El triángulo de iglesias es un verdadero símbolo nacional

Templos de diferentes religiones atraen por sus características
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31 de agosto de 2001  

La visita a Helsinki está marcada por un triángulo de iglesias, muy diferentes entre sí, tal vez símbolo de un país que fue durante muchos años tierra de frontera entre la Europa occidental y las culturas menos conocidas de la Europa eslava.

La más clásica es la catedral, un armonioso edificio rematado por cúpulas de cobre que se levanta sobre una extensa plaza, al final de una no menos extensa escalinata.

La más vistosa es la catedral Uspenski, dedicada al culto ortodoxo ruso: sus paredes de ladrillo rojo encierran un vistoso interior donde se respira incienso. Nadie se atreve a quebrar el silencio, y la admiración que despiertan los iconos y el bellísimo altar sólo se distrae al contemplar a los silenciosos fieles que visitan la iglesia para los ritos religiosos.

Belleza intangible

La tercera iglesia del triángulo es la más singular: es la luterana Temppeliaukion Kirkko (Iglesia de Roca). Construida en 1969, está totalmente excavada en el granito que distingue a muchos edificios finlandeses: desde afuera no se ve nada excepto la cúpula formada -como se aprecia desde adentro- por un larguísimo hilo de cobre, que encierra en una espiral sus 22 kilómetros de largo total.

En el interior, moderno y austero, hay una belleza intangible: es la magnífica acústica lograda en la iglesia, que tiene la estructura de un panteón. En el país de Sibelius, el detalle no es menor. Los finlandeses aman la música como aman todo lo que hacen, sin estridencias pero con fidelidad. Lo prueba el monumento a Sibelius, que con 600 tubos de acero que suman 24 toneladas les dio cuerpo visual, en uno de los parques de Helskinki, a las melodías del autor del Himno a Finlandia .

Después de conocer estas iglesias se puede visitar el Museo de Artes Aplicadas, muestra acabada de la habilidad finlandesa para las artes decorativas.

Finalmente, el Mercado del Puerto (Kauppatori), donde se venden, frente al mar, flores, frutas, pescados, muchos recuerdos en madera y otras artesanías. El clima distendido incita a prolongar la visita: pero ésa es otra de las magias de Helsinki.

Esta ciudad, a la que es difícil llegar por su lejanía, es difícil también de abandonar. Imperceptiblemente, su aire tranquilo invade el alma de los visitantes y la abraza hasta que el turista se va, pero no sin haber dejado algo de él en Finlandia.

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