El lado B de Europa: seis ciudades alternativas que vale la pena conocer

Desde la belleza medieval de Tallin hasta la "Capital Verde" del continente, Liubliana, 6 propuestas que van más allá de los destinos clásicos
Arquitectura histórica a orillas del río Ljubljanica, en Liubliana; la capital eslovena es también la Capital Verde Europea
Arquitectura histórica a orillas del río Ljubljanica, en Liubliana; la capital eslovena es también la Capital Verde Europea Crédito: Corbis
Desde la belleza medieval de Tallin hasta la "Capital Verde" del continente, Liubliana, 6 propuestas que van más allá de los destinos clásicos
Teresa Bausili
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17 de abril de 2016  

Porque ya conocen París, Londres, Madrid, Roma. Porque la sombra -o la paranoia- del terrorismo sobrevuela las principales capitales europeas. O simplemente porque existen opciones más baratas, más desconocidas, menos turísticas, los viajeros buscan el "otro lado" del Viejo Continente.

Muchas de estas ciudades emergentes han crecido a pasos agigantados desde la caída de la Cortina de Hierro, y hoy sorprenden con una vibrante escena cultural, cascos históricos de cuento (no son pocos los que engrosan las listas de la Unesco) y conexiones accesibles por tierra, mar o aire.

BRESLAVIA

Polonia

Si bien fue designada Capital Europea de la Cultura 2016, junto a la española San Sebastián, Breslavia (o Wroclaw, en polaco) aún se mantiene alejada de las masas de turistas e, increíblemente, es una de las ciudades más desconocidas de Polonia.

En rigor, Breslavia fue polaca durante la Edad Media. Y luego fue checa, austríaca, alemana y nuevamente polaca en 1945, cuando los alemanes fueron deportados en masa y el territorio fue repoblado con polacos que habían sido desplazados de Leópolis (la actual Ucrania). Para colmo de traumas, el 75% de sus edificios quedaron reducidos a escombros debido al ataque del Ejército Rojo. Es decir, las encantadoras casitas de colores que hoy flanquean la plaza central, así como otras estructuras históricas, han sido reconstruidas a imagen y semejanza de su vieja estampa (la Catedral de San Juan Bautista, por ejemplo, sólo conserva su pórtico medieval original).

Más allá de su espléndida arquitectura gótica y barroca, la antigua Breslau es una ciudad joven, donde viven más de 150.000 estudiantes universitarios (entre otras razones, el costo de vida y los precios en general son mucho más bajos en Polonia que en las vecinas Rusia y Alemania). También llamada la "Venecia de Polonia" -gracias a su más de centenar de puentes y pasarelas para salvar el río Óder y sus afluentes; en el resto no se parece en nada a la ciudad italiana-, prepara para este año un ambicioso programa con más de mil eventos culturales, desde literatura y teatro hasta exposiciones dedicadas a Eduardo Chillida o Jerzy Grotowski.

Cómo ir: desde Berlín, son tres horas y media en auto y cuatro horas en tren. También hay vuelos low cost de Ryanair o Wizzair desde países como Gran Bretaña, Irlanda, Italia y Francia. Y desde Praga, el PolskiBus (www.polskibus.com) llega a la estación principal de ómnibus de Breslavia, dos veces al día, en 5 horas.

El casco de Breslavia, Polonia, fue casi enteramente reconstruido
El casco de Breslavia, Polonia, fue casi enteramente reconstruido Crédito: Corbis

ZAGREB

Croacia

No tiene la espectacularidad ni la fama de las ciudades que bañan el mar Adriático, como Dubrovnik o Pula. De hecho, todavía son pocos los que se animan a visitar la capital croata, probablemente, sólo por desconocimiento.

Con su animada vida al aire libre, sus reminiscencias de imperio austrohúngaro (aún hoy se la conoce como "la pequeña Viena"), sus mercados de todo tipo y color (el de Dolac es un hervidero de actividad desde los años 30) y sus fabulosos parques, Zagreb es un tesoro por descubrir.

Con el mítico hotel Esplanade, que alojaba a los pasajeros del Orient Express (convertido en el cuartel general de la Gestapo y la Wermacht durante la Segunda Guerra); el original Museo de las Relaciones Rotas; la tienda Croata, el mejor lugar para comprar corbatas (dicen que la prenda es un auténtico invento zagrebí) o el funicular "más corto del mundo" (une la Ciudad Baja y la Ciudad Alta en tan sólo 55 segundos), esta ciudad de aires señoriales y tranvías es también una fuente de sorpresas, curiosidades y visitas fuera de lo común.

Cómo ir: hay vuelos directos desde todas las capitales europeas, e incluso desde ciudades como Colonia, Hamburgo y Stuttgart. También existen al menos nueve empresas que ofrecen servicios regulares en barco que unen Croacia con Italia, dos trenes diarios y dos nocturnos entre Viena y Zagreb, y otros tanto desde Munich. Por otro lado, Croatia Airlines (www.croatiaairlines.hr) es la única línea aérea con vuelos dentro de Croacia. Tiene salidas diarias entre Zagreb y Dubrovnik (a 500 km), Pula, Split y Zadar, aunque el servicio de ómnibus es bueno y económico. También conviene usar la red ferroviaria, que conecta todas las ciudades principales de Croacia, salvo Dubrovnik.

