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Kodaks de familia

Por Antonio Carrizo Para La Nación
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24 de marzo de 2000  

Estaríamos en octubre de 1960, y un día mi mujer me dijo: Tenés que viajar a Europa . Si bien no me alcanzaba para el pasaje de los dos, ella insistió en que me fuera solo, animándome a concretar un viaje que hasta entonces era un sueño para mí y que, además, me serviría para ejercer mi profesión.

En fin, tracé un recorrido muy amedrentado con una agencia que me preparó un itinerario de cuarenta días, y me fui. Hice el clásico viaje latino por la Europa occidental, incluida una incursión londinense. Es decir, Lisboa, Madrid, Toledo, Milán, Roma, la Capilla Sixtina, Nápoles, Florencia, Benvenuto Cellini, Miguel Angel, París y la maravillosa ciudad que es Londres. Un viaje inolvidable.

Pero yo no sé si puede compararse con otro que hice con mi mujer a San Bernardo, en la costa atlántica, donde nos esperaban mi hija con los tres nietos. Hasta el día de hoy conservo cerca de mi cama una fotografía que registra ese instante, para mí la imagen misma de la felicidad. Estamos en la calle de los negocios, hace una hora que nos hemos encontrado y ojalá Dios me depare golpes de felicidad tan grandes como ése.

Pero no es bueno hablar de los viajes felices si no se habla de alguno desgraciado, como el que hicieron mi hija con su marido y mis dos nietos mayores, en 1981.

¿Por qué desgraciado? Porque se me fueron a vivir a Londres por un año. Nunca sentí tanto dolor, tanta pena, como la verdadera amputación que significó para mí su partida.

Sin embargo, aquella separación tuvo como recompensa una correría que hicimos unos meses después con mi mujer para encontrarnos con ellos en Europa. Esta vez en invierno, recorriendo toda Italia en una camioneta alquilada. Me acuerdo que de tanto en tanto había que detenerse sobre la ruta porque la nieve se juntaba en las valijas que iban encima del auto. Ese es otro recuerdo que también se asemeja bastante a la felicidad perfecta.

Finalmente, no sé si todos estos viajes pueden empardarse con otros que, muy a menudo, hacemos con dos amigos de General Villegas y mi hermano.

Nos encontramos, tomamos el auto a la mañana y enfilamos para la provincia de La Pampa hasta el sur de San Luis. En el camino, paramos en todos los pueblos que pueden encontrarse en un viaje de línea recta: Anchorena, Nueva Galia, Arizona, Ingeniero Foster, La Maruja, Pichihuinca, Ingeniero Luigi, General Pico, Realicó, Castex... Eso sí que es perfecto. Encontrarse con el progreso increíble de La Pampa, su arena y su calor, es también un regalo de Dios.

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