El pasado inglés de La Cumbre

Tranquilidad, golf, buena gastronomía e historias de inmigrantes en la ciudad cordobesa en la que vivieron Mujica Lainez y Miguel Ocampo
Gabriela Origlia
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21 de agosto de 2016  

LA CUMBRE.–. Amarillos y rojos tiñen las arboledas de esta ciudad de arquitectura inglesa que tiene una zona céntrica armada alrededor de la vieja estación de tren. Nació a fines de 1890 en torno del ferrocarril, que trajo trabajadores ingleses que terminaron quedándose. La bautizaron La Cumbre por ser el punto más alto en el recorrido de las vías que llegaban a Cruz del Eje; hasta 1900 había sido San Gerónimo.

Por su tranquilidad y paisaje desde siempre atrajo para vacacionar a los apellidos ilustres de Buenos Aires; muchas de las casonas llevan el sello del arquitecto Carlos Thays, diseñador del Jardín Botánico porteño. El Golf Club –fundado en 1924– fue el lugar predilecto para fiestas, cacerías de zorro y cabalgatas en los años 30.

Sus aires también atraen a artistas. Un registro municipal da cuenta de 50 plásticos instalados en la zona y de unos 30 escritores. Para el pintor Miguel Ocampo fue su casa en los últimos 30 años, hasta su muerte en 2015 y el plástico Remo Bianchedi vive allí desde hace tiempo. En 1969 llegó Manuel Manucho Mujica Lainez que vivió con su esposa, Ana de Alvear y sus tías.

En 1909 el ferrocarril donde trabajaban operarios e ingenieros ingleses pasó a manos del Estado argentino; entonces muchos de ellos decidieron quedarse en La Cumbre. Varios se dedicaron a la hotelería, el lugar ya atraía a familias porteñas económicamente acomodadas. Aunque en el mejor momento, eran 60 las familias inglesas, su influencia superó su número.

Uno de los primeros hoteles fue el Reydon, con estructura original de fines de 1890 y una reconstrucción de 1922 a cargo de John Runnacles y su esposa Jane Walford, bautizándolo en honor a su pueblo inglés. Pasó después a mano de otros ingleses. En junio de 1953 en ese hotel y en el Palace, la comunidad británica celebró la coronación de la reina Isabel II.

También en el Reydon se reunieron los fundadores del Golf Club. Un grupo de ingleses compró una fracción de una estancia y terrenos aledaños. Tres años después de su creación, en 1927, se inauguró la cancha profesional de 18 hoyos.

Links House es una residencia para mayores de la comunidad inglesa que funciona en lo que fue el primer hotel del Golf. Allí vive Frances Evans, la primera beba británica nacida en un campo de concentración nazi. Con su esposo dinamarqués decidieron radicarse en La Cumbre hace más de una década.

Serena, cuenta su historia que comenzó en 1941, cuando sus padres ingleses decidieron ir a la guerra. El barco en el que viajaban fue interceptado y pasaron como prisioneros a un corsario alemán; dos veces más los transfirieron hasta que –faltando muy poco para desembarcar en Burdeos- se produjo una revuelta y al padre de Frances lo mataron en un fusilamiento.

Su mamá, Joan, no sabía que estaba embarazada. Se dio cuenta varios meses y diez cárceles después, en Alemania. El 5 de diciembre de 1941 nació Frances, que pasó un año en calabozos y sótanos, hasta que las liberan en Turquía.

“Mi madre siempre me contó lo que vivió. El hambre, la incomunicación, la suciedad. No quería que olvidara a mi papá. Después de que ella murió encontré decenas de cartas que desde esas prisiones le escribió a mi abuela”.

Colores y letras

La Sala Miguel Ocampo, pegada a la que fuera la casa del pintor, es un atractivo más de La Cumbre. Virginia Laurente y Marian Muñoz, las encargadas, entusiasman al visitante no sólo ofreciéndole detalles de la obra de quien fuera un maestro de la luz y el color en la plástica argentina, sino anécdotas de su vida en la ciudad.

