Karlovy Vary, una fuente de buenos recuerdos

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16 de diciembre de 2012  

En agosto de este año para celebrar nuestras nuestras bodas de oro realizamos un circuito por las capitales centroeuropeas: Viena, Budapest, Praga, Berlín. Los viajes tienen un poder mágico: rompen, por un tiempo, con las costumbres y comodidades cotidianas que nos encadenan a la monotonía, por eso son maravillosos.

En un estupendo día de fines de verano, descubrimos la joya de este fantástico viaje: Karlovy Vary. Después de atravesar la serenidad del Bosque de Slavkov, llegamos al balneario más conocido y más grande situado en la República Checa, en la confluencia de los ríos Eger y Teplá.

La fama de Karlovy Vary (llamada así por el emperador Carlos IV, su descubridor) se debe a las casi cien fuentes termales con efectos curativos que, desde el interior de la tierra, arrojan 2000 litros de agua termal mineral por minuto. Actualmente están en uso sólo doce fuentes con distintas temperaturas, desde 20º hasta 72º.

El origen de este balneario se remonta a mediados de 1350, cuando el emperador, durante una partida de caza por las montañas boscosas, encontró, de manera casual, un pozo con agua termal. Cansado de la cacería, bebió de esas aguas y lavó sus piernas enfermas. Al notar una mejoría, pensó que esas aguas podían aliviar muchas enfermedades y entonces ordenó que construyeran un poblado en aquel lugar.

Por sus calles pasearon Goethe, Mozart, Beethoven, Chopin, Dvorak y otros personajes que buscaron el descanso, las aguas curativas o el balneario de moda, pero, sin duda encontraron la belleza de esta ciudad y de su entorno prodigioso.

Caminamos por las luminosas avenidas que abrazan al río Teplá y nos asombraron la mezcla refinada y elegante de sus edificios tradicionales y modernistas. Cruzamos algunos de sus pintorescos puentes, admiramos el colorido de sus parques, la limpieza y el orden increíble de sus calles, el ambiente sereno y distinguido de sus tiendas, confiterías y kioskos de recuerdos. Es el mejor de los escenarios para los turistas que, mientras beben el agua termal del pico de una simpática jarrita, van de un lado a otro, visitando la Iglesia de San Andrés, el Teatro Municipal, el Paseo del Molino, el castillo, la columnata blanca del Mercado.

Pero Karlovy Vary no es sólo balnearios y spas, también son tradicionales la fabricación de cristal y porcelana, la producción del famoso licor de hierbas Becherovka y las muy apreciadas obleas rellenas con variedad de cremas dulces: souvenir sabroso y original. Además es anfitriona de numerosos eventos y festivales, entre ellos, el mundialmente conocido Festival Internacional de Cine.

Coronamos este fantástico paseo disfrutando de la gastronomía excepcional del Gran Hotel Pupp, fundado en l701 y reconocido mundialmente por su ambiente lujoso y distinguido. Es el lugar donde se hospedan las delegaciones de artistas y donde se filmaron numerosas películas, entre ellas la famosa Casino Royal.

Esta visita, breve pero impactante, nos dejó sabor a poco. ¡Ojalá podamos volver!

Cristina Castells de Prado

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