El estilo salvaje mantiene su lugar

Presencias extrañas y reglamentos
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7 de diciembre de 2001  

También se puede hacer una caminata nocturna al regreso de las excursiones por Charles Darwin, la avenida principal de Puerto Ayora, acompañado de la música que surge de los bares y convierte a este lugar en el más bullicioso de todo el archipiélago. El Parque Nacional de las Galápagos impide los asentamientos poblacionales en el 97 por ciento del archipiélago.

Pero las Galápagos tienen siempre los animales como telón de fondo. Es un lugar especial. Depende de la excursión escogida, la isla que será visitada, aunque todas presentan las mismas características.

Una constante ante la vista son los lobos de mar, gordos y perezosos, a los que se recomienda no tocar porque -nos advierten- si su madre reconoce el olor humano los abandonaría. En algunas playas se pueden observar colonias de lobos, pero eso sí, hay que estar preparado para tolerar su hedor penetrante. Las lagartijas están por todos lados y pierden siempre su cola en las peleas.

Hay bichos extraños por todas partes y uno de los más llamativos es la iguana, que abunda en las costas y se mimetiza con las rocas del archipiélago. Inofensivas, pero con cara de pocos amigos, hacen pensar lo contrario. Se llevan las mejores fotos porque no se mueven con frecuencia.

¡Advertencia!

No debe llevarse ningún tipo de souvenir en los bolsillos, ni capturar insectos o animales. Está prohibido alimentar a las especies vivientes. No hay que molestarlas ni azuzarlas en su descanso.

Los únicos que aquí la pasan mal son los fumadores porque en las islas está prohibido despuntar el vicio para no contaminar el ambiente.

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