Helsinki se escapa del mundo conocido

Idioma, gente, idiosincrasia y arquitectura trazan un panorama diferente del resto de las ciudades nórdicas y de toda Europa
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31 de agosto de 2001  

HELSINKI, Finlandia.- Llegar a Helsinki es como aterrizar en otro mundo. Aquí, Europa parece haber quedado atrás. Hay algo que va más allá de la incorporación de Finlandia a la Unión Europea, el crecimiento de las telecomunicaciones o el bienestar económico: en esta parte del mundo se está muy cerca del gigante ruso y de todo el mundo eslavo... y se siente.

Ni hablar del idioma: si con un poco de esfuerzo los más habilidosos podían imaginarse algo en los otros países nórdicos, cuyas lenguas derivan de una base común con rasgos semejantes al alemán, el finlandés está totalmente alejado de todo eso. Ni siquiera es una lengua indoeuropea, sino que como el húngaro pertenece a la familia (hecha a medida) ugro-finesa.

La imagen más popular tal vez devuelva legiones de finlandesas rubias, pero lo cierto es que hay una franja de la población de ojos y pelo negro que hace pensar en el pueblo sami o esquimal. Algunos dicen que la gran diferencia consiste en que los finlandeses han aceptado el frío: a diferencia de sus vecinos, que cuando llega el largo invierno son presa de un enclaustramiento del que sólo los sacan las veladas llenas de alcohol, los finlandeses parecen haberse resignado.

Aquí nadie le dirá a un turista en invierno, como sucede en Suecia, que ha llegado en la época equivocada . Aunque los finlandeses paguen durante los largos días del invierno por sesiones de luz (luminoterapia), que tienen el efecto fundamental de levantarles el ánimo.

No es fácil atravesar la barrera que se interpone entre el extranjero y el finlandés: pero cuando se consigue -el primer paso es el real interés por esta cultura distinta- se habrán conseguido amigos fieles para toda la vida.

Además, los finlandeses ofrecen particularidades divertidas: son el pueblo con mayor índice de telefonía celular en Europa, y la última moda consiste en ir a los conciertos levantando los teléfonos durante el estribillo de las canciones más populares... para que el timbre telefónico reproduzca la melodía.

La gente de Helsinki dice que su ciudad es una capital de bolsillo. Bienvenida sea la definición si significa lo que realmente ha logrado esta capital: una ciudad habitable, a escala humana, donde reinan los espacios verdes y el aire es tan puro como si se estuviera paseando por entre los bosques cercanos.

Lo que queda de Helsinki es descubrir sus pequeños placeres. Como los cafés, que brotan como hongos en todas partes, donde la gente se sienta sin apuro a leer y conversar entre amigos. Un punto de contacto con Buenos Aires.

Otro acercamiento es el tango. Muchos finlandeses están convencidos de que es una invención autóctona, de la que están orgullosos y que les fascina bailar. Pero el tango finlandés, aun con su dosis de melancolía, es distinto del rioplatense, y los salones de baile mezclan otros ritmos que los hacen muy diferentes de las milongas porteñas.

De todos modos, la experiencia vale la pena: las mujeres, además, pueden aprovechar los días en que a ellas les toca elegir pareja para salir a la pista. ¿Otros pequeños placeres? Recorrer los negocios de diseño, una especialidad del país de Alvar Aalto.

Datos útiles

Alojamiento

* * * US$ 110

* * * * US$ 160

Los precios son por habitación doble.

Traslados

Los tickets para turistas permiten recorrer la ciudad sin gastar mucho. Se pueden usar de forma ilimitada en ómnibus, trenes y subtes locales. Por un día, cuesta 4 dólares, por tres, 8 y por cinco, 12.

Paseos en bicicleta

Una buena manera cómoda y económica de recorrer Helsinki es en bicicleta. Hay alrededor de 25 puestos en el centro donde se prestan bicicletas a los turistas en forma gratuita.

Más información

Embajada de Finlandia, Santa Fe 846 (4312-0600).

En Internet:

  • http://www.helsinki.fi
  • http://www.helsinkicard.com
  • ADEMÁS
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