El marketing extremo, nuevo deporte de riesgo

La clave pasa por viralizar marcas y ofertas, que cuanto más espectaculares más chances de repercusión tendrán. Como dormir en el castillo de Drácula, colgado de un precipicio o en una habitación sin techo ni paredes
Teresa Bausili
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23 de octubre de 2016  

¿Se acuerdan de aquello de “el mejor trabajo del mundo”? Un trabajo que consistía nada menos que en cuidar una paradisíaca isla en la gran barrera de coral australiana, allá por 2009. A cambio, había que contar la experiencia a través de un blog, todo por un sueldo de 100.000 dólares los seis meses de contrato. El puesto, que obtuvo un británico de 34 años entre 35.000 concursantes, era parte de una campaña de marketing lanzada para aumentar el turismo en Queensland, Australia.

No hubo medio que no se hiciera eco de la “noticia”, y hasta Oprah Winfrey entrevistó al afortunado ganador, Ben Southall, vía Skype. Y hay que admitirlo: la campaña funcionó de maravillas, empezando con la web de turismo de Queensland, que recibió más de 8 millones de visitas, mientras que el turismo local aumentó en un 25 por ciento.

No son pocas las empresas que parecen haber tomado nota del ardid publicitario. La estrategia parece simple, aunque hay que lograrlo: lanzar una consigna original y viralizarla lo máximo posible.

Dormir en... Entre los casos más exitosos están los de la plataforma de hospedaje Airbnb, que ya lleva varias campañas del tipo “duerma en” (en las que sólo lo hace el ganador de un concurso), a saber:

- El estadio Maracaná, en Río de Janeiro, la noche previa al clásico carioca Flamengo contra Fluminense (mayo de 2015)

- Un tanque de tiburones del acuario de París (abril de 2016)

- La Arena Olímpica de Río, sede de los Juegos Olímpicos Río 2016 (también abril de este año)

- Los míticos estudios de grabación de Los Beatles en Abbey Road, con el músico, DJ, cantante, compositor, y productor Mark Ronson como anfitrión (el último 15 de octubre).

- Un restaurante de Taco Bell en Ontario, Canadá (el último 17 de octubre)

- El castillo de Drácula, o Castillo de Bran, en Transilvania (la próxima noche de Halloween).

- La cabina de uno de los teleféricos de los Alpes franceses, a casi 2700 metros de altura (marzo de 2015).

Acampar en el vacío. A propósito de teleféricos y alturas, un operador turístico del estado norteamericano de Colorado fue más lejos en su oferta y propone la posibilidad de dormir colgado de paredes verticales (Cliff Camping en inglés). Esta particular –y extrema– forma de acampar se hace en la cordillera de las Rocallosas y la comercializa el Kent Mountain Adventure Center, fundado en 1987. Con una suerte de hamaca que se clava en la pared de la montaña, sujetada por sogas y arneses, se puede dormir así, literlamente sobre el vacío.

Algunas personas que probaron la experiencia aseguran no haberse despegado jamás de la sensación de nervios y pánico en el estómago, pero que ver el atardecer y amanecer desde la pared de una montaña fue impactante.

Acampar colgado de una pared vertical es parte de la propuesta del llamado cliff camping
Acampar colgado de una pared vertical es parte de la propuesta del llamado cliff camping

Lujo de altura. Sin quedarse atrás, el Skylodge Adventure Suites ideó una noche de hotel para dormir también suspendido de un precipicio, aunque esta vez en una habitación-cápsula de lujo. Completamente transparentes, los tres módulos o suites cuelgan a 400 metros de altura sobre el Valle Sagrado de Cuzco, Perú.

Y para que la aventura sea completa, se llega a la habitación directamente en tirolesa.

Por supuesto, los medios publicaron las fotos de las cápsulas desde todos los ángulos posibles, con títulos del tipo “¿te atraverías a dormir en un hotel colgado sobre el vacío?”. Aunque pasada la novedad, lo último en postearse al respecto han sido básicamente los comentarios de TripAdvisor. Habrá que inventarle un nuevo gancho al tema, algo así como “la cápsula suspendida en el aire a la que se accede en módulo espacial”.

El antiturismo 1. En la búsqueda por ganar notoriedad, algunos emprendimientos lo hacen posicionándose del otro lado de la vereda, es decir, en la del antiturismo. Tal podría ser el caso, por ejemplo, de los hermanos suizos Frank y Patrik Riklin, que promocionan su hotel “cero estrellas” sin paredes, sin techo, sin baño. Se trata de una cama situada al aire libre en las montañas de los Alpes suizos, en el cantón de Grisons. Los hermanos y artistas pretenden denunciar así lo que consideran el absurdo sistema de clasificación hotelera basado en estrellas y el concepto del lujo, idea que empezó en 2008 con la instalación de dormitorios en lugares inesperados, como una antigua planta nuclear en Suiza.

El antiturismo 2. En la misma línea, el Hans Brinker Budget Hostel de Ámsterdam, se autoproclama con orgullo el “peor hotel del mundo”. Y lo cierto es que no les faltan argumentos para defender ese dudoso honor: los empleados son groseros, las habitaciones están sucias, no hay agua caliente y, para ahorrar en toallas, animan a sus clientes a secarse con las cortinas.

“No tenemos piscina, ni servicio de habitaciones, suite nupcial, gimnasio, spa o botones, pero nuestras habitaciones son baratas, tenemos restaurante, un bar en el sótano mal iluminado y sin ventilación, recepción abierta 24 horas y 500 camas”, reza la web del hostal. Y lo cierto es que la “sinceridad” ha despertado el interés entre los más curiosos, que no han querido perderse la original experiencia, por 20 euros la noche.

Ya lo dijo Salvador Dalí: “Que hablen bien o mal, lo importante es que hablen de mí”.

Un almuerzo en las nubes

El afán por estar en boca de todos no sólo es patrimonio de Airbnb. La compañía Dinner in the Sky (Cena en el cielo), por ejemplo, compite desde hace varios años (surgió en 2006 en Bélgica) en espectacularidad y repercusión con sus originales propuestas gastronómicas.

La aventura culinaria consiste en degustar menús exclusivos, con una limitada concurrencia (22-30 asientos)... en el aire. A 45 metros de altura más exactamente, a los que se llega mediante una grúa que eleva la mesa y la sitúa justo enfrente a algún monumento emblemático.

Algunos de los elegidos hasta ahora fueron la Torre Eiffel de París, la Torre de Londres, la Acrópolis de Atenas o el Atomium de Bruselas. Como es de suponer, no falta el despliegue de celulares y dispositivos de última generación para registrar y transmitir todo, desde las vistas hasta los participantes y los platos.

La próxima cita está prevista para el 4 y 5 de enero de 2017 en las pirámides mexicanas de Teotihuacán, y el chef invitado será nada menos que Massimo Bottura, considerado el mejor del mundo. A no preocuparse: cada silla incluye dos cinturones de seguridad.

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