Florencia es una obra de arte incomparable

Incomparable por su inmesa riqueza cultural
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20 de octubre de 2000  

Florencia.- Después de visitar esta ciudad nadie vuelve a ser la misma persona. Puesto que recibe más de ocho millones de turistas al año, merece una presentación.

Tiene una historia fantástica. El florín de oro fue el dólar de la Edad Media y, más tarde, fue la gran ciudad del Renacimiento porque puso al hombre en el centro de la escena, acelerando el camino del humanismo. Junto con Venecia y Milán, Florencia fue la cuna del movimiento de renovación europeo de los siglos XV y XVI. Espléndida y fulgurante, recostada en ambas orillas del río Arno, Florencia no puede ocultar su grandeza. Por ejemplo, que haya sido gobernada por la dinastía Médicis, de descollante intervención en la historia política y artística de la Toscana, y que en ella hayan vivido, simultáneamente, Miguel Angel, Leonardo y Rafael.

Es casi imposible desplazarse entre la multitud que quiere conocer esta ciudad que en el Renacimiento provocó una revolución en las artes; esta ciudad que produjo tal terremoto histórico que ayudó a sepultar el sistema feudal, desarrolló el comercio y la banca, y disipó el oscurantismo de la Edad Media.

Batistuta también

Florencia es la ciudad más visitada después de la capital italiana, y en sus puestos callejeros aún se vende como pan caliente la camiseta lila Nº 9 de Gabriel Batistuta, aunque ahora juegue en la Roma . Es la ciudad que posee la biblioteca nacional más grande del país, y la que le arranca un suspiro a todos quienes miran la cúpula de su catedral (el Duomo), porque mide 3600 metros cuadrados y está decorada con las pinturas que, en su tipo, son las más grandes del mundo.

Es una ciudad alegre, porque la juventud propia y la que llega de otros países se agrupa en los museos, frente a los monumentos, en las discotecas y confiterías, mientras los modistos Emilio Pucci y el diseñador de calzado Salvatore Ferragamo, surfean en la cresta de la ola más alta de la moda florentina.

Florencia pertenece a la región de Toscana y está tan bien ubicada que hace centro en pleno territorio italiano. Tanto arte tiene acumulado en sus entrañas, que sigue siendo una fuente de inspiración para la vida contemporánea.

Antigua capital de la nueva Italia unificada (entre 1565 y 1871), sus palacios, esculturas y pinturas son emblemas irrefutables de aquella grandeza pasada, con historias de pasiones ocultas y amores secretos; épocas en las que los ricos comerciantes y banqueros se transformaban en mecenas de artistas e invertían en esculturas, pinturas y en la decoración de las iglesias, mientras el intelecto crecía con un retorno a los filósofos griegos y romanos.

¡Paz y prosperidad! bajo la batuta de los Médicis, en una Florencia que contrataba a los mercenarios para que peléen en las batallas, de manera que los ciudadanos florentinos se pudieran dedicar a acrecentar las riquezas de la ciudad.

¡Paz y prosperidad!, mientras nacían las obras más importantes del Renacimiento en este ciclo de la creación humana con fisonomía propia; un poco antes Dante, Bocaccio y Petrarca; luego Maquiavelo, Benvenuto Cellini, Leonardo da Vinci, el Tiziano, Donatello, Bramante...

Caminando entre tesoros

Ensayando el itañolo (español con italiano chapurrado) se puede abusar de la siempre disponible gentileza italiana, y pedir indicaciones para llegar a cualquier parte. Eso sí, ellos no miden la distancia en cuadras, sino en tiempo de caminata: siempre derecho unos diez minutos... En el antiguo casco florentino, todo queda cerca y es muy fácil recorrerlo a pie, fijando al magnífico Duomo (la catedral, con capacidad para 20.000 personas), el Campanile y el Baptisterio como eje de los circuitos.

El espíritu de Florencia vive en ese conjunto edilicio donde fuera bautizado Dante Alighieri, cuya cúpula fue terminada en 1436, después de haber sido diseñada por Brunelleschi, con la idea de superar los más grandes edificios de Grecia y de la Roma imperial.

