Enchilados en la Sierra Norte

Cintia Ana Morrow
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23 de mayo de 2010  

¿Qué hicimos este fin de semana? 1080 km de rutas y caminos mexicanos por la Sierra Norte de México. ¡Una locura hermosísima!

Partimos de Puebla rumbo a Tepeyahualco, pueblito que tiene una de las pirámides más importantes de México: Cantona, en el desierto mismo. Entre tierra, arena, cactos y aloe vera por todos lados, el recorrido dura dos horas caminando. Te llenás de tierra, pero hay unos paisajes hermosos y parece mentira que estés caminando entre esas pirámides que siguen en pie y tienen 1500 años.

Justo fuimos el día del equinoccio de primavera, que es muy importante. Había grupos vestidos de blanco que hacían ceremonias. Se paraban de cara al viento con los brazos levantados. Nosotros, por las dudas, nos paramos de cara al viento e hicimos lo mismo..., ¡todo suma! Algo que no voy a entender nunca: ¿por qué alguien iría a recorrer un yacimiento arqueológico con tacos? A mí que me expliquen eso y también por qué llevaría a un bebe.

Seguimos viaje, pasando por Tlatlauquitepec (imposible de pronunciar, creo que estoy adquiriendo sonidos que antes no sabía) y llegamos a Teziutlán, un pueblito muy lindo, de sierra, con vegetación de bosque.

Seguimos camino rumbo a Zacapoaxtla, donde visitamos la cascada de la Gloria. En un bosque hermoso, metido en el cañón que forma una montaña, vimos la cascada y paseamos un rato hasta que oscureció y se llenó de luciérnagas. Una belleza. Ahí tuve que sufrir las quejas de por qué no habíamos comprado una carpa para quedarnos a pasar la noche. Pero no vendían, así que continuamos el viaje.

En el camino a Cuetzalan, la vegetación se empieza a poner selvática y casi se cierra sobre la ruta de montaña. El pueblito es hermoso y también una trampa mortal si vas en auto al centro: las calles se vuelven tan angostas y empinadas que hubo momentos en que pensamos dejar la camioneta ahí.

Después de recorrer este pueblo caribeño lleno de puestitos de cualquier cosa, volvimos a la ruta, para ir a las pirámides de Yohualichán, superdistintas de las de Cantona porque están en la selva. Allí vimos el espectáculo de Los Voladores, que son unos muchachos que se suben a un palo como de 35 metros, con vestimentas típicas; bailan un rato y después se arrojan al vacío agarrados con cuerdas. Muy curioso, da tortícolis verlos.

Llegamos a Nauzontla, con un paisaje parecido a Suiza. Seguimos camino a Xochitlán, igual de pequeño y de colorido, y luego a Zacatlán, que se hizo esperar porque anduvimos un montón por los caminos de montaña, tanto que creo que cuando llegamos caminábamos en S.

Luego de habernos enchilado (fenómeno que produce el chile en la lengua y los labios de cualquier humano no mexicano) con el desayuno partimos hacia Huauchinango, que no tiene nada especial. Paseamos por el parque Las Truchas (las truchas, te las debo), donde pudimos tirarnos en tirolesa. Cuando se llenó de gente seguimos viaje hacia Nueva Necaxa, que tiene una presa muy linda y nada más. Finalmente, pusimos el piloto automático hacia nuestra casa en Puebla.

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