El amor en ocho circuitos

Desde un beso en góndola hasta un sí quiero en un emblemático balcón, la fecha venerada por enamorados es una excelente excusa para visitar ciudades como Venecia, Kyoto o Lima
Teresa Bausili
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8 de febrero de 2015  

Candados del amor

Todo puente disponible

La culpa es del autor italiano Federico Moccia. De él y de toda su familia se acuerdan por lo bajo las autoridades de una decena de ciudades cuyos puentes están a punto de sucumbir por la fuerza del amor.

Sucede que en su novela Tengo ganas de ti (2006), Moccia relata cómo los protagonistas de su historia sellan su compromiso con un candado en el puente Milvio, que cruza el río Tíber al norte de Roma. El romántico gesto inspiró a miles de parejas que hicieron de casi cualquier puente en el mundo una señal de amor eterno, abarrotándolo de candados (el rito indica que hay que arrojar la llave al agua).También creó situaciones insólitas, como el derrumbe de una lámpara por exceso de peso en el mismo puente Milvio. En 2012, el ayuntamiento de Roma directamente cortó los luchetti del amor, aunque los enamorados empedernidos vuelven una y otra vez.

Además, ya era tarde. La costumbre había prendido rápidamente en otras ciudades de Italia y del mundo, incluyendo Praga, Madrid, Dublín, el monte Huang (China), Moscú y, desde este año, también en Buenos Aires (más exactamente en el Puente de la Mujer, en Puerto Madero).

En París, el Ayuntamiento instaló en septiembre pasado paneles transparentes a lo largo del Pont des Arts, que une el Instituto de Francia con el Museo del Louvre, en el VI Distrito. Al parecer, el puente había sufrido severos daños cuando una parte cedió por el peso de los candaditos. Es que cada reja lleva alrededor de media tonelada de estos cerrojos, cuatro veces la carga máxima tolerada. Un dato para quienes dicen que el amor no tiene medida...

El balcón de Julieta

Verona

William Shakespeare la eligió para situar la historia de amor más romántica jamás contada. Verona, de hecho, se ha ganado el nombre de la ciudad de Romeo y Julieta. Y cada año, sobre todo para estas fechas, acuden procesiones de enamorados al llamado "balcón de Giulietta", ubicado a pasos de Piazza Bra, la más grande de Verona. La leyenda, y no la obra del dramaturgo británico, dice que fue en este balcón donde Romeo cortejó a la heroína adolescente. Lo más probable, sin embargo, es que ninguno de los dos haya existido, y mucho menos el balcón, que fue colocado en el siglo XX.

Pero la verdad no amedrenta a miles de parejas de todas las latitudes (ya lo dice el proverbio italiano: Se non e vero..., è ben trovato), que inundan las paredes del edificio con sus mensajes de amor. Las cartitas y papelitos, escritos en todos los idiomas imaginables, son tantos que es necesario limpiar las atestadas carteleras dos veces al año (el 13 de febrero, víspera de San Valentín, y el 15 de septiembre, antes del supuesto cumpleaños de Julieta).

Desde abril de 2009, el ayuntamiento de la ciudad italiana ha encontrado una romántica (y lucrativa) manera de casarse por civil: en el famosísimo balcón, por nada menos que unos 1000 euros. Para los funcionarios veroneses, eso es lo que vale dar el sí en el sitio perfecto para el amor.

El callejón del beso

Guanajuato

Ana era una rica española, única hija de un hombre autoritario y violento. Carlos, un pobre minero que logró enamorar a la joven heredera.

Cuenta la trágica leyenda que los amantes se veían clandestinamente, ya que el padre de Ana le había prohibido, bajo amenazas de todo calibre, cualquier tipo de contacto con Carlos. Éste se las ingenió para alquilar la casa cuyo balcón prácticamente se tocaba de frente con el balcón de Ana (apenas los separan 69 cm), en un estrechísimo callejón del casco antiguo de Guanajuato, la ciudad colonial mexicana que fue nombrada Patrimonio de la Humanidad en 1988.

Y así estaban los tórtolos, de beso en beso y balcones de por medio, cuando los sorprendió el padre de Ana. Enloquecido de furia, el hombre clavó una daga en el pecho de su hija. Carlos no pudo soportar la horrorosa muerte de su amada y, como si la tragedia no fuera suficiente, terminó suicidándose.

Ajenos al dramón, el callejón es el lugar elegido por los enamorados para besarse como dicta la tradición /supersitición: en el tercer escalón que ahora está pintado de rojo, asegurándose así siete años de felicidad. La leyenda se corona con una advertencia: los novios que pisen el lugar y no se se besen, tendrán siete años de mala suerte. ¿Acaso se animaría alguna pareja a desafiarla?