Subir los 436 escalones para llegar a la cúpula regala dos sorpresas: una espectacular vista de la ciudad y estar a metros del imponente Juicio Final , el fresco pintado por Giorgio Vasari y Federico Zuccari; y los 44 vitraux del Duomo constituyen, según los expertos, el más grande programa del arte de la vidriería italiana de los siglos XIV y XV.

En el sector este de la ciudad es donde se encuentra la mayor cantidad de edificaciones de la época medieval. En ese laberinto de callecitas, entre la Via del Corso y Alighieri, se encuentra la casa donde vivió el Dante.

Hoy transformada en un interesante museo, guarda la primera impresión tipográfica de su mayor obra literaria: Divina Comedia, en la que describe el sufrimiento en el infierno de quienes fueron sus enemigos.

La carga histórica de Florencia es demasiado grande. Por eso hay mucho para ver y disfrutar, y lo mejor es hacerlo de manera ordenada y con un calzado cómodo, tomando como puntos imaginarios para hacer un encuadre, la basílica della Santa Croce al Este; al Norte, la iglesia de San Marco; el elegante Palacio Pitti al Sur, y Santa María Novella al Oeste.

Lejos de poder describir tantos sitios colmados de arte, convengamos en que una de las mejores vistas panorámicas de Florencia, con el Ponte Vecchio cruzando el Arno, se obtiene desde la fortaleza Belvedere, allá en lo alto de los Jardines di Boboli.

El más viejo

El Ponte Vecchio, construído en el 1345, es el puente medieval más antiguo de la ciudad (milagrosamente salvado de los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial), poblado por antiquísimos talleres de orfebres, músicos y vendedores callejeros, retratistas y pintores de todo tipo.

Entre los secretos de Florencia, la gran oportunidad para ver una de las colecciones más fantásticas de las mejores obras renacentistas se puede hacer realidad visitando el museo del Palacio degli Uffizi.

Veinte años se tardó en construirlo, a partir de 1560, albergando muchos de los tesoros artísticos de los Médicis. En sus salas se exhiben obras del arte gótico toscano y pinturas de Botticelli, Leonardo da Vinci, Durero, Perugino y tantos más.

Sempre avanti

De aquel esplendor del Gran Ducado, en el sur de la ciudad se encuentra el gigantesco Palazzo Pitti, donde la familia Médicis vivió a partir de 1550, después de comprárselo a los herederos del banquero Pitti, que no pudieron enfrentar los altos costos para terminar la construcción que había comenzado en 1457.

Fantástico por donde se lo mire, con sus espectaculares Jardines di Boboli (obra cumbre de la jardinería renacentista, con magníficas fuentes, esculturas y un camino de cipreses plantados en 1600), en sus salas brillan las mayores obras de las colecciones artísticas de los Médicis, creadas durante su mecenazgo que duró cerca de tres centurias.

Durante la República Florentina, el corazón de la política siempre palpitó en la ornamentada Piazza della Signoría. En ella ardió en la hoguera en l498 el cuerpo del místico fundamentalista Girolamo Savonarola. La plaza, que bordea al Palazzo Vecchio, era el centro de reunión del pueblo que era convocado a parlamentar cuando sonaba la campana del palacio.

En realidad, este espacio abierto, poblado de esculturas, se enfrenta también a la Galería de la Loggia dei Lanzi, otro de los muestrarios del inacabable arte florentino. Allí están -imponentes- la Fuente de Neptuno (l575), de Ammannati, una réplica del David de Miguel Angel (1504), el Hércules y Caco (1534), de Bandinelli, la estatua ecuestre del duque Cosme I (1595) y el León de Donatello, tallado en el siglo XV.

En la Galería Lanzi, entre antiguas esculturas romanas de sacerdotisas, se destacan el Perseo de bronce realizado por el maestro Cellini en 1554, y el Rapto de las Sabinas esculpido en l583 por Giambologna.

