La casona de Fader, un museo con obras, cartas y nostalgia

En Loza Corral, una construcción ideada y realizada por el artista; la rodean grandes jardines
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12 de marzo de 2006  

LOZA CORRAL, Córdoba.-No se equivocó el artista Fernando Fader cuando eligió esta comarca, tan bella y verde, para construir su casa, que en la actualidad es museo.

La historia dice que la construcción fue a principios del siglo XX y que los ladrillos para fabricar su estudio y la casa, hechos allí, en las serranías del departamento de Ischilín, dieron como resultado un complejo arquitectónico poco ceñido a un determinado estilo.

Para llegar al lugar donde el maestro se recluyó para combatir la temible tuberculosis que lo aquejaba, hay que recorrer 38 kilómetros por camino de tierra desde la localidad de Deán Funes.

El paraje tiene nombre y apellido: se llama Loza Corral y su paisaje especial y colorido inspiró varias de las obras del autor.

Fader, además de pintar, amaba el diseño, de modo que la dirección de la obra de su casa la llevó adelante él, quizás haciendo uso de ciertos conocimientos de ingeniería heredados de su padre.

Bien preservada

Lo que impacta fuertemente a quien visita por primera vez esta casa museo es la extensión de los jardines escalonados y con un sistema de riego y de agua corriente que data de 1919.

No menos llamativa es la cantidad de frondosos árboles que rodean la casona, de una espesura poco común.

En el interior de la casa, es digna de ver una pintura decorativa mural que se destaca en el viejo comedor; y el estudio del artista, donde Fader pintó varios de sus famosos paisajes. La carpintería de todos los ambientes es de madera, y la pino tea de los pisos está perfectamente conservada, a pesar del tiempo transcurrido.

Quienes hicieron de esta casa el actual museo rescataron cientos de objetos personales, muchas cartas, centenas de libros, además de las pinturas.

Estudioso de la técnica, Fader aprovechó las innumerables posibilidades que le ofrecía la serranía cordobesa y el cambio de colores y tonalidades durante las diferentes estaciones.

La familia Fader fue propietaria durante unos años de esta casa, que ahora está en manos del Estado provincial y es parte del Patrimonio Cultural de Córdoba.

La casona del artista afincado en Córdoba es una visita imperdible para quienes admiran su obra.

El museo, primorosamente preservado, permite asomarse a la intimidad del artista plástico, a su fuente de inspiración, e invita a disfrutar de los colores y matices del paisaje que lo llevaron a pintar escenas inolvidables en estas serranías interminables.

Don Ata, el payador, también tiene su lugar

La casa de Atahualpa Yupanqui en Cerro Colorado

CERRO COLORADO, Córdoba.- Los antiguos vecinos de este pueblo lo llamaban Don Ata, y aquel respeto y admiración aún perduran por quien fue uno de los mejores exponentes del folklore nacional. En realidad, un poeta.

El camino que lleva a la que fue su casa, y que hoy es un museo dedicado íntegramente a su vida, termina en la tranquera de Agua Escondida. Por ese camino, el visitante puede cruzarse con su hijo, Roberto Chavero; el Koya, como lo apodaron sus padres.

Koya es el encargado de mantener la memoria, la vida artística y privada de don Héctor Ricardo Chavero, este payador que nació en Pergamino el 31 de enero de 1908, que murió exiliado en la ciudad francesa de Nimes, el 23 de mayo de 1982, y que se convirtió en uno de los representantes de la argentinidad.

Por una módica contribución que sirve para el mantenimiento del lugar, un guía ayuda a realizar el recorrido, brinda datos, cuenta anécdotas y realiza una síntesis de su vida. Cuelgan de las paredes recuerdos, guitarras, fotografías -una de ellas dedicada personalmente por el Che Guevara- y un afiche norteamericano curioso y enorme que anuncia el concierto que ofrecerá Yupanqui en el Carnegie Hall de Nueva York.

Todas las salas de la casa están decoradas con los ponchos que usaba el músico. Lo que antes era la cocina es una biblioteca que conserva más de 3000 libros, y en el que fue su dormitorio hay fotos de sus seres más queridos.

En otro ambiente, funciona una sala que fue donada por el gobierno alemán. Allí los visitantes pueden ver videos musicales de varios conciertos. Bajo la sombra de la arboleda que rodea el parque, descansan los restos del poeta, junto a los de su gran amigo, el bailarín Santiago Ayala.

Antes de la partida, Koya Chavero convida con una de las tantas cartas enviadas por Don Ata desde su exilio.

Y dice: "...En esta tarde fría me hubiera gustado estar en el Cerro para sentir los rumores del campo. Sentir esa permanente vibración que el aire regala sin pedir a nadie que lo comprenda, porque es el mundo misterioso que respira, permanece y se renueva. gual, nada es como él".

Datos útiles

Cómo llegar

Loza Corral está a 117 kilómetros de la capital cordobesa por la ruta nacional N° 9 y la ruta Nº 60 hasta la ciudad de Deán Funes. Por tierra son 38 km al Sur. En tanto, la localidad de Cerro Colorado se encuentra a 160 kilómetros al norte de Córdoba, por la ruta N° 9 hasta Santa Elena, y desde allí son 11 km hasta la casa.

Lo que hay que ver

El legado de Don Ata incluye más de 1200 canciones, ocho libros de su autoría, 5000 poemas y casi medio centenar de discos.

Dónde alojarse

Si usted visita Loza Corral, puede pernoctar en Ischilin, donde hay posadas simpáticas; una de ellas, a 100 metros de la plaza.

Bibliografía

Lascano González, Antonio: Fernando Fader, 1996; González Carbalho: Fernando Fader, 1943; Stirneman, Olga: Fernando Fader... el pintor de Loza Corral, 1996.

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