Aunque tuvo la posibilidad de elegir cualquier lugar del mundo –como plástico y por sus puestos diplomáticos vivió en Roma, París y Nueva York–, se quedó en La Cumbre, a la que recorría en un Fiat descapotable antiguo. “Era un vecino más, integrado y divertido”, señala Muñoz.

Amigo de Mujica Lainez, en su taller –que se conserva igual que cuando él trabajaba- reunía visitas. Bianchedi, que tiene su galería Nautilus a unos 20 minutos de allí, lo describe como una mezcla “de ruina jesuítica con Bauhaus”, en referencia a la escuela alemana de diseño de los 20.

Prolífico, en el taller hay unas 1200 obras catalogadas. “Aparecen dibujos todo el tiempo”, apunta la conservadora Laurente. Sus obras preferidas están en las paredes de la sala; una es Vacío Germinal, del ’99. Dijo que fue “lo que siempre” quiso pintar pero, hasta entonces, “me faltaba oficio”.

El artista que se dio el lujo de pintar el viento, según algunos críticos, murió en su casa en noviembre de 2015. Sus hijas, convencidas de que la sala revaloriza el entorno y de que su padre amaba la ciudad, mantienen el espacio abierto.

En Cruz Chica –frente al hotel Reydon, donde cruzaba a tomar el té- está “El Paraíso”, la casona de Mujica Lainez. Compró las siete hectáreas y siete casas en 1969 y pagó $ 7.000.000. El número siete, como buen amante del ocultismo que era, fue un atractivo extra para el escritor.

En la casona principal se conserva su biblioteca (diezmada por la venta de unos 20.000 volúmenes que terminó en una causa judicial) y sus colecciones de arte. Las fiestas de carnaval y las reuniones sociales que organizaba Manucho siguen siendo comentario en la zona.

Camino de artistas

Los seis kilómetros que separan a La Cumbre de Villa Giardino pueden hacerse por tierra, por El camino de los artesanos o La Punilla. Surgió a mediados de los ’70 y es un clásico para los visitantes. Una sucesión de locales, que se distinguen por su diseño y por los rojos, magentas y naranjas de sus paredes, ofrecen desde artesanías a trabajos en plata, pasando por repostería y cocina de autor.

Lorenzo Folguera fue uno de los impulsores. Recuerda que comenzaron con puestos al lado de la escuela del barrio Punilla: “Era el lugar de encuentro de los vecinos, hacíamos intercambios. La mayoría vendíamos lo que hacíamos en La Falda, pero parece que nos fuimos encontrando; aparecía gente de años y se instalaba”.

Primero abrieron un local donde vendían y exponían los trabajos de todos y, después, fueron apareciendo las propuestas individuales. Intentan no convertirse en revendedores de productos en serie, sino que quieren conservar la tarea artesanal. ß

Datos útiles

Cómo llegar: Desde la ciudad de Córdoba son 95 kilómetros. Pueden hacerse por La Calera (ruta E-55) hasta Bialet Massé y luego ruta 38; por autopista desviando en la variable Costa Azul, hasta el paredón del Dique San Roque, ruta E-55 hasta Bialet Massé y después, ruta 38. También por autopista hasta Carlos Paz y siguiendo por ruta 38.

Dónde parar: Entre los hoteles se destacan el Reydon, Gran Hotel La Cumbre, Castillo de Mandl (fue la casona de la ex Side en los 90); desde $ 1300 la doble. Hay propuestas de establecimientos boutiques a partir de los $ 1500 por persona y cabañas desde los $ 2000 por noche.

Dónde comer. La Casona de Tobosso, Kasbah; los pubs El Búho y Rhapsody (desde $ 180 por persona). El té con repostería es un clásico en la ciudad; recomiendan Dani Chef y El Bosque (en el camino de los artesanos).

Qué visitar. Casa museo de Mujica Lainez (todos los días de 11 a 17); Sala Miguel Ocampo (miércoles a domingos de 11 a 18); Museo de Motos y Bicicletas Antiguas (todos los días de 9 a 12 y de 15 a 18). Están las capillas de Santa Ana y de San Roque; el Cristo Redentor (de fácil ascenso), la práctica de parapente en Cuchi Corral (a ocho kilómetros cruzando la ruta 38) y la reserva de monos Carayá (a seis kilómetros por tierra).

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