En la India, un día vale por varios

El viejo palacio de un maharajá sirve de spa para terminar con el stress y poner la salud a punto
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20 de octubre de 2000  

RISHIKESH, India (The New York Times).- Unos 256 kilómetros al nordeste de Nueva Delhi, encaramado en las estribaciones del Himalaya a 984 metros de altura, con vistas imponentes de Rishikesh y el Ganges, se alza el palacio que, hacia 1900, el maharajá de Tehri Garhwal hizo construir como placentero retiro del virrey británico.

Con sus balaustradas victorianas y arcadas mongoles, hoy aloja el sector público de un flamante y suntuoso spa: el Ananda (su nombre oficial es Ananda in the Himalayas.) A la entrada, el palacio privado del maharajá despliega su deterioro. Su actual titular, Manbendra Shah, arrendó el Palacio Virreinal y un predio de 41 hectáreas, por 38 años, a un grupo de hoteleros e inversores.

En un emprendimiento conjunto, Indian Hotels & Health Resorts y Raphael Group Hoteliers reacondicionaron el palacio y edificaron el spa a un costo de 50 millones de dólares.

Los proyectistas lograron injertar un spa moderno con aire acondicionado y un hotel de 75 habitaciones provistas de vestidor, minibar y TV por cable, en un paraje empapado de historia antigua y colonial.

Por milenios, los saddhus -barbudos ascetas hinduistas- han vagado por sus bosques, meditando en sus cuevas y practicando el yoga.

El Ananda ofrece al sibarita un lujo austero; al atleta, marchas, squash y rafting: al estresado, yoga, meditación, masajes y muchos otros tratamientos. Cuando lo visité, aún quedaban muchas imperfecciones por pulir.

El agua de duchas e hidromasajes no era suficientemente caliente. El menú del restaurante mezclaba la cocina light fusion con platos indios muy condimentados. El personal, a veces pasaba de solícito a cargoso.

Los huéspedes del Palacio Virreinal podrán jugar al billar en una mesa antigua, hecha en Calcuta, y practicar yoga en el salón de baile o el antiguo campo de croquet. Algún día (cuando el hotel obtenga el permiso pertinente) también podrán sorber coñac en una sala de estar seudo art déco, con las paredes cubiertas de fotos autografiadas de virreyes y miembros de la casa real británica.

Sin embargo, lo que más me impresionó al llegar fue la serena quietud del lugar, algo difícil de encontrar en una nación de 1000 millones de habitantes.

Un azaroso y fallido vuelo desde Nueva Delhi me llevó a optar por el tren. En Haridwar, me recibió un chofer del Ananda, vestido de blanco. Cruzamos la ciudad, entre caballos con cascabeles que tiraban de pequeños coches, carretillas repletas de mangos, saddhus harapientos y vendedores de cerezas. El viaje duró alrededor de una hora; en su mayor parte, atravesamos los parques nacionales Rajaji y Chilla, con un sinuoso tramo final cuesta arriba.

Luego me llevaron hasta mi cuarto en un carrito de golf motorizado, por un empinado camino entre bosques. Aspiré el aire frío y puro, perfumado por los pinos allí plantados para que los amos británicos se sintieran como en su casa. La curva del hotel sigue una saliente con vistas espectaculares de Rishikesh allá abajo, en el valle, a orillas del Ganges. Los tejados rojos y muros estucados en color crema le dan cierto aire del Mediterráneo; sin embargo, fue proyectado en el estilo característico de Himachal Pradesh.

Mi alojamiento comprendía un dormitorio mediano con piso de madera, mobiliario parco, tapizado en tonos suaves y decorado con piezas de arte tántrico pintadas a mano. A través de una pared de cristal, veía el valle y las montañas. Desde el balcón, se oía de vez en cuando el motor de algún camión que subía por la ladera.

Mi primer almuerzo, servido en una plataforma de teca, alta y entoldada, fue exquisito: licuado de yogur y banana, ensalada fresca con berenjenas orgánicas asadas, un pequeño cuenco de linguine con salsa de tomates asados.

Masajes inolvidables

Había muchos lugares hermosos para sentarse a leer, un gimnasio excelente y sendas áreas, para hombres y mujeres, con sauna, hidromasaje, baño turco, baño de pies, piscina de aguas gélidas y sala de relajación.

Tendida sobre una mesa larga de madera de neem, en una de las 13 salas de tratamiento, fui masajeada por Mohan y George de pies a cabeza y en perfecta sincronía. Es la terapia Abbyanga; dura una hora y cuesta 22,50 dólares. Le siguió la terapia Pizhichil (40 dólares).

Mohan tomó una aceitera de cobre y, durante 45 minutos, vertió constantemente sobre todo mi cuerpo aceite de sésamo tibio, aromatizado con 23 esencias de hierbas, frotándolo suavemente mientras George recalentaba el aceite desbordado para reutilizarlo.

Volví al día siguiente, a probar la terapia Shirodhara (40 dólares). No me gustó. Por media hora, vertieron constantemente sobre mi frente un chorrito de aceite de hierbas. Dicen que tranquiliza la mente y el cuerpo, pero me produjo el efecto contrario. Además, mi cabello absorbió tanto aceite, que me sentí un estropajo.

En cambio, disfruté las sesiones diarias de yoga (matutina y vespertina). Bharadwaj tiene una voz hipnotizadora; cada vez que dice Ohm , resuena como un diapasón.

Me explicó las posiciones, las técnicas respiratorias y la filosofía del yoga y la meditación. Al término de la clase, me hizo tender de espaldas, en la posición hombre muerto , y me pidió que concentrara la atención en la punta de mi nariz o en mi respiración. Sentí que mi mente se vaciaba y me invadía una grata paz espiritual.

Datos útiles

Cómo llegar: el pasaje aéreo, ida y vuelta, hasta Nueva Delhi cuesta aproximadamente 1800 dólares, con tasas e impuestos incluidos. Indian Airlines tiene un servicio a Dehra Dun, ida y vuelta, por 200 dólares. Desde allí hasta Ananda se puede ir en taxi por 18 dólares.

También puede concertar con Ananda el traslado directo desde Nueva Delhi en helicóptero o avión privado por 250 a 280 dólares de ida.

Cuándo ir: la temporada alta comienza en septiembre; en agosto no es conveniente porque hay lluvias monzónicas.

Información general: Ananda in the Himalayas (Palace Estate, Narendra Nagar, Tehri Garhwal, Uttar Pradesh, 249175 India); fax (91-13) 782-7550. Los precios por alojamiento y servicios no incluyen impuestos.

  • Precios en habitación: en una individual, 225 dólares; doble, 275 dólares. En suite: 425 a 850 dólares. Incluyen desayuno y un tratamiento diario.
  • Paquete Retiro rejuvenecedor para dos personas, por dos noches: 675 dólares. Incluye: desayuno; un tratamiento y una sesión de yoga.
  • Más información: en el Consulado de la India, Avda. Córdoba 950, piso 4º; 4393-4001. Atención, de lunes a viernes, de 9 a 12.

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