Huellas de gigantes en Asturias

La costa de este principado español conserva historias de dinosaurios
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4 de mayo de 2003  

OVIEDO (El País, de Madrid).- Asturias era plana como una campiña francesa. No estaba cubierta de eucaliptos, como ahora, sino de helechos, de globulosas coníferas y de ginkgos, una de las especies arbóreas más antiguas de la Tierra. Reinaba cierta aridez, y el océano, frenado por diques y barreras naturales, formaba mares interiores y saladares. Y entre bosques y pantanales se movían con torpeza esos lagartos terribles, los dinosaurios, que podían tener el tamaño de un ave o alcanzar las 80 toneladas. Es decir, 14 veces el peso de un elefante.

Unos bichitos encantadores, cubiertos en ocasiones de placas, cuernos y armaduras, cuyas huellas fosilizadas se pueden localizar hoy por buena parte de la costa centro-oriental asturiana, en un atractivo periplo que nos descubre paisajes marinos y poblaciones pesqueras como Lastres, Tazones, Villaviciosa y Ribadesella. Y un emocionante viaje hacia el pasado, concretamente hacia el jurásico. Entre 206 y 144 millones de años atrás. Ciento cuarenta y dos millones de años antes de que apareciera el género humano, y cuando aún no existían la hierba ni las flores, aunque sí las primeras aves y algunos pequeños mamíferos.

Cuando hacia 1968 José Carlos García Ramos, estudiante de geología en la Universidad de Oviedo, descubrió asombrado en la playa de La Griega las huellas, o icnitas, de un dinosaurio inmenso, decidió que ésa sería su especialidad. Ahora, junto con el resto de su equipo (Aramburu, Piñuela y Lires), se pasa el día colgado por los acantilados y trotando entre rocas resbaladizas en bajamar, para medir y estudiar pisadas. En la actualidad, el litoral asturiano ofrece los mayores y más variados yacimientos de icnitas del jurásico de la Península, y uno de los más interesantes del mundo. Un universo fósil declarado monumento natural por el Principado de Asturias, y en espera de ser declarado Patrimonio de la Humanidad por la Unesco junto con el resto de los yacimientos de la Península.

Baños en la playa

Los yacimientos donde se pueden rastrear la envergadura y el comportamiento de los populares reptiles están todos en la costa y no en el interior. ¿Por qué? Pregunta recurrente de quienes se extrañan al tener que aguardar a que baje la marea, y además no llueva, para acercarse a ellos. Un peligro, por cierto, al que siempre está expuesto el curioso, y que conviene no desestimar.

En boca de José Lires la respuesta es sencilla: "Al comienzo del jurásico superior se produjo una importante actividad tectónica. El relieve se elevó y se formaron las primeras montañas, por lo que las huellas interiores quedaron sepultadas". Obvio, pero, ¿por qué, de todas formas, esa gran profusión de pisadas en los acantilados y los pedreros? ¿Es que acaso los dinosaurios se reunían y se bañaban todos juntos en el mar?, preguntan los niños. "Pues no -explica Lires-, los dinosaurios eran de tierra adentro; lo que sucede es que muchas de estas rocas son en realidad materiales de erosión de aquella actividad tectónica que fueron transportados por cauces fluviales". Por eso el aparente desorden de las variadas huellas que surgen en la playa del Merón, el faro y el puerto de Tazones, la playa de La Griega, los acantilados de Tereñes y la playa de Ribadesella, entre otros. En medio de un sedante paisaje de arena, rocas musgosas y praderas verdes, los yacimientos muestran toda clase de pisadas.

Desde huellas tridáctilas en las que se aprecian las garras de los dinos carnívoros y bípedos, los terópodos, hasta otras pertenecientes a saurópodos, o dinosaurios cuadrúpedos y hervíboros. En este caso aparecen las marcas de las manos y los pies. Las hay que tienen el tamaño de un puño, y otras, como las de la playa de La Griega, alcanzan 1,30 m de diámetro. Unas de las mayores del mundo. De cuclillas, Lires acaricia el contorno rugoso de estas depresiones, mientras explica que las patas del animal debían de medir en torno de los cinco metros de altura. Basta entonces con levantar la vista e imaginar el resto del cuerpo...

Galerías de madera

Pero no solamente de huellas presumen los tres Concejos que proponen tan peculiar ruta: Colunga, Ribadesella y Villaviciosa. Las poblaciones tienen suficientes atractivos por sí solas, con sus casonas de los siglos XVII y XVIII, las populares galerías de madera, las casas de indianos y algunos templos prerrománicos tan armoniosos como San Salvador de Valdediós, en Villaviciosa.

Sin contar con algún hallazgo tan interesante como el Palacio de Gobiendes, cerca de Colunga, una oscura y húmeda mansión del siglo XVII repleta de muebles valiosos y de objetos de arte. Además, ahí están el macizo del Sueve con sus últimos caballos asturcones, y la ría de Villaviciosa, una reserva natural.

Datos útiles

Cómo llegar

En avión US$ 800

Pasaje de ida y vuelta, hasta Oviedo (vía Madrid) con tasas e impuestos incluidos.

Alojamiento

La habitación doble de un hotel 3 estrellas, en Ribadesella, cuesta US$ 40. Un desayuno, US$ 5.

Más información

Oficina Española de Turismo. Carlos Pellegrini 1163, 3° piso. Tel:4328-9664/9619. Funciona de lunes a viernes, de 9 a 15.

En Internet

www.principadodeasturias.com

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