En busca del Mediterráneo exótico

Muy cerca de Europa, pero en Africa, Túnez invita a asomarse a un mundo con otras costumbres
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24 de agosto de 2001  

TUNEZ (El País, de Madrid).- La antigua ciudad de Túnez está hasta tal punto comprimida entre poblaciones con nombres propios, tan evocadores o más que el suyo, que la primera dificultad que nos asalta es la de apresar físicamente el contorno de sus fronteras, aprender a distinguir, recién llegados, dónde empieza cada barrio y en qué momento no es tanto un barrio como una ciudad más pequeña.

A esta dificultad de ubicación para el viajero contribuye su emplazamiento, frente a una gran laguna salada separada del mar por una lengua de costa y comunicada por él a través de un ancho canal artificial que tiene en las orillas vestigios de la agitada historia de esta parte del Magreb: en la orilla meridional, La Goulette, el actual barrio portuario crecido alrededor de una fortaleza construida por Carlos V para conquistar la ciudad, y en la septentrional, la mítica Cartago, centro del imperio cartaginés, que resistió durante un siglo el poderío de Roma hasta caer arrasada al término de la tercera guerra púnica.

También allí, mucho antes de convertirse en el barrio residencial asentado entre lagunas e isletas que es hoy, pereció San Luis, rey de Francia, en los albores de la octava cruzada.

Otros núcleos urbanos periféricos, pero ya plenamente integrados en la capital, son La Marsa, que puede considerarse la playa de Túnez, y, si somos laxos, Sidi Bu Said, un pueblo de casas blancas en la ladera de una colina sobre el mar, que en 1912 descubrió para el turismo el barón inglés Rodolphe d´Erlanger, y que, junto con la algo más alejada ciudad amurallada de Hammamet, en la que se instaló el millonario rumano George Sebastian en los años 30, se convirtó desde el segundo decenio del siglo XX en lugar de peregrinación para la intelectualidad y la aristocracia europea más snob.

Una mirada cómplice

Paul Klee, que en la primavera de 1914 pasó 15 días en compañía del pintor August Macke; Bernanos, Man Ray, André Gide, Giacometti, Churchill, Le Corbusier y Simone de Beauvoir son algunos de los que lo hicieron entonces. Antes que ellos estuvieron Flaubert, Maupassant o Chateaubriand.

No todos dejaron sus impresiones del lugar escritas en papel, pero en los textos de los que lo hicieron, en los diarios, por ejemplo, de Klee y de Maupassant, el ambiente descripto está muy alejado de la realidad de hoy.

La exuberancia oriental de las vestiduras, en la que ambos se fijaron prácticamente ha desaparecido de sus calles, como también la mayor parte de las formas de vida asociadas con aquella.

La ciudad de Túnez y sus aledaños ya no existen tal y como eran entonces o, si existen, es de una forma leve y fragmentada, que necesita de la cómplice mirada del viajero para salir a la luz. No hay por qué lamentarse, sin embargo; es inútil protestar contra la obra del tiempo, mucho más si el tiempo anterior hacia el que proyectamos la añoranza nos fue desconocido y sólo llegó a nosotros mediante el relato, idealizado o no, de los que lo vivieron. Si de entregarse a nostalgias de segunda mano se trata, no hay además un solo Túnez, sino muchos.

Hammamet y Sidi Bu Said

En el laberinto de calles de Hammamet se oye más francés, inglés, el castellano y el alemán de las hordas de turistas, que el árabe de los comerciantes; Sidi Bu Said no es el pueblo idílico que maravilló a Klee, crecido alrededor del mausoleo donde está enterrado el santo del que toma su nombre, sino un pueblo también idílico, pero de postal, poblado de tiendas, al que llegan micros por docenas y al que, por cierto, ya se encargó de corromper en una fecha tan temprana como 1912 Rodolphe d´Erlanger, imponiendo como color de todas sus ventanas el azul que lo ha hecho famoso. Por qué extrañarse si otros símbolos del Mediterráneo tampoco son el pueblito de pescadores que todo el mundo se empeña en seguir viendo. Deber del viajero siempre ha sido poder ver lo que ya no está.

La ciudad de Túnez tiene en la actualidad cerca de dos millones de habitantes. Antes de lo que es ahora fue púnica, romana, vándala, bizantina, omeya, abasí, almohade, otomana y francesa.

Hoy es la capital de una república laica que presume de su estabilidad política y que, enviada Argelia al infierno del integrismo, posee una de las economías más florecientes del Magreb. Esta prosperidad económica, asentada en buena parte en el turismo, se nota a cada paso. Se advierte en la arquitectura antigua y en la moderna, que ha aprendido la lección de otros países y evita la construcción vertical para que los complejos hoteleros no destruyan el paisaje; en los comercios, y se ve en su población, vestida en su mayoría a lo occidental, pero fiel a costumbres como las del hammam y las pipas de agua o shishas, sazonadas con horas de conversación y con ese proceder pausado, o tranquilidad de ánimo, que sólo se adquiere tras siglos de civilización.

Por supuesto, hay otros lugares del país donde la vida es más parecida a como era; algunos, como ciertas villas andalusíes de la península de Cabo Bueno, a un tiro de piedra de la capital; basta con alejarse de las rutas turísticas. En la medina abundan rincones en los que las puertas entornadas nos enseñan jardines detenidos. En el mercado central, los pescadores adornan sus puestos con pétalos de flores, y los edificios modernistas del barrio colonial aún retienen el eco de los hacendados para los que fueron construidos. En los mosaicos del Museo del Bardo observamos el esplendor de la época en que Túnez era el centro del Africa romana, y si subimos a la colina de Birsa, en Cartago, no tardamos en imaginar lo que Roma destruyó antes de que Paul Klee y Maupassant llegaran.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 1200

Hasta Túnez, de ida y vuelta, con tasas e impuestos incluidos.

Alojamiento

* * * US$ 450

* * * * U$S 70

* * * * * US$ 160

Gastronomía

Los platos tunecinos más característicos.

Cuscús: hecho a base de sémola de trigo, garbanzos, verduras, cordero, pollo o pescado.

Mesfuf: cuscús dulce; además de los ingredientes mencionados, se suman nueces y uvas.

Briks: fino hojaldre con huevo.

Tajines: patés preparados en hornos de tierra.

Mechoui: cordero asado.

Pescados: se sirven solos, fritos, a modo de aperitivos o en platos combinados con huevos fritos, papas, tomates y pimientos.

Lo más habitual en todo Túnez es el té de menta, té con piñones o café turco.

Más información

Embajada de Túnez, Ciudad de La Paz 3086 (4544-2618). Atención de lunes a viernes, de 10 a 14.

En Internet

  • http://www.tourismtunisia.com
  • http://www.ikuska.com/Africa/Viajes/tunez.htm
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