este año, dado que su compañera ya conocía, Leonor volvió a mandar un anuncio y viajó con otra persona a Europa central. "Si bien tengo un rico circuito de amistades, era cada vez más difícil coordinar, por temas de tiempo, económicos y por mi modalidad de viajera independiente; no me agradan los viajes organizados por agencias. De modo que intenté por este medio y, hasta ahora, estoy encantada."

En los casos de propuestas que no llegan a concretarse, los motivos son diversos. Alejandro Pantoff, fan del esquí alpino, cuenta que estuvo "en ambos lados de la historia", ya que envió avisos y quiso sumarse a iniciativas de otros, pero no logró armar un grupo. "En el primer caso, mis intenciones de reunir a aquellos que habían respondido fueron infructuosas. Algunas respuestas apuntaban sólo a obtener más detalles del plan, o provenían de gente que sólo quería compartir ideas para sus propios viajes. Incluso, hubo un llamativo contacto de un coleccionista de cajas de fósforos."

"Diferencias de tiempo, dinero o compatibilidad", enumera Daniel Grosso entre los motivos por los que se pueden frustrar los viajes. "Me respondieron tres personas, intercambiamos mail, pero no logramos integración", explica Daniel Suidini.

Sumando millas

Beatriz Acuña es viajera frecuente y asidua buscadora de compañeros. Primero sumó a una socia de viaje para Cuba; después formó un grupo de cuatro para Buzios, y este año viajó a México con una de esas compañeras. "Otra de ellas viene ahora conmigo a Calabria y Sicilia. El target es de profesionales, como yo, de un nivel socioeconómico y cultural parecido, lo que determina el éxito de los viajes y mi insistencia en utilizar este recurso, por considerarlo muy válido, útil y simpático", cuenta.

Beatriz planea en forma "sistematizada". Invita a sumarse por medio de LA NACION y cuando ve que hay varios interesados, organiza una reunión en una confitería de Belgrano. "Como yo convoco, llevo un par de presupuestos muy concretos, con fechas, y les pido a todos que lleven la propia para tratar de decidir esa misma noche. Si el viaje es sencillo, como el de Buzios, en esa reunión se va depurando entre los concretos y los que dan vueltas."

En cuanto consigue una primera compañera, ambas compran el pasaje "para no pagar el single. Los demás se van agregando o no. Y para evitar obstáculos, ponemos códigos: el uso de la caja de seguridad compartida; sorteo de las habitaciones, si hay doble y triple; nadie entra en un cuarto que no sea el propio si no están las ocupantes habituales; avisar si no se pasa la noche en la habitación, y puntualidad para las salidas y los vuelos".

"Me doy cuenta de que la elección fue buena después de promediar el viaje, cuando se compartieron momentos muy gratos y se superó alguna dificultad. Es un excelente ejercicio de tolerancia", agrega.

María Alejandra Flores cuenta que fue en un bar del Centro donde comenzaron a reunirse. "Nos reconoceríamos fácilmente, ya que tendríamos folletos y mapas", recuerda. Era enero de 2004 y todavía no había decidido qué hacer en las vacaciones cuando descubrió la sección Compañeros y le respondió a Mercedes, que había puesto un aviso para viajar la segunda quincena de febrero al NOA. "Ese destino me interesaba mucho.

"Habremos hecho cuatro o cinco reuniones los jueves a la misma hora. De todos los que nos juntamos, sólo quedamos tres: Mercedes, Santiago y yo. El resto armaría sus vacaciones de distinta manera. Nos pusimos de acuerdo con que yo llevaría el auto, así conoceríamos mucho más, que era el objetivo."

Empezaron haciendo noche en Frías, Santiago del Estero, pasaron por San Miguel de Tucumán, Tafí del Valle, Salta capital, Cafayate, Iruya, Purmamarca, Humahuaca y Tilcara, bajaron por Catamarca hasta La Rioja y terminaron en Córdoba.

"Salió perfecto, nos poníamos de acuerdo en todo: hoteles, comidas, paseos, y hasta cuando cada uno quería pasear por su cuenta." En cuanto a viajar con desconocidos, María Alejandra menciona sólo dos momentos incómodos: "Un día, Santiago y yo fuimos a cargar nafta y Mercedes estaba comprando empanadas. Al salir, se asustó, porque pensó que nos habíamos ido sin ella. La otra fue en Salta, cuando Santiago me preguntó si ya que me iba todo el día de excursión le dejaría las llaves del auto, y le contesté que no. No sé, a lo mejor ése fue un momento de desconfianza, porque éramos totalmente desconocidos. Entonces la noche anterior a la excursión al Tren a las Nubes llevé las llaves conmigo… Todo lo demás, la verdad fue como si nos conociéramos desde siempre".

En junio, Alberto Boyadjian envió un pedido de compañeras/os para ir a Cataratas, en las vacaciones de invierno. A partir de allí, se armó un grupo de cuatro, todos vinculados con la actividad docente. "Fue una muy grata experiencia compartir una semana con gente que 15 días atrás no sabía que existía", dijo. Pero no fue su primera experiencia: en febrero se había sumado a un grupo con destino a Catamarca. "Lo singular fue que algún conocido expresaba sus reservas sobre este tipo de viajes y daba sus recomendaciones. Pero creo que quienes piden o se ofrecen para compartir un viaje con perfectos desconocidos tienen en común ansias por conocer nuevas geografías y distinta gente; saben que viajar es compartir; que es la mejor manera de conocerse, y hacerlo con nuevos amigos implica visiones distintas de una misma realidad."

Con ambos grupos, Alberto sigue en contacto postal y telefónico. Ya ha compartido otros viajes y proyectan futuras aventuras. "Desde el viaje a Catamarca, la lectura de Compañeros de ruta es una grata rutina", agrega.

Textuales

Yo publiqué dos veces para diferentes destinos. Tuve muchas respuestas, incluso del interior. En la primera oportunidad mi deseo era viajar a Sudáfrica, pero debido a los altos costos, cambiamos de rumbo y viajé con dos señoras con las que me vi una sola vez: Nora e Isabel. Había tan buena onda que fuimos a Manaos y Amazonia, por 11 días. Nos fue tan bien que al encontrarme ahora con ellas siempre recordamos los grandes momentos, como un paseo en bote a la noche por el río Ariau o cuando fuimos visitadas por 14 monitos en la habitación, que los convencimos de que volvieran a sus árboles con toallones y gritos.

Lo que más rescato de este segmento es la gran cantidad de nuevos amigas y amigos que, aunque no viajemos, siempre estamos en contacto, en nuestro grupo Ruteros y Ruteras.

Cristina Gross

Todas las veces recibí respuesta. La primera para recorrer Patagonia Norte, la siguiente agregamos Villa La Angostura y Parque Nacional Los Alerces, y la última para recorrer Mendoza. En el primer caso, se armó un grupo en el que había bastante comunión entre todos y del que resultaron algunas amistades. En el segundo fue un grupo más reducido, con algunas cuestiones de machismo que causaron que una constante sensación de competencia entre ambos sexos primara por encima del trip. La tercera quedó a mitad de camino: se armó un grupo que supo compartir el viaje, pero no logramos mucha empatía entre nosotros. Igual en cada búsqueda me divertí mucho conociendo gente.

En el ínterin escribe o llama gente que no tiene ningún interés en el viaje, que quiere ver, conocer gente, o que se le cruzó la idea, pero nada más.

Paula

Yo buscaba compañera para un viaje en moto al NOA, tuve varias respuestas que descarté, pero conocí a una gran persona con quien si bien al final no viajamos juntos hicimos una maravillosa amistad, que hasta hoy sigue.

Juan José Bermani

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