El desafío de los Maestros

Por Vicente Fernández Para LA NACION
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20 de diciembre de 2009  

Haber pasado casi toda mi vida junto al golf me permitió jugar y conocer casi todas las canchas del país. Por eso puedo asegurar que en la Argentina tenemos decenas de links de altísima calidad y en entornos maravillosos, lo que los hace ideales para combinar deporte con turismo y placer.

Para mi gusto, las mejores canchas -por su estado- de los alrededores de la Capital son las del Olivos Golf, del Buenos Aires Golf Club, del Martindale, del Pilar Golf Club y la de Nordelta. De las del interior me quedo con la del Mar del Plata Golf Club, en Playa Grande, y con la del Chapelco Golf. Capítulo aparte merece la del Arelauquen, en Bariloche: es una de mis preferidas no sólo por su entorno y ubicación, sino porque tuve bastante que ver con su diseño, por lo que le tengo un cariño muy especial. La cancha más linda en la que jugué es la del Llao Llao, en Bariloche. Si bien es chica y de poca dificultad, es realmente un placer jugar ahí: tiene un entorno excepcional e invita a quedarse horas caminándola y disfrutándola. Nunca jugué en un trazado tan lindo como ése ni en el resto de la Argentina ni en el exterior.

De todas tengo muy gratos recuerdos. Pero hay una anécdota que siempre me acuerdo y que me pasó jugando mi primer Torneo de Maestros, en el Olivos, en 1967. Habíamos llegado empatados al final nada menos que con el maestro Roberto De Vicenzo y tuvimos que jugar hoyos de desempate. De Vicenzo venía de ganar el Abierto británico y era ídolo total en la Argentina. Recuerdo que había muchísimo público y que cuando arrancamos con el desempate toda la gente estaba con él. Pero a medida que iban pasando los hoyos (jugamos cuatro) fue como si los aficionados se hubieran volcado hacia el más débil y empezaron a alentarme tanto como al maestro. Finalmente pude ganar con mucho esfuerzo, porque De Vicenzo era un jugador excepcional. Según decían todos, ésa fue la primera vez que el maestro tenía la hinchada dividida... Hoy, más de 40 años después, todavía me sigo emocionando al acordarme.

El autor es uno de los golfistas profesionales más destacados de nuestro país, ganador de decenas de títulos aquí y en el exterior

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