El mercado de Dolac es el más famoso de Zagreb, Croacia
El mercado de Dolac es el más famoso de Zagreb, Croacia Crédito: Corbis

LIUBLIANA

Eslovenia

Podría pensarse que la distinción se debe a que más del 60% del país está cubierto por bosques. Pero la verdadera razón por la que la Comisión Europea nombró a Liubliana la Capital Verde de Europa 2016 es el enorme esfuerzo de esta ciudad para mejorar el ambiente urbano y la calidad de vida de sus habitantes. De hecho, la capital eslovena (¡y no eslovaca!) recicla dos tercios de los residuos que genera, y su centro, inclusive su avenida principal, sólo permite la entrada a peatones, ciclistas y transporte público.

Alejada de las hordas de turistas que invaden a países vecinos como Italia, Austria y, en menor medida, Hungría, la capital de este pequeño país alpino (el primero en independizarse de Yugoslavia, en 1991) también es de dimensiones pocket: 275 km2 de superficie y 282 mil habitantes (43 mil de ellos estudiantes).

Dos terremotos y la Segunda Guerra Mundial han hecho que en su arquitectura haya una buena mezcla de estilos, pero aun así recuerda a las ciudades austríacas renacentistas. O podría evocar a Praga, por el castillo que corona la ciudad. O Ámsterdam, por la profusión de bicicletas, los canales y la gente que pasea a orillas río Ljubljanica. Incluso no faltan las comparaciones con las ciudades austríacas de Graz y Salzburgo, o, por su ambiente juvenil, con cualquier otra ciudad universitaria europea.

Más allá de sus plazas recoletas, callecitas empedradas, iglesias medievales o elegantes monumentos (como el espectacular puente de los Dragones, de estilo art nouveau), no hay quien se pierda una visita a Metelkova, el barrio más alternativo de la ciudad. En aquel puñado de manzanas coloridas y adornadas por graffitis, que hoy es considerado una de las grandes mecas del arte y la cultura underground, funcionaba un antiguo cuartel militar. Incluso la vieja prisión del barrio fue reconvertida en hostel (el Hostel Celica, el más hippest o con onda del mundo, según Lonely Planet), y las habitaciones aún conservan los barrotes en puertas y ventanas.

Cómo ir: son muy pocas las compañías low cost que han aterrizado en Eslovenia, mientras que los vuelos regulares suelen ser mucho más caros (Adria Airways es la aerolínea nacional). Por otro lado, se puede llegar fácilmente en trenes directos desde Viena, Munich, Zurich, Zagreb, Budapest y Belgrado. La estación está a 15 minutos a pie del centro histórico.GoOpti, que se define como la primera compañía lowcost de transporte terrestre, es una buena opción para traslados desde y hacia el aeropuerto y para recorrer Eslovenia en general (www.goopti.com/es).Por su ubicación en el centro del país, Liubliana es un buen punto de partida para descubrir los paisajes de Eslovenia, como la isla de Bled, además de otros destinos a tan sólo una o dos horas en auto.

Atmósfera relajada y juvenil en Liubliana, Eslovenia
Atmósfera relajada y juvenil en Liubliana, Eslovenia Crédito: Corbis

TALLIN

Estonia

En el cruce de la cultura rusa y escandinava, la capital de Letonia es también llamada la "mini Praga", y su casco antiguo (declarado Patrimonio de la Humanidad por Unesco) es uno de lo más completos de Europa. Sus murallas, torres, edificios color pastel, iglesias ortodoxas rusas y calles perfectamente adoquinadas, sin tráfico, parecen sacados de un decorado de Disney.

Pero esta postal medieval es también una ciudad vibrante, llena de vida nocturna, terracitas con música en vivo, galerías de arte y tiendas de diseño. O cafés como el que funciona en la torre Neitsitorn, construida en el siglo XIV y utilizada como cárcel para prostitutas por los soviéticos.

La capital se ha recuperado rápidamente de las cinco décadas de comunismo (antes de los rusos, estuvo dominada por daneses, teutones, livonios y suecos) y es la ciudad emergente del momento. Su apuesta a las nuevas tecnologías, de hecho, le han valido el apodo de la Silicon Valley del Báltico.

A Tallin la separan sólo 80 km de Helsinki por el mar Báltico, y muchos la consideran un barrio más de la capital finlandesa. Es más, no son pocos los turistas y finlandeses que van y vienen por el día a la capital estona para aprovechar los precios, mucho más bajos que en Finlandia, y el maravilloso casco medieval.

