En Nepal se anda de salto en salto

Los ríos que bajan desde las alturas del Himalaya son una pista perfecta para hacer rafting; exclusivo para intrépidos
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31 de agosto de 2001  

KATMANDU.- Ciertas sensaciones impresionan de tal manera que ya nunca se alejan de la memoria. Difícil será olvidar los blancos torrentes de aguas heladas, los puentes colgantes cruzando el río, la vegetación espesa, la sencillez de los lugareños que se acercan a fumar y cantar, y el paisaje de picos de más de 8000 metros eternamente nevados, para quien haya vivido unos días de rafting en Nepal.

Acorralado entre la India y el Tíbet, Nepal tiene la mayor variación de altitud del planeta, pasando en pocos kilómetros de las cumbres más altas a la llanura del Terai. Esta geografía de pendientes abruptas y el deshielo de los montes Himalaya hacen de sus ríos inigualables fuentes de aventuras.

Luego del traslado en ómnibus hasta el río, se presentan los guías ante un grupo de entre 12 y 18 viajeros provenientes de casi todo el mundo, se baja el material y se dan las primeras explicaciones técnicas. Usualmente, los tours llevan tres botes de goma que albergan entre cuatro y seis turistas. Hay además al menos dos kayaks de apoyo, por cuestiones de seguridad. En el caso de tumbarse un bote, serán ellos los primeros en llegar a socorrer a sus ocupantes. Todo el equipamiento va en bolsas impermeables y tambores plásticos sellados.

Baño de adrenalina

Para los nepaleses sus ríos representan diosas, fuentes continuas de belleza y abundancia. Para el visitante primerizo, en cambio, los primeros minutos resultan abundantes en adrenalina y piel de gallina, ya que a metros del comienzo empiezan los rápidos y es imposible salir seco de la situación. En seguida se aprenderá a acatar a los guías que gritan órdenes como Paddle foooooorward! o Left back , left baaack! al encarar los rápidos. Pero los remos se mueven a distintos ritmos y chocan entre sí. Faster, paddle faster , se volverá a escuchar. Incluso quienes no saben inglés aprenden a obedecer al instante.

Luego de las primeras series de rápidos, los remos chocan levantados en señal de festejo por haber salido airosos. Salvo por Peter, un inglés que cayó al agua en un descuido y que fue devuelto al bote por uno de los kayaks.

Pero además de fríos chapuzones para algunos, el río promete momentos de relax al sol, durante los cuales una corriente suave hace la mayor parte del trabajo. El sonido de los grillos y la diversidad de verdes de la espesa vegetación dan la idea de soledad, de escasa presencia humana. Sin embargo, muchos metros más arriba hay varios puentes colgantes cruzando el río, y es frecuente ver gente e incluso caballos cargados dando cuidadosos pasos sobre ellos.

Arena blanca y show

Una playa de arena blanca se muestra como el lugar perfecto para acampar y la camaradería impera al bajar víveres y armar las carpas. Dos guías se encargarán de preparar té y después la comida: pasta o arroz con atún. Para tomar, jugos o simplemente agua.

A la noche muchos se reunirán a charlar junto al fuego a la espera de lo prometido: los locales vendrán a cantar a la playa. Ya tarde, se vislumbran unas lucecitas, como de velas, entre la maleza que vienen bajando por el cerro. Son todas mujeres, de diversas edades, vestidas a la manera típica, con blusas rojas, polleras largas y un mantón como abrigo. Se sientan juntas, casi amontonadas, y empiezan a entonar canciones tradicionales. Al principio tímidas, se desinhiben cuando el grupo intenta seguir el ritmo con las palmas. Luego, entre ellas elegirán a una para bailar, que incluso se animará a invitar a los turistas, sobre todo a las mujeres. Después de una hora y media, las damas se retirarán en silencio de la misma manera en que llegaron.

Ya con los remos al unísono, algunos aprovecharán los momentos de calma para incursionar en la técnica del kayak, tarea nada fácil. Y para no desaprovechar los últimos rápidos difíciles, un grupo que ha perdido el miedo decide tumbar un bote adrede.

Una playa abruta, cerca de la ruta, indica el final del tour. Mientras unos bajan los equipos y desinflan los botes, otros ayudan a preparar el último almuerzo. Pero la sensación es la de haber vuelto a la realidad, a ser turistas nuevamente, ya que aquí por primera vez hay chicos ofreciendo gaseosas y merodeando al grupo.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión: Us$ 1475

Hasta Katmandú, de ida y vuelta, con tasas e impuestos.

Alojamiento

Posadas: desde US$ 3

Hotel moderado: US$ 10-30

Hotel de lujo: desde US$ 50

Los precios son por habitación doble

Excursión

Tours de rafting: US$ 15-25

Por día, por persona, con comidas y equipos incluidos.

Gastronomía

Comidas: US$ 3 y 10

Por persona

Requisitos de entrada

Visa: por día US$ 1

Se puede tramitar en el aeropuerto o en la frontera

Más información

Oficina de Turismo de Nepal. Rodríguez Peña 694 8ºA (4374-2323). Atención de lunes a viernes, de 10.30 a 14 y de 15 a 18.30.

En Internet:

  • http://visitnepal.com
  • http://www.nepalexplorer.net
  • Cascos, remos y buena compañía

  • A la hora de elegir un tour de rafting, deben considerarse determinados factores, como el grado de dificultad del río -que va de I a VI-, la época -durante el monzón muchos ríos se desbordan y no pueden ser recorridos-, y la cantidad de días en el río -de 1 a 12 -, además de seguridad y precios. Tanto en Katmandú como en Pokhara, la segunda ciudad más importante de Nepal, hay operadores para todos los gustos en cuanto a costos y calidad. Todos incluyen equipamiento -botes, remos, cascos, chalecos salvavida, bolsas de dormir, carpas-, guías, traslados y comidas en sus ofertas. Y es frecuente que cuenten con extranjeros entre sus empleados.
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