Escandinavia, la tierra de las narices frías

La vida en Copenhague, Oslo, Estocolmo y Helsinki discurre entre un rico patrimonio y bellos lugares
La vida en Copenhague, Oslo, Estocolmo y Helsinki discurre entre un rico patrimonio y bellos lugares
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31 de agosto de 2001  

ESTOCOLMO.-Las cuatro capitales nórdicas -Copenhague, Oslo, Estocolmo y Helsinki- comparten la cercanía geográfica y una historia marcada por el sello vikingo. Pero son tan distintas como sólo pueden serlo capitales de países tan vecinos: cada una con su identidad, forman un curioso rosario de tradición y modernidad típicamente escandinavo.

Para un habitante del Río de la Plata hay tan pocas razones para comprender que Escandinavia esté dividida en varios países como para un escandinavo entender la existencia de diferencias entre Uruguay y la Argentina.

Desde los prismáticos de la lejanía, se uniforman los idiomas, las costumbres y los paisajes, para fundirse todo en el habitual cliché que uno tiene sobre el norte de Europa: descedientes de vikingos que repiten cada fin de semana el extraño ritual de emborracharse para olvidar el frío polar, y los únicos en el mundo que pueden entender las películas de Bergman sin subtítulos.

Un mundo

En realidad hay un mundo entre Finlandia y Dinamarca, los dos extremos de la Escandinavia continental (que se puede extender por el Atlántico Norte hacia Islandia, las islas Feroe e incluso Groenlandia).

Escandinavia tiene el Consejo Nórdico: cuatro naciones vikingas -Noruega, Dinamarca, Suecia e Islandia- más una, Finlandia. Este país es el vecino invitado, una especie de Rusia en la cumbre del G7, que con esa nación se transforma en G8.

En realidad, además de su bandera -una cruz celeste sobre fondo blanco, que repite el diseño de la cruz nórdica que se encuentra en todas las banderas de la región-, Finlandia mereció el derecho a ser considerada una nación escandinava por su importante minoría de habla sueca (un 10 por ciento de la población), una provincia autónoma exclusivamente escandinava (las islas Aland) y el largo período pasado bajo dominio sueco.

También comparte las mismas fiebres del sábado por la noche, cuando el koskenkorva vodka y el brennivin o bränvinn (es decir, todo lo que el hombre puede destilar) alegran a los callados descendientes de los vikingos y ponen calor en las frías noches de sus largos inviernos. Como resultado, comparte también el curioso sistema de monopolio estatal para la venta de bebidas alcohólicas, los systembolag.

La liberación de la venta de cerveza en los bares y restaurantes todavía está muy fresca y se recuerda con vigor con cada trago entre Reikiavik y Helsinki.

Mucho más significativo es saber que con menos de diez millones de habitantes por país (Suecia es el más poblado, con casi nueve millones), e idiomas que sólo ellos hablan en el mundo (aunque existen algunos grupos de admiradores de las sagas que practican el antiguo nórdico en facultades de Europa y América del Norte, o intelectuales como Borges que podían leer islandés), son cuna de una cultura que puede contarse entre las más ricas del planeta.

Con el término genérico de cultura escandinava se puede encontrar personalidades desde Henrik Ibsen, un precursor del teatro moderno, hasta Lasse Halström, uno de los cineastas más apreciados actualmente en Hollywood...

En el medio están Astrid Lindgren, la creadora del personaje infantil Pippi Mediaslargas; el arquitecto Alvar Aalto; Linus Thorvald, el creador del sistema de computación Linux; el pintor Edvard Munch; el escritor Hans Christian Andersen... Y esto que no nos extenderemos sobre ABBA, los Beatles pop de los años 70... ¡Mamma mía!

Karaoke y las olas de vodka

Aunque las discotecas de Estocolmo estén a la vanguardia de la música pop y bailable de Europa (de ahí salieron Ace of Base, Dr. Alban, A-Teens), el verdadero furor se vive en los barcos que van y vienen por el Báltico.

El recorrido tradicional es la conexión Estocolmo-Helsinki, un viaje de menos de 12 horas, sobre barcos que son a la vez ciudades en miniatura y free-shops donde se veneran tanto el karaoke como el vodka. Es una experiencia inolvidable para el que quiera iniciarse en el canto de un tango en finlandés, comer regaliz (lakrits) en bolsas de un kilo o pasear en un centro comercial flotante.

También se pueden hacer paseos por el archipiélago. El servicio de barcos funciona durante todo el año, aunque hay más salidas durante el verano. Antes de volver a tierra firme , si es que eso existe en Estocolmo, hay que visitar por lo menos el Museo Nórdico, que traza en una de sus salas la evolución del modelo sueco y Skansen, el museo al aire libre más antiguo del mundo. Fundado a fines del siglo XIX, incluye un zoológico.

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