Cómo ir: los ferries cruzan el Golfo de Finlandia entre Tallin y Helsinki varias veces al día, cubriendo la distancia en aproximadamente 2-4 horas. También desde Estocolmo salen ferries cada noche y el viaje dura cerca de 15 horas.Por otro lado, hay vuelos directos todo el año desde las principales capitales europeas. El aeropuerto de Tallin está sólo a 2 km de la ciudad.De los trenes de larga distancia, existe sólo uno desde Moscú, y es un tren nocturno.A menos de una hora de Tallin en auto, el Parque Nacional de Lahemaa es uno de los últimos rincones vírgenes del Báltico. además de un paraíso para amantes del trekking, el ciclismo y también el mar.

SOFIA

Bulgaria

Es la segunda ciudad más antigua de Europa después de Atenas, pero mucho menos visitada que ésta. Según la revista Forbes, la capital búlgara es incluso una de las más baratas del Viejo Continente para alojarse, tomar un taxi o comer en un restaurante (Bulgaria es de hecho uno de los miembros más pobres de la Unión Europea).

En Sofía (por cierto se dice "Sófia", con acento en la o) conviven los edificios racionales y grises, resabios de la era soviética, con los inmensos bulevares de influencia parisina, las tiendas de lujo, los mercados callejeros o los incontables parques y jardines.

Los restos de murallas romanas dan cuenta de la rica y milenaria historia de este enclave balcánico, que también formó parte del imperio turco-otomano hasta 1878, cuando los rusos desalojaron a los musulmanes y limpiaron de un sopeteón 500 años de dominio otomano.

Con sus grandes cúpulas doradas, la iglesia de Alexander Nevski es sin dudas el monumento más destacado de Sofía. Fue construida en homenaje a los 200.000 soldados rusos, ucranianos y bielorrusos que cayeron en la guerra contra el imperio otomano, y está emplazada en el corazón de esta ciudad recostada al pie de la montaña de Vitosha.

Cómoda y segura, no hay rastro en la capital búlgara de las mafias gitanas que se supone acechan al turista a la vuelta de la esquina.

Eso sí: hay que tener en cuenta que los búlgaros dicen "no" moviendo la cabeza de abajo hacia arriba, y "sí" moviéndola de la izquierda a la derecha...

Cómo ir: aunque son varias las aerolíneas internacionales que vuelan a Sofía, la manera más barata de llegar, tanto desde el resto de Bulgaria como desde el extranjero, es en ómnibus.El tren cuenta con conexiones ferroviarias con las principales capitales de Europa Central y del Este: Kiev, Atenas, Estambul, Budapest, Bucarest, Bratislava, Belgrado, Viena o Moscú, aunque muchos trenes no se han modernizado y pueden resultar lentos y obsoletos.Hay excursiones en las afueras de Sofía como las visitas al Monasterio de Rila o a la ciudad de Plovdiv. También el esquí es un deporte accesible y cercano: la montaña más concurrida es la de Vitosha, en las afueras de Sofía, aunque el centro principal, Borovets, está a sólo 70 km.

LA VALLETTA

Malta

Por ser la capital más pequeña de Europa (tiene apenas un kilómetro cuadrado) es sumamente fácil de recorrer.

Fenicios, cartagineses, romanos, árabes, normandos, la Orden de los Caballeros de San Juan, franceses y británicos, entre otros, dejaron su impronta en esta isla imposible de clasificar, pero de la que podría decirse que tiene esencia mediterránea, arquitectura árabe y reminiscencias británicas. De hecho, la costumbre de manejar por la izquierda y las típicas cabinas de teléfono rojas son algunos de los recuerdos que dejó la colonización inglesa (1800-1964). Más allá del hecho, claro, de que el inglés es hoy, junto al maltés, lengua oficial.

De los árabes quedaron las sinuosas callejuelas de algunos barrios y los nombres de ciudades como Mdina o Rabat. Pero de todas las influencias, tal vez la religiosa sea una de las más notables. Se dice que hay más iglesias que días del año, sin contar los cientos de capillitas que se aferran a los acantilados. Mención especial merece la cocatedral consagrada a San Juan, construida entre 1573 y 1577, decorada hasta la extenuación y considerada una de las más lujosas del mundo.

La Valletta tomó su nombre del Gran Maestre Jean de la Vallette, quien defendió a la isla del asedio turco en 1565, y creó la ciudad como asentamiento para los Caballeros de la Orden de San Juan (una ciudad "construida por los Caballeros, para los Caballeros"). Es una coqueta ciudad de callecitas angostas y empinadas, balcones labrados de madera, playas de mar azul y 300 días de sol al año. Y un último dato: en 2018 será Capital Europea de la Cultura.

Cómo ir: la aerolínea nacional es Air Malta, que opera desde los aeropuertos más importantes de Europa. Además, Malta tiene buenas conexiones aéreas con el norte de África, en vuelos de menos de dos horas. De todos modos, una de las maneras más fáciles de llegar es en barco.Hay entre seis y siete salidas semanales de Malta hacia Sicilia en ferry. También se puede llegar desde Génova o incluso Marsella por mar.

La Valletta, en Malta, es fácil de recorrer: es la más pequeña de las capitales europeas
La Valletta, en Malta, es fácil de recorrer: es la más pequeña de las capitales europeas Crédito: Corbis

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