En Italia, la religión no sólo ha sido la profecía de la Fe, sino también una pasión opulenta y manifiesta por el arte. Y entre tanta magnificencia religiosa, allí está la iglesia gótica della Santa Croce, de 1294, guardando célebres sepulturas: las de Galileo Galilei, Miguel Angel, Maquiavelo y la de Leonardo Bruni, entre otros. La Santa Croce es uno de los templos más importantes ya que en su capilla Bardi, se encuentran los frescos que en 1317 pintó Giotto, dedicados a la vida de San Francisco.

No se puede partir de Florencia sin visitar la iglesia de San Lorenzo, la iglesia predilecta de los Médicis. En ella se encuentran agrupadas sus tumbas en un conjunto arquitectónico de figuras funerarias, realizadas por el genio de Miguel Angel.

Y a pocos pasos de allí se encuentra el popular Mercado Central, rodeado de centenares de puestos callejeros a los que los florentinos concurren para regatear el precio de los infinitos artículos de cuero, seda y lana que en ellos se exhiben. En los alrededores hay varias cafeterías y trattorias, ideales para darle un descanso a los pies y una sorpresa al estómago.

Nadie que visite Florencia volverá a ser la misma persona. A pesar de la Segunda Guerra Mundial y de las devastadoras inundaciones de 1966, sigue siendo una de las cuatro ciudades del arte italiano. Porque Florencia es, en síntesis, una obra de arte.

Una pinturita a cada paso

  • Las mejores vidrieras de la moda florentina se encuentran en la Via della Vigna Nuova (Armani y Valentino) o en la Via Tornabuoni con Ferragno, Pucci y Gucci. Los comercios abren de 9 a 13 y de l6 a 20; cierran los domingos y los lunes por la mañana. Las cadenas COIN y UPIM son las tiendas más grandes. Entradas: Museo Arqueológico, 4 dólares; Casa del Dante, 2,50; Palazzo Pitti, 6 más 7 dólares para ingresar en la Galerìa Palatina: Palazzo Vecchio, 5; Palacio degli Uffizi, 6; iglesia Santa della Croce, 4; iglesia de San Jorge, 5; baptisterio del Duomo, 4. Para los museos se venden abonos que resultan más económicos, en las oficinas de información turística. Algunas direcciones de estas reparticiones: APT, Via Cavour 7; ITA, Piazza de Santa María Novella.
  • Datos útiles

    Cómo llegar: con conexión en Roma o Milán, la tarifa es de aproximadamente 1300 dólares.

    Traslados: Florencia está a 267 kilómetros de Roma y a 255 de Milán. El pasaje en el tren italiano más rápido, el Pendolino (de confortables butacas y excelentes servicios) bordea los 50 dólares y el viaje desde Roma demora 1.30 hora.

  • Los boletos (bilietto) para ómnibus se compran en las tabaquerías (quioscos) y se venden por tiempo de uso, 1 hora, etc. El ticket, dentro del horario de uso, permite hacer combinaciones con otras líneas de ómnibus.
  • Lo más aconsejable, práctico y económico es hacer las excursiones fuera de la ciudad en el transporte público, o con los servicios turísticos. Los city tour rondan los 20 dólares.
  • Los taxis son caros y complicados: tienen recargos por horario, equipaje, servicios de sábados, domingos y feriados y, si lo pide por teléfono, la tarifa empieza a correr desde ese momento.
  • Un consejo: si alquiló coche, guárdelo en garaje hasta su partida a otra ciudad. Desde 1988, debido al impacto ambiental, está prohibida la circulación de vehículos en el casco céntrico. Lo mejor es caminar. Un buen estacionamiento para coche grande cuesta unos 15 dólares diarios.

    Alojamiento: la hotelería en alta temporada tiene tarifas que oscilan entre los 60 y 170 dólares por día y por persona en habitación doble.

    Cambio de moneda: lo mejor es hacerlo en los bancos, pero hay que hacer un trámite de papelerío que demora un poco la operación. La alternativa son las casas de cambio, menos favorables en la paridad. Para pagar con tarjeta de crédito o cheque de viajero hay que presentar documento de identidad.

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