Jishu-Jinja

Kyoto

Al cupido del amor japonés lo llaman Okuninushi no mikoto. Es el dios de "los buenos matrimonios" y cuenta con un santuario dedicado en su honor, Jishu-jinja, eregido en lo alto de una colina, dentro del complejo de templos Kiyomizu-dera (desde la estación de Kyoto, son apenas 15 minutos en ómnibus y luego 10 minutos de caminata cuesta arriba). Miles de japoneses -sobre todo colegialas- y extranjeros por igual visitan anualmente Jishu-jinja para sortear "la prueba del amor". Se trata de dos piedras separadas por unos 10 metros la una de la otra, distancia que los visitantes solitarios intentan unir con los ojos tapados. El éxito en alcanzar la piedra del otro lado es entendido como el presagio de que el peregrino encontrará el amor. Ojo, si necesita indicaciones de un amigo (del tipo derecha, izquierda) para llegar a la meta, significa que también requerirá ayuda de un tercero para hallar a su media naranja.

Desde hace más de mil años, las parejas felices vuelven al santuario para dejar notitas de agradecimiento, y sus nombres son colocados en un muro frente al templo. Más allá del amor, el complejo también vale una visita por ser Patrimonio de la Humanidad por Unesco: el conjunto de templos se salvó de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial y constituye una muestra única de la arquitectura sagrada japonesa antigua.

El muro de los Te Quiero

París

La capital francesa no fue nombrada ciudad universal del amor porque a alguien se le antojó. Sus edificios, sus plazas, sus jardines, todo, invitan al romanticismo.

Como tributo a esa bien ganada fama, el artista Frédéric Baron levantó una pared, "Le Mur des je t'aime", en el pintoresco barrio de Montmartre. Así, El muro de los Te Quiero, emplazado en un parque muy chiquito (la plazoleta Jehan Rictus, ) está compuesto por 612 placas de lava esmaltada que recogen la fraseTe Quiero en más de 300 lenguas. Algunas tan inusuales como el tamúl, el swahili o el lingala. ¿A que no saben cómo se dice, por ejemplo, te quiero en javanés (isla de Java, en Indonesia? "Aku tresno marang sliramu ". ¿Y en maorí? "E aroha ana ahau ki a koe". O "ma timilai prem garchhu" en nepalí. Hay verdaderos trabalenguas para rato.

El parque del amor

Lima

Con semejante nombre, el parque no podía inaugurarse en otra fecha que no fuera el 14 de febrero. El año fue 1993 y el lugar, el malecón que bordea el Pacífico en el coqueto y céntrico distrito de Miraflores, enLima.

La estatua de dos amantes abrazándose apasionadamente (obra del artista peruano Víctor Delfín) se ha convertido en una parada obligada para enamorados. Hay más: los jardines tienen forma de corazones y los bordea un muro ondulante donde se puede leer frases románticas de poetas peruanos, del tipo "mi recuerdo es más fuerte que tu olvido". El parque también es el escenario de los campeonatos mundiales de Los besos más largos (el récord a batir el próximo 14 de febrero: 60 minutos), y el lugar preferido de los recién casados para sacarse fotos. Cada 14 de febrero hay conciertos y espectáculos gratuitos, y en el San Valentín de 2012 hasta se ofició una boda simbólica para parejas de lesbianas, trans, gays y bisexuales (TLGB), bajo el lema "El amor no discrimina".

Puente de los Suspiros

Venecia

Cuenta la leyenda que, si dos enamorados se besan al cruzar en góndola el Puente de los Suspiros en Venecia, justo al atardecer y cuando empiezan a repicar las campanas de la Basílica de San Marcos, su amor durará para siempre.

Si supieran su verdadera historia sentirían de todo menos amor: el famoso puentecito, que une el Palacio Ducal con la antigua cárcel, era el lugar por el que pasaban los prisioneros a los calabozos del palacio, después de ser condenados a muerte. Sí, suspiraban, pero porque era muy probable que ésa fuera la última vez que viesen la luz del día.

La isla en forma de corazón

Galesnjak, Croacia

Fue rebautizada como "isla del amor" por su caprichosa forma de corazón.

En pleno mar Adriático, la isla está deshabitada, tiene 500 metros de diámetro, 1,55 kilómetros de playa y pertenece al empresario Vlado Juresko.

Temiendo la llegada masiva de turistas (la ley de costas establece que cuando se superan los 1000 metros de playa ya se considera un bien público), Juresko ha optado por limitar el acceso a la isla y así permitir que conserve intacta su naturaleza. Además, se han encontrado algunos hallazgos arqueológicos en el lugar, por lo cual no se puede tocar absolutamente nada hasta no concluir las investigaciones.

Galesnjak adquirió fama y protagonismo gracias a Google Earth, convirténdose en uno de los principales objetivos de los románticos, quienes desearían darse el "sí quiero" en alguno de los espectaculares acantilados de sus costas.

Por ahora, y dada la falta de infraestructura, muchos prefieren admirar la romántica isla desde un